
En certificación, condición necesaria para el desarrollo de la industria alimentaria, un sondeo demostró que el público prefiere el trabajo del sector público
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Parados frente a la góndola del supermercado, cuando leemos la etiqueta de un producto, queriendo conocer su contenido en hierro, grasas, vitaminas o proteínas, o saber si se cuidó el medio ambiente durante su manufactura, no hacemos otra cosa que confiar. Creemos en la palabra de quienes lo fabricaron o en aquella entidad, pública o privada, que afirma haber corroborado el contenido del producto.
El tema de la confianza no es un punto menor. Este es un aspecto decisivo para el desarrollo de la industria de alimentos de alta calidad. "Aunque la información sea fehaciente, con indicar en la etiqueta la presencia de nutrientes específicos, la ausencia de contaminantes o procesos amigables con el medio ambiente, no alcanza. Es imprescindible contar con procedimientos que hagan factible ganar la confianza de los consumidores", señaló Miriam Bergés, investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, de la Universidad de Mar del Plata.
Como resultado de nuevas demandas de los consumidores, el concepto de calidad de los alimentos se ha vuelto más complejo. A los atributos tradicionales como color, aroma, sabor y forma se han agregado otros vinculados, por ejemplo, con el cuidado del medio ambiente y los procedimientos seguidos durante la producción.
De acuerdo con la capacidad de los consumidores para verificar los atributos de calidad, los especialistas agruparon los alimentos en tres categorías. En la primera clase se encuentran aquellos que los consumidores pueden determinar su calidad con la simple inspección.
En la segunda, no se puede comprobar la calidad hasta que son consumidos. Un ejemplo de esto son algunos quesos fundidos untables, en los cuales la textura, la consistencia y el sabor sólo pueden ser verificados una vez que son probados. Aquí las empresas buscan lograr la confianza del consumidor construyendo una marca que contenga valores vinculados con la calidad.
En la tercera clase, los consumidores no pueden corroborar la calidad de los alimentos ni aún después de haberlos consumido. "Los alimentos orgánicos y aquellos ricos en hierro, vitaminas o calcio se encuentran en esta categoría", enfatizó Bergés, quien agregó que la existencia de un mercado para este tipo de alimentos sólo es posible por la reputación de la marca o la confianza en una tercera parte que garantiza la calidad.
"En julio del año pasado, junto con Karina Casellas y Natacha Liseras, también investigadoras de la Facultad, decidimos identificar, a través de una encuesta, las pautas de comportamiento de los consumidores de una gran ciudad hacia los productos de calidad certificada, para los cuales la confianza es la clave", contó Bergés.
Según el trabajo de las especialistas, si bien las conclusiones no pueden ser extendidas a la totalidad del mercado doméstico, las pautas de consumo de Mar del Plata no difieren de las de otros grandes centros urbanos del país.
El trabajo de campo se realizó en distintas cadenas de supermercados y ferias comunitarias, que fueron agrupadas en cuatro categorías, de acuerdo con el poder adquisitivo de las personas. Entre los encuestados, el 71% confía en las marcas, en particular la gente más joven; mientras que a medida que aumenta la edad, los consumidores demandan otro tipo de garantías, como la confianza en la empresa o el sello de calidad.
De los encuestados, el 64% prefiere un sistema de certificación público a uno privado. Se destaca que tienen preferencia las mujeres con ingresos económicos medios y medios bajos, quienes confían en las instituciones y en particular, aquellas personas interesadas en informarse acerca de la calidad de los alimentos. En cambio, un sistema de certificación privado es preferido por varones, encuestados en zonas de mayores ingresos, quienes desconfían de las instituciones, y también es preferido por consumidores que no muestran interés por la calidad de los productos.
Según los resultados, existe una probabilidad cuatro veces mayor de encontrar un consumidor de alimentos de alta calidad entre quienes confían en las instituciones y las empresas argentinas que en aquellos consumidores que no confían.
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