
En Corrientes estiman que hay entre 20.000 y 25.000 cabezas de ganado afectadas por el fenómeno; los productores enfrentan altos costos y diversas dificultades por la parición de las vacas

La intensificación del fenómeno meteorológico El Niño puso en jaque al Litoral argentino. Sobre las costas de los ríos Paraná y Uruguay, la crecida sostenida e inexorable impulsada por las lluvias en la cuenca alta de Brasil y la posterior apertura de compuertas en represas hidroeléctricas ha puesto en marcha un operativo de evacuación dramático y masivo para la ganadería insular. Entre Corrientes y Entre Ríos, los productores libran una carrera contra reloj para poner a salvo miles de animales antes de que el agua tape por completo las tierras de pastaje.
La magnitud del fenómeno se siente con fuerza a lo largo de toda la geografía correntina y sus zonas de influencia. Fabián Gotardo, presidente de la Sociedad Rural de Bella Vista, delineó el mapa de la emergencia: “Más o menos 20.000, 25.000 cabezas están afectadas en la isla”. En la zona hay isla y carrizal, y la mayoría de los productores ya está retirando su hacienda de la isla. Algunos comenzaron a hacerlo hace 15 o 20 días y otros, hace un mes, cuando empezaron a advertir que se venía el agua.
Gotardo advirtió que la creciente no da tregua y golpea en simultáneo a múltiples localidades ribereñas: “San Lorenzo, Empedrado, Ituzaingó, la parte de Monte Caseros, Paso de los Libres, ya el río Uruguay están afectadas. Casi todas las costas de los ríos están con mucha crecida con el tema de las compuertas que se abrieron en Yacyretá”. La primera línea de avance del agua destruye los carrizales, donde habitan gran cantidad de rodeos, obligando a un repliegue masivo hacia el continente.

Más al norte, en la zona de las islas San Martín y Apipé Chico, Fabio Terleski, productor ganadero de la zona, relató la dura travesía familiar para rescatar un rodeo de 400 cabezas entre vacas, caballos y hacienda menor: “Como no había balsas hoy en día acá casi para el servicio, se consiguió un permiso especial y se fue sacando en botes de pequeño porte los animales maniatados de a dos o de a uno, dependiendo del tamaño, y pasando enfrente a una propiedad que es de Yacyretá, que se conoce como el ‘campo de las moscas’, donde siempre nos refugiamos con cada una de las crecientes”.
La época de la crecida coincide con el ciclo de parición y agrava el cuadro sanitario por el estrés del transporte. Terleski detalló con crudeza: “Aparte del sobrecosto que genera mover la hacienda, estaban en época de parición. Con el estrés que sufren a la forma de traslado, las pérdidas son importantes: bajan mucho de peso, tienen una mala parición. Hay algunas que ya están pariendo y aguantamos un poco más para trasladarlas porque si no pierden las crías”.

Entre San Martín y Apipé Chico ya se han evacuado más de 800 animales, incluidos rodeos de ovinos y caprinos (unos 100 a 150 animales de pequeño porte). Sin embargo, Terleski señaló que la angustia aumenta a medida que pasan las horas. “Hay algunos pequeños productores que en su momento prefirieron aguantar, arriesgar hasta el último momento, que ahora se sienten más apretados y bueno, están más caótica la situación de mover esos animales”, dijo.
Sebastián Müller, productor de La Paz, con campo en el departamento Federal, Entre Ríos, explicó la encrucijada entre la economía y la supervivencia que viven. “Muchos vienen muy atentos a la altura del río y los pronósticos. Pero muchas veces no es posible salir con mucha anticipación porque te ocasiona muchos costos y corta el proceso de desarrollo que está haciendo la hacienda en la isla. Uno, por una cuestión entre económica y física, trata de evitar salir hasta el último momento”.

Sin embargo, para los productores de las zonas más expuestas, la suba del río obliga a sacar la hacienda. El agua ya está en 4,88 metros y se espera que llegue a los 5 metros. Además, los organismos técnicos prevén que podría alcanzar los 7 metros y mantenerse alta durante varios días. “Hay que salir con todo. Tengo que mover la totalidad, alrededor de 200 animales. Hasta los caballos, pero hay productores que tienen varios miles y los tienen que sacar”, precisó. Los productores trasladan la hacienda principalmente hacia la costa entrerriana y la provincia de Santa Fe.
El alquiler de transporte fluvial resulta desproporcionado respecto del valor de la hacienda. “Lo más caro es una barcaza. Hoy está entre 1.000.000 y 1.300.000 o 1.400.000 pesos por cada jaula de animales, o sea, por cada camión. La barcaza carga lo mismo que un camión grande: 32 o 34 novillos gordos o 70 terneros chicos. Se te va un novillo y medio gordo por cada jaula que movés, nada más que en el flete, más el camión y el personal”, desglosó.

El perjuicio no acaba en el viaje. El sistema productivo insular —donde normalmente se requiere un promedio de tres hectáreas por animal— destaca por ser más económico y productivo que el campo firme en el continente, cotizando el pastaje a la mitad de precio. Al ser expulsados de la isla, la ecuación se rompe: “Perdés la posibilidad de seguir engordando ese animal. Es como reiniciar la carrera para engordarlo acá afuera. Tener que llevarlo a un feedlot y terminarlo con grano sale mucho más caro. En un animal grande, como el novillo de exportación de 400 y pico o 500 kilos, es antieconómico: te sale más caro hacer el kilo que lo que vale el kilo mismo vendido”, lamentó.
En la zona de Goya, Corrientes, el productor ganadero Gastón Giqueaux detalló cómo encararon la logística de evacuación preventiva: “Sacamos el grueso de animales y ahora estamos terminando de sacar lo que falta. Teníamos 700 novillos en la isla y sacamos todo hacia la parte alta”.

Para Giqueaux, si bien la crecida es importante, se enmarca dentro de las contingencias naturales habituales del sistema insular: “Según los pronósticos va a llegar, pero todavía no nos ha llegado. Esto es ni más ni menos que una creciente, un pico del Paraná como hemos tenido tantos otros. Ahora veníamos mal acostumbrados por muchos años de bajante del río Paraná; hacía muchos años que no teníamos una creciente, pero era moneda corriente. Los que tenemos islas sabemos que esto es parte del juego, es parte de los riesgos que uno asume al hacer este tipo de explotación ganadera en la zona de islas”.
En 2023, la combinación de una fuerte sequía con una posterior crecida intempestiva causó estragos en las islas. Müller recordó el impacto económico de aquel año, cuando debió mover más de 600 cabezas. “Fue más crítico. Llevamos parte del rodeo de cría hacia la isla para salvarlo de la seca y a los nueve meses se vino la creciente. Tuvimos que salir con todo. Debimos haber gastado más de 35.000 o 40.000 dólares entre movimientos, arrendamientos extras y todas las movidas que hicimos”, calculó.
Con las alertas anticipadas de los pronósticos de El Niño, algunos productores optaron por reconfigurar su estrategia a tiempo: redujeron ingresos de terneros durante el invierno y buscaron esquemas alternativos como la capitalización al 50% en campos continentales para no sobrecargar presupuestos con arrendamientos inalcanzables.


