
En este campo, que alguna vez sirvió de refugio a las huestes de los Libres del Sur, Martín Peragallo explota una alternativa de doble propósito: la actividad lanera y el turismo rural
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CHASCOMUS.- A partir de la crisis, Martín Peragallo hizo de su pasatiempo un planteo productivo. En su campo La Florida explota una alternativa con doble propósito: producción lanera y turismo rural. La Florida terminó de construirse en 1918, luego de 18 años. Se encuentra entre Chascomús y Brandsen, lindando con las localidades de Altamirano y Gándara.
Como ocurrió con muchos campos de la zona, éste sirvió de refugio a los Libres del Sur perseguidos por las tropas rosistas en 1839. Entonces se llamaba La Victoria. "Las cuatro familias que habitaron la casa fueron de la región. Por eso me pareció fundamental conservar todos sus rasgos", comentó Martín. Por eso, aunque reconstruyó algunas partes, respetó su fisonomía original, como las galerías al jardín de ladrillos y el mandarino de casi 80 años en el centro.
Este emprendedor compró La Florida para la producción de lana porque necesitaba estar cerca de la Capital Federal, donde ejerce como escribano, y como plus a su inversión descubrió la posibilidad del turismo rural.
"Al principio recibía sólo a mis amigos, pero sus comentarios trajeron otras visitas, cada vez más regulares. Les pedí que no mandaran más gente porque no podía afrontar los gastos como deseaba", explicó Peragallo.
Sugerencia de amigos
Sus conocidos le sugirieron que cobrara por el hospedaje, aprovechando los crecientes pedidos, y el resultado fue muy bueno. Al tiempo Martín hizo un curso de Turismo Rural y mejoró su propuesta.
Acondicionó los ambientes con muebles antiguos adquiridos en la región; abrió grandes ventanales al monte; renovó la vajilla y objetos decorativos y construyó una piscina en el parque. También amansó caballos y restauró una jardinera para paseos.
La Florida integra el circuito de Pueblos Históricos del programa El Camino del Gaucho, impulsado por la Fundación del Centro de Estudios y Proyectación del Ambiente (CEPA), para el turismo y desarrollo rural. Por ello, Peragallo contempla el sabor de la cocina argentina, actividades ecuestres y eventuales espectáculos, como desfiles criollos. El equipo de La Florida se completa con el chef Javier, Liliana en todos los detalles de la casa y Pablo, el joven encargado, conocido como "Moreira".
Apostando a un planteo lanero, Martín trabaja desde 2000 en la adaptación de ovejas patagónicas para mejorar el plantel que ya había en el campo. Al proyecto sumó sus cabras y compró llamas. Como su objetivo era mejorar la fibra, fue descartando los animales viejos y se quedó con 200 corderas y carneros de buena calidad ya adaptados. Sus fibras alcanzan los 17 micrones, casi la finura de la codiciada lana merino australiana.
En el caso de las cabras de angora, este hombre comentó que trabaja en el mejoramiento de la raza con un plantel de 60 animales. Integra el Programa Mohair, coordinado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Bariloche, que provee semen para purificar las líneas genéticas.
Excelente adaptación
La lana mohair de la cabra de angora es la más buscada en todo oriente. Recibe su nombre del turco, ya que es originaria de Ankara, capital de Turquía, y el resto de Asia, principal productor de la fibra.
"Logré una excelente adaptación que servirá de referencia, porque es el único campo que tiene cabras arriba del paralelo 42", afirmó el productor. Además, señaló que, al tratarse de un planteo chico, la alternativa "ovejas, cabras y llamas" le permite ofrecer un paquete de fibras.
Este resultado también permitirá a Martín unirse con otros productores que quieran hacer lana en Buenos Aires. "Otra arista de este proyecto es armar una red de campos laneros y, a medida que más productores se sumen, podré proporcionarles animales ya adaptados, lo que significará otro ingreso para mí y menor costo de traslado para ellos", anticipó.
Este productor mostró debilidad por las llamas porque son más limpias, más dóciles, rústicas y preservan el suelo. "Tengo 70 llamas que traje del INTA Abrapampa, muchas en parición; priman las blancas, porque es el pelo mejor pago, ya que se puede teñir", explicó.
El mohair oscila entre 19 y 36 dólares el kilo y los principales mercados son Europa y Asia. El volumen que se obtiene es de cinco kilos por año, repartidos en dos esquilas. El pelo de llama alcanza los 30 dólares el kilo, y el ovino llega a la mitad de ese valor.
El objetivo de Peragallo es aumentar sus majadas, manteniendo el estándar de sus fibras. Y en el futuro lograr su propio producto, para ofrecer prendas elaboradas con sello argentino. Mezcla de esparcimiento y producción, La Florida propone disfrutar un lugar histórico y conocer una alternativa pecuaria.






