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Bosques cultivados V. bosques nativos. Tasa rural en Santa Fe
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28 de febrero de 2004  

Bosques cultivados V. bosques nativos

Dada la importancia que la actividad forestal tiene y tendrá en la Patagonia, se hace necesario discutir algunos aspectos para no reiterar errores que se descubren con el paso del tiempo. Hoy vemos, por ejemplo, plantaciones de pinos en gran escala en el corazón mismo de nuestros bosques de araucaria, con el agravante de que no se manejan correctamente, que se resiembran en forma espontánea y que compiten con ventaja sobre las especies nativas, sin dejarles oportunidad de que reproduzcan, condenando su futuro, que también está ligado al nuestro.

Hay muchos ejemplos similares en la región, donde se han introducido especies exóticas, dentro de los bosques autóctonos, con iguales resultados. La forestación es una industria, y como tal debe suponer un estudio de impacto ambiental previo. Hay extensas áreas aptas, donde las plantaciones, bien manejadas y, en lo posible, de especies mixtas, resultan beneficiosas para el ambiente, generan fuentes de trabajo y enriquecen el paisaje. Lo ideal sería que los bosques nativos y los bosques implantados sumaran sus ventajas sin interferirse. Para ello debe haber restricciones para las zonas donde ya hay bosques naturales y para las regiones turísticas. Por otra parte, hay una enorme diferencia entre el valor de la madera de un bosque de pinos bien manejado y el de una plantación abandonada "a la buena de Dios". En este caso, no sólo no ofrece rentabilidad, sino que también provoca un impacto ambiental negativo al evitar el ingreso de luz necesario para el crecimiento de la vegetación que hay abajo. Si se recorren las plantaciones existentes hoy, podrá comprobarse que menos de un 10% de éstas están bien manejadas. Plantar es fácil y un buen negocio, sustentado por subsidios y desgravaciones; lo caro es podar y ralear. Esta es la etapa que más habría que estimular. Se trata de una fuente de trabajo genuina, que habría que encarar urgentemente para solucionar varios problemas al mismo tiempo. Se haría algo productivo, con un recupero económico a menor plazo, se revertiría un impacto ambiental negativo y se podría ubicar a muchos desocupados para que se ganen dignamente un sueldo, en lugar de recibir dádivas denigrantes.

Forestar no es sólo plantar pinos. No hay que olvidar otras especies de mayor utilidad y rentabilidad, como la acacia blanca, que da excelentes postes, varillas y buena leña, y que no necesita infraestructura de aserraderos para su explotación (lo que permite una mejor distribución de los ingresos a los productores, pues cada cual podría vender la producción por su cuenta).

Buscar la diversidad y utilizar especies adecuadas para cada sitio es lo que hacen los países con más experiencia forestal, y también lo que hace la naturaleza. La herramienta legal existe, ya que casi todo esto está contemplado en la ley de inversiones para bosques cultivados N° 25.080, promulgada en enero de 1999. Falta aplicarla ordenadamente, discriminando cuáles son los lugares apropiados para incentivar la forestación y cuáles no.

Miguel Anz

San Martín de los Andes CC 124 (8370)

Tasa rural en Santa Fe

Numerosos productores agropecuarios del sur de la provincia de Santa Fe, entre los cuales me incluyo, no estamos dispuestos a soportar abusos por parte de algunas autoridades comunales. Me refiero, en rigor, a la Tasa General de Inmuebles Rurales, para el mantenimiento de caminos rurales, que, como su nombre lo indica, no es un impuesto, sino un servicio que exige contraprestación por parte de las comunas, o sea la obligación de arreglarlos.

En mi caso, la comuna de Santa Isabel, Santa Fe, cobra desde hace años una tasa por un servicio que no presta, ya que ni siquiera posee maquinarias viales. Esos ingresos superan los 100.000 dólares anuales para un pueblo de 5000 habitantes. Como ciudadano y productor agropecuario, ignoro a qué se destinan los fondos, y es hora de exigir transparencia en el manejo de las cuentas públicas. Esto se agrava, en la comuna de Santa Isabel, para quienes estén atrasados en las cuotas de alguna moratoria, ya que se cobran intereses que sobrepasan la usura, y se designan abogados de Venado Tuerto para intimar el cobro (cuando en Santa Isabel hay varios

profesionales idóneos). Tengo en mi poder recibos de Tasa General de Inmuebles Rurales en los cuales la comuna me comunica que debo aproximadamente 300 pesos. Sin embargo, la intimación enviada por el abogado menciona una deuda de $ 1800 que, por intereses, termina en $ 6777,23, a lo que se agregan otros $ 600 en concepto de honorarios de abogado. Todo esto significa no sólo un abuso, sino también intereses vergonzosos por una contraprestación que no existe.

Ovidio Lagos

pincen@yahoo.com

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