La cultura de las tolderías, según el relato de un cautivo de los indios
1 minuto de lectura'
De primera importancia son las "Memorias", de Santiago Avendaño, un ex cautivo de los indios de la pampa, que nos ha transmitido abundantes y fundamentales noticias sobre la cultura de las tolderías, transcriptas por el padre Meinrado Hux. Avendaño cuenta la manera en que Calfucurá, un inteligente y ambicioso caudillo indígena chileno, conquista la pampa argentina con sus muluches, derrotando a los caciques borohueches Rondeau, Melín y Alún, tres hermanos.
De gran comerciante de lanzas, tejidos, harina de trigo, habas, plata labrada, adornos y tinturas chilenas, pasó a configurarse como jefe o loncó guerrero y triunfador, y de allí en adelante en vicha-loncó o monarca, seguramente el más poderoso que hubo en nuestras tierras. Legendaria es la toldería de Salinas Grandes, capital y centro político, económico y poblacional de la región que su jefe bautizó Llailma-mapú (tierra del volcán y el río).
Estanislao Zeballos le dedicó una de sus célebres novelas sobre los cacicazgos sureños, en este caso Callvucurá y la dinastía de los Piedra, de 1884, basada justamente en el manuscrito de Avendaño, que cita ampliamente.
"Curiosísimo manuscrito -dice novelescamente Zeballos- que en 1879 encontré en el Desierto, entre los médanos, cercanos a la posición que hoy ocupa el pueblo General Acha"; en realidad le fue donado por el propio Santiago Avendaño, o tal vez por la viuda de éste, de quien Zeballos fue abogado luego de la trágica muerte de su marido.
El dominio de Calfucurá se afianza mediante la guerra contra los otros indios entre 1834 y 1836. Justamente en esa época hace un acuerdo con el gobernador Juan Manuel de Rosas, decidido partidario de las alianzas con los "indios amigos" para lograr la paz en las fronteras de la provincia.
Se trataba de un acuerdo -que sería cumplido estrictamente- por el cual el Gobierno le entrega al cacique dos mil cabezas de ganado mensuales. Con esta riqueza, que Calfucurá distribuye generosamente a sus caciques aliados, aumenta su prestigio y pasa a ser adorado por su gente, a la que beneficia de diversas formas.
Con esta riqueza, que Calfucurá distribuye generosamente a sus caciques aliados, aumenta su prestigio y pasa a ser adorado por su gente.
Cuando el gran Cacique Guzmané, jefe de los picunches le envía una embajada que trasunta alguna desconfianza hacia una posible alianza, Calfucurá les dice, según el texto de Avendaño: "Ya he cumplido con el mandato del Medichén (Dios). Los indios no tendrán que quemarse ya en el fuego de una guerra, buscando una tira de carne. La tendrán pacíficamente y comerán tranquilos con sus hijos y mujeres el fruto que yo les preparo con la paz. Vengan todos, viejos y mozos y hallarán que Calfucurá es de su pueblo y para querer a su pueblo. Así es como entiendo mi obligación y así pienso".
Viviendo con los pampas
Cabe destacar que Avendaño estuvo cautivo de los pampas entre los siete y los catorce años: aprendió muy bien su idioma y captó la rica retórica oratoria que poseían los indios, como se observa siempre que transcribe o reelabora diálogos que ha conocido por la tradición oral de sus captores.
Aun siendo este texto una creación literaria, lleva sin duda la marca de esa tradición que Avendaño conoció profundamente. El discurso de Calfucurá es sumamente interesante: se contrapone el no querer nada para sí -nada material, se sobreentiende-, tan bien sintetizado en el "Nada me doy", con la desesperada búsqueda de reconocimiento, de agradecimiento al "autor de tanto bien".
La base de la política que predica es de una paz con el gobierno de la provincia que permita la abundancia mediante el pago puntual -que Rosas respetó- de las dos mil cabezas de ganado, principalmente vacuno y equino. Su política es amplia, invita a que todas las naciones indias se sumen a su reinado, con lugar para todos, "viejos y mozos".
Calfucurá gobernó hasta su muerte, en 1873, a los 83 años. "Los caciques de la tierra argentina y de la Araucania reconocieron a Callvucurá como Soberano de la Pampa" -dice Zeballos-, y agrega: "El bárbaro astuto se consolidó caudillo de inmensas indiadas por la amabilidad de su conducta, por la generosidad con que enriquecía a todos los que lo servían con decisión y por la diplomacia con que engañaba a salvajes y cristianos".




