
Las primeras impresiones sobre arrendamientos agropecuarios muestran un mercado muy demandado, tanto en el rubro agrícola como en el ganadero. El comportamiento del primero es consecuencia de la alta rentabilidad obtenida en la campaña 2003/4, mientras que sobre los segundos presionan todos los que quieren aumentar la producción de granos sacando las vacas del campo propio.
Si bien aún no se han concretado operaciones importantes, comienzan negociaciones donde los arrendatarios tratan de mantener los valores del año pasado, mientras que los dueños procuran subirlos tomando como referencia el buen momento del mercado de granos. Así, Alejandro de Elizalde, de Elizalde, Garrahan y Cía., afirma que "en la zona núcleo algunos dueños de campos están pidiendo 14, 15 y 16 quintales de soja por hectárea, valores muy difíciles de pagar si se consideran rindes y precios históricos". En el oeste de Buenos Aires se barajan valores de 11/12 quintales por hectárea, especulando con que los arrendatarios no tienen muchos destinos seguros para sus utilidades, por lo que preferirán seguir reinvirtiéndolas en agricultura en campos de terceros. "La demanda sigue superando ampliamente a la oferta y cuando aparece un campo con buen potencial agrícola, hay una docena de interesados en tomarlo", indica Elizalde.
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Este mercado recalentado genera inquietud entre quienes deben pagar los alquileres. Julio Lieutier, asesor del CREA Seguí-La Oriental, considera que son muy elevados y destaca un problema adicional, derivado de las diferencias entre el valor de la soja disponible y el momento de cosecha. "Muchos dueños de campos quieren el pago anticipado de 12 quintales de soja por hectárea, que cotiza a más de 200 dólares por tonelada hoy. Pero en 2005 el arrendatario cosechará un producto que puede valer sólo 170 dólares por tonelada, si uno se guía por las cotizaciones futuras. Eso dará lugar a un negocio muy justo cuando se debe pagar alquiler", distingue.
"Hoy hay gran euforia entre los productores por los precios cobrados, hay euforia entre los dueños de campos porque la soja cotiza a 300 dólares por hectárea en Chicago, pero todos deberían recordar que ese valor se alcanzó en muy pocas oportunidades y sólo duró algunos meses. Además, si el precio interno cae en 2005 como anticipa el mercado, ¿qué puede hacer el Estado, que tiene un criterio rentista, para sostener un gasto público aumentado?", se pregunta el consultor.
"Quien salga a alquilar en 2004 debería ir con pie de plomo en este escenario vidrioso", aconseja Lieutier. Hay grandes posibilidades de que los precios del ciclo 2004/5 caigan respecto de los actuales.






