
La evolución demográfica fue consecuencia de ese tráfico
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Sin duda, fue el alambrado el que aceleró el trazado de los caminos en nuestra infinita pampa bonaerense. Antes de su introducción, el viajero podía elegir a su albedrío el recorrido por seguir, principalmente si se trasladaba a caballo.
Es seguro que el establecimiento de tropas de carretas, galeras y mensajerías, y fundamentalmente de postas, a lo largo de estas incipientes vías de comunicación, fueron el punto de arranque principal de nuestra evolución demográfica. Nuevos centros de población comenzaron a surgir a la vera de los caminos reales en el horizonte de aquella llanura sin límites, hasta entonces dominio casi exclusivo del indio.
Ya hacia 1740 existía bien marcado el camino hacia el Sur que, traspuesto el Riachuelo de los Navíos, se internaba en los actuales partidos de Quilmes y Ensenada. Arribados al arroyo Santiago, el camino se bifurcaba: uno de los ramales seguía hacia el Sudeste, para morir en el pueblo de "Las Islas" (hoy Magdalena); el otro, con rumbo Sudeste, bordeaba la "Cañada Larga" y llegaba al Samborombón. Continuaba luego al Este de las lagunas "Las Mulas", "La Limpia" y "La Viuda", y salvaba el Salado por el Paso de las Piedras.
Con patético pincel pintaba esa soledad Estanislao Severo Zeballos: "¡Camino del Sur!... ¡Me estremezco todavía al nombrarte, y no puedo apartar de mi memoria los espectáculos de horror que contemplé sobre tus huellas en los días de mi infancia!... ¡Lo he recorrido, muy niño, después de 1860! ¡He vivido en una de sus postas, he dormido la siesta muchas veces bajo el ombú! ¡He sido despertado en la estancia fortificada por la alarida de los indios, y al abrir los ojos espantados veía a las mujeres trémulas, con el rosario en la mano, preparando las joyas, la ropa y los víveres que con los niños eran depositados en el "mirador", en el último baluarte a la expectativa del combate empeñado sobre los fosos!"
Hacia 1828 se contaba con los siguientes caminos: de Buenos Aires, el que salía para Chascomús; de allí al "Paso de la Postrera" en el Salado; cañada y Juncales del Vecino; Montes del Tordillo y Montes Grandes, donde concluía y se reunía con el que, de la Ensenada de Barragán, había llegado también hasta allí pasando el arroyo Santiago, Cañada Larga y Paso de las Piedras, en el Salado, llegando al arroyo de "Las Víboras", "El Tala" de Orellano, Loma de la Espuela Verde y por fin, los mencionados Montes Grandes del Tuyú.
Otro camino iba al Tandil desde Dolores, cruzando por la "Loma de los Difuntos", Kakel, llegando al Fuerte de la Independencia. De Tandil, seguía para la laguna de la Leña Grande, Altos de Yaque Pachi, Cañada del Venado, Cañada Quirquinchos Grandes y del Chancho Blanco, para trasponer luego el río Quequén Salado en un punto muy próximo a la línea de fronteras establecida en 1828. Bordeaba luego las sierras de La Ventana, el arroyo Viruta, el río Sauce Grande y el fuerte Protectora Argentina, donde empalmaba, muy cerca de la actual ubicación de Bahía Blanca, con el "Camino de los Indios".
Rutas indígenas
De Olavarría dos caminos conducían al fuerte General Lavalle, a una distancia de 17 leguas; el primero, trillado por los indios araucanos desde los tiempos precolombinos, que cruzaban el continente hasta Chile, y por eso llevó el nombre "de los chilenos". El otro, hecho por la civilización en la guerra contra los indígenas y denominado "del telégrafo". Este salía de Olavarría y se internaba al Sudoeste por el valle formado por las sierras Dos Hermanas y de La China. Poco después de la laguna Epecuén se llegaba a "La gran rastrillada" o "Camino general de las pampas". Por allí, circularon durante dos siglos las haciendas que los chilenos nos habían robado impunemente, como testimonio de lo cual dejaron marcadas sendas hasta de un metro de hondura. Casi todos los caminos recorridos luego de la Conquista, por las galeras o mensajerías, siguieron las rastrilladas de los indios, ¡porque éstos eran excelentes topógrafos!
Hacia 1770, dos caminos partían al Norte de Buenos Aires y se reunían en Luján. Uno se dirigía por la Capilla de Merlo y el otro por Las Conchas. El primero, aunque cuatro leguas más extenso, era preferido por los correos y viandantes a causa de los bañados y atolladeros que interceptaban el segundo.
El Pergamino era entonces una posición de avanzada en el desierto, mantenida por un fuerte dotado de cuatro cañones de campaña, rodeada de ancho foso, con un puente levadizo de madera.
Para tomar conciencia del tiempo que llevaba recorrer aquellos caminos, digamos que en su momento constituyó una verdadera hazaña el hecho de que en sólo diez días y medio, después de la inmortal jornada de Chacabuco (1817), llegó a Buenos Aires la noticia del triunfo.
Fragmento del texto que leyó el autor, al ingresar en la Academia Argentina de la Historia.






