
“Una nueva generación”: la actitud que redefine el agro
No se trata de una cuestión de edad. En un escenario atravesado por la incertidumbre y un año Niño que obligará a ajustar el manejo, productores con distintas trayectorias comparten una misma lógica: leer el ambiente, decidir con datos y cambiar la estrategia cuando el lote lo exige.
Sequías históricas, márgenes ajustados y una incertidumbre que atraviesa cada campaña. En los últimos años, producir obligó a revisar estrategias, administrar recursos escasos y aprender a decidir en contextos cambiantes. Ahora, con un año Niño que promete mayor disponibilidad de agua pero también riesgo de excesos, esa capacidad de adaptación volverá a ponerse a prueba.
Es en ese escenario donde Manuel Rosasco, gerente general de STINE, ubica a la denominada “Generación Stine”: un concepto creado por la compañía para identificar a productores que no se distinguen por la edad, sino por su actitud frente al negocio. “El gen Stine no tiene nada que ver con la edad. Yo lo veo mucho en la actitud frente al negocio”, afirmó.
No esperar para construir rentabilidad
STINE se instaló como marca en la Argentina en 2018 y comenzó a lanzar sus primeras variedades de soja en 2021. Desde entonces, según repasó Rosasco, la actividad atravesó sequías, incertidumbre, márgenes ajustados y una elevada acumulación de productos en el mercado.
En ese contexto, señaló, tanto los productores como las empresas tuvieron que modificar su posición frente al negocio. “El productor, y por ende nosotros también, tuvo que dejar de esperar para construir rentabilidad”, resumió.
Para Rosasco, esa experiencia contribuyó a formar una generación que no surgió al calor de los buenos momentos, sino que debió aprender a operar en la adversidad.
“Me gusta definir a la Generación Stine como una generación consciente”, sostuvo. Entre sus características mencionó la valoración de la genética, una mirada pragmática, el interés por los datos y la construcción de relaciones de largo plazo. “No es edad, es una forma de pensar, es una forma de vivir”, sintetizó.
El desafío pasa de la falta al exceso de agua
La próxima campaña enfrentará a los productores con un cambio de escenario. Después de ciclos en los que el agua fue un recurso escaso, el fenómeno de El Niño podría generar más lluvias y humedad, particularmente en la zona núcleo.
Según las primeras proyecciones incluidas en el informe de la compañía, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó una intención de siembra de soja de 16,7 millones de hectáreas, unas 600.000 más que en el ciclo anterior.

La mayor disponibilidad de agua puede elevar el potencial productivo, pero no garantiza por sí sola mejores resultados. También puede incrementar el riesgo de anegamientos o limitar las posibilidades de ingreso a los lotes.
“Por más de que venga el agua o la humedad necesaria, uno tiene que frenar y empezar a ambientar y planificar”, advirtió Rosasco. Según explicó, un escenario que se presenta favorable en algunas zonas podría volverse problemático en otras.
La ambientación consiste en reconocer las diferencias que existen dentro de un mismo lote para ajustar las decisiones de manejo. En lugar de aplicar una receta uniforme, permite definir estrategias según la disponibilidad de agua, la posición en el relieve y el potencial de cada sector.
“El agro es una fábrica a cielo abierto. Siempre te da la posibilidad de tener que ambientar y ubicar metro a metro tu lote para saber cómo plantar esa semilla, para saber cómo jugar ese partido”, explicó.

Una estrategia que no puede repetirse
Para Rosasco, uno de los principales errores sería trasladar automáticamente a esta campaña el planteo utilizado en el ciclo anterior.
“El agro es un péndulo”, describió. El productor puede atravesar sequías históricas, campañas más sencillas de administrar y, luego, llegar al extremo opuesto, con exceso de agua.
“Nunca lo tenés que ver como algo estático, con una estrategia continua. Si vos tomás ese plan, vas a perder. No se repite la estrategia, siempre va cambiando”, señaló.

Lucas Crimella, gerente del negocio de Soja de STINE, coincidió en la necesidad de partir de un diagnóstico preciso. “En un año como este, una de las variables más importantes es el riesgo hídrico. Por eso, hay que entender muy bien el punto de partida de cada lote, la profundidad de la napa y, a partir de ahí, definir la estrategia productiva”, explicó.
En buena parte del este de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y el Litoral se espera una influencia marcada de El Niño. En los ambientes que lo permitan, podría existir margen para anticipar las fechas de siembra y buscar un mayor rendimiento.
Sin embargo, Crimella remarcó que no existen recomendaciones universales: “Las variables son macro, pero hay que ajustarlas a nivel de lote”.
El valor de apoyarse en los equipos
La capacidad para modificar una estrategia también depende de la información disponible y del intercambio entre quienes intervienen en el planteo productivo.
Rosasco destacó el papel de los asesores, consultores, comercios y equipos técnicos en la interpretación de cada ambiente. “Ese juego de intercambio de pensamientos y de manejos es fundamental en el agro”, afirmó.
Al comparar las posibilidades de distintos productores frente a una campaña húmeda, evitó generalizar. Recordó que mientras se espera una influencia fuerte de El Niño en la zona núcleo, sectores ubicados al sur de la ruta 5 ya atravesaron excesos hídricos durante el último ciclo.
“El que sabe leer esto, el que sabe sostenerse en los equipos y en el que predomine la adaptabilidad va a ser el que saque mayor rentabilidad”, sostuvo.
Los datos detrás de la elección genética
La búsqueda de información también alcanza a la selección de variedades. Una de las referencias disponibles es la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO), coordinada por el INTA y la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA).
En los ensayos de la campaña 2025/26, STINE 46EA23 fue elegida como variedad testigo del grupo IV largo, el más sembrado en la Argentina. Esto significa que funcionará como referencia para comparar el comportamiento de otros materiales de ese grupo de madurez.

“Para estar desde 2021 en el negocio de soja y que, en tres años dentro de la red de ensayos más importante del país, ya te elijan como un testigo de rendimiento a superar es algo gigante”, expresó Rosasco.
Entre los resultados informados por la compañía también aparece STINE 43EE53 STS, que alcanzó 6822 kilos por hectárea en General Villegas, un 32% por encima del testigo. En Chacabuco registró 6204 kilos, con una diferencia del 29%.
Los resultados corresponden a localidades y condiciones determinadas. Su utilidad no está en garantizar un rendimiento, sino en aportar antecedentes para comparar la adaptación y la consistencia de los materiales antes de definir su incorporación.
Un desarrollo que comienza años antes
La demanda de productores capaces de revisar sus planteos también obliga a las empresas de genética a anticipar necesidades. El problema es que desarrollar un nuevo material lleva tiempo y el escenario productivo puede cambiar antes de que llegue al mercado.
“Para nosotros, el productor es quien diseña el producto. Quien no escucha al productor y no lo tiene siempre como lo más importante es quien pierde tiempo”, sostuvo Rosasco.
Según explicó, un proceso de mejoramiento genético puede demandar entre cinco y siete años. En ese período, las necesidades iniciales pueden modificarse y exigir nuevas respuestas.
“El agro es cambiante y dos o tres años después el productor te va a pedir otra cosa. Ahí aparece la adaptabilidad de ambas partes”, señaló. Para la compañía, agregó, cada nuevo lanzamiento debe ofrecer una mejora respecto de lo que ya estaba disponible.

Resiliencia para volver a decidir
La “Generación Stine” funciona como una definición de marca, pero pone sobre la mesa una transformación más amplia: en un escenario cambiante, la experiencia ya no alcanza si no está acompañada por la capacidad de revisar decisiones.
La nueva generación del campo puede incluir tanto a quien recién comienza como a quien lleva décadas produciendo. El punto en común es la disposición a observar, medir y modificar la estrategia.
“La resiliencia no viene de esperar. Viene de lograr aguantar y soportar para construir, con todo lo aprendido, una mayor rentabilidad y un mayor rendimiento”, concluyó Rosasco.
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