
La crecida del Paraná obliga a los productores a trasladar animales a otros campos o venderlos antes de tiempo; especialistas ganaderos explicaron por qué podría haber bajas puntuales en algunas categorías, aunque no esperan un impacto importante en el mercado nacional ni en el valor de la carne al consumidor
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La salida de miles de vacunos de las islas del Paraná y de otras zonas afectadas por las inundaciones genera preocupación entre los productores, que deben encontrar nuevos campos para sus animales o, en algunos casos, venderlos antes de lo previsto. Ante esta situación, surge un interrogante sobre si la mayor oferta de hacienda puede provocar una caída de los precios. Según especialistas del sector ganadero consultados por LA NACION, aunque podrían registrarse bajas puntuales en algunas categorías, no se espera un impacto importante en los valores a nivel nacional ni en el precio de la carne al consumidor.
Juan Pedro Colombo, consignatario de hacienda de Colombo y Magliano, explicó que la crecida puede generar una mayor oferta de animales, pero señaló que el momento del año ayuda a limitar sus consecuencias sobre los precios. Según indicó, durante esta época la disponibilidad de hacienda suele ser menor, por lo que no espera una caída abrupta. Ante la consulta sobre cuánto podrían bajar los valores, estimó que podría registrarse alguna semana con una baja cercana al 5%. “No va a ser algo abrupto”, señaló.

Andrés Halle, consultor ganadero, coincidió en que el impacto sobre los precios sería limitado, pero destacó que la crecida estaba anunciada desde hacía meses y muchos productores tuvieron tiempo para organizar el traslado de los animales. “Todos los productores de las islas sabían que se venía y que iban a tener que sacar la hacienda”, señaló. Según explicó, alrededor del 90% de los vacunos que están saliendo todavía no habría alcanzado el peso necesario para ser enviado a faena, por lo que considera poco probable que toda esa hacienda se vuelque de inmediato al mercado. “Muchos que son productores en las islas tienen campos en otros lados o los llevan a capitalizar o a un engorde a corral”, explicó.
Ignacio Iriarte, analista del mercado ganadero, compartió la perspectiva de que no debería haber un efecto inmediato significativo sobre los precios. “Desde el punto de vista del precio de la hacienda, en el corto plazo mi impresión es que no va a tener ningún efecto”, afirmó. Iriarte explicó que las islas del Paraná se utilizan principalmente para engordar animales durante la primavera y el verano. En condiciones normales, la hacienda permanece allí hasta marzo o abril, cuando alcanza un mayor peso. La inundación llegó cuando ese proceso recién empezaba, por lo que buena parte de los animales evacuados todavía necesita continuar su engorde.
El especialista advirtió, además, que los feedlots tienen una ocupación elevada, lo que dificulta encontrar lugar para los animales evacuados. También consideró que podría haber algún efecto moderado sobre el novillo pesado más adelante, mientras que las categorías livianas destinadas al consumo interno tienen una dinámica diferente.
A esto sumó otro problema que pueden generar las lluvias persistentes: es el deterioro de los caminos rurales y el barro en los corrales,lo que dificulta la alimentación y retrasa la ganancia de peso de los animales. Esto podría demorar la salida de hacienda terminada hacia los frigoríficos.
Por su parte, Diego Ponti, analista ganadero de AZ Group, sostuvo que es necesario distinguir entre el daño que sufren los productores y las consecuencias sobre el mercado nacional. “El impacto local puede ser muy fuerte, sí, pero a nivel general no es significativo”, explicó. Según sus estimaciones, en la región considerada podría haber hasta 800.000 cabezas, aunque la cantidad de animales efectivamente afectados sería mucho menor. “Ahora se está hablando de 50.000, 70.000, 80.000 cabezas en situación compleja, que por supuesto es compleja para el productor hoy, pero a nivel país no cambia”, señaló.
Ponti agregó que quienes no encuentren otro campo o no puedan afrontar mayores gastos podrían verse obligados a vender anticipadamente, lo que generaría una presión bajista sobre los precios de esos animales. “En el corto plazo es bajista porque el que vende, que no encuentra campo, que no quiere cargar costos más altos, vende de urgencia y vende a precio más bajo”, afirmó.

Sin embargo, aclaró que el aumento de los costos de producción no significa que vaya a subir el precio de la carne. “Es un error pensar que el precio de la carne se forma en función de los costos del productor. Eso no es así”, sostuvo. Según indicó, los precios dependen de la oferta y la demanda, por lo que quienes deban pasar de un sistema de engorde a pasto a uno más costoso, como el feedlot, podrían terminar absorbiendo esos gastos. El analista tampoco descartó que durante 2027 se pierdan algunos kilos de producción por la interrupción del engorde en las islas, aunque consideró que el volumen involucrado sería pequeño en relación con el rodeo nacional.
En cuanto a las perspectivas para los próximos meses, Colombo señaló que tampoco espera grandes movimientos en los precios de la hacienda hacia fin de año. Explicó que el consumo interno está limitado y que las eventuales subas podrían estar impulsadas principalmente por la demanda de exportación. “No creo que haya grandes cambios de acá a fin de año. Para mí puede haber algo febrero-marzo del año que viene”, indicó.
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