Claudio Irigoyen: "El Gobierno todavía no estableció los incentivos correctos para que el país crezca"

Es Contador por la Universidad Nacional de Rosario e hizo el master en Economía en la Universidad del CEMA. Obtuvo una beca del Banco Central para hacer el doctorado en la Universidad de Chicago; volvió al BCRA y fue economista jefe hasta 2007, cuando emigró a Wall Street. Trabajó en el Deustche Bank y, desde 2011, está en el Bank of America Merrill Lynch.
Sofía Diamante
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12 de enero de 2020  

Claudio Irigoyen es rosarino, tiene 49 años y se desempeña como Jefe de Economía y Estrategia de Renta Fija y Variable para América Latina en el Bank of America Merrill Lynch. Trabaja en el banco hace ocho años. Hace 12 que está radicado en Nueva York, adonde llegó contratado por el Deustche Bank. Era el año 2007 y acababa de renunciar al Banco Central, donde había sido Economista Jefe. "Lo era desde 2002, pero cuando [el expresidente] Néstor Kirchner empezó a mentir con la inflación, me pareció que ya no tenía nada que hacer ahí", dice. Al Banco Central había llegado durante la presidencia de Pedro Pou y tras finalizar la maestría en Economía de la Universidad del Cema. Poco después le dieron una beca para un doctorado en la Universidad de Chicago. Cuando se recibió tuvo la opción de seguir la carrera académica, pero decidió regresar y trabajar cerca de Alfonso Prat-Gay, primero, y de Martín Redrado, después.

-Tras un mes de Gobierno, ¿cómo describiría las medidas económicas adoptadas: ortodoxas, heterodoxas o pragmáticas?

-Tienen un poco de cada cosa. No se puede definir al Gobierno como ortodoxo; creo que está más cerca de ser heterodoxo y que tiene algo de pragmático. En realidad, todavía están intentando figurarse qué tienen que hacer, qué pueden hacer y dónde pueden conseguir consensos dentro y fuera de su coalición. Todavía no vimos un plan, sino una secuencia de medidas un poco aisladas e inconsistentes para intentar ganar tiempo.

-¿Cuánto tiempo pueden ganar? ¿Cuánta paciencia tienen los acreedores?

-Los inversores le van a dar un par de meses. Lo que están esperando es algo más concreto con respecto a la renegociación de la deuda. El Gobierno está tratando de figurarse cuál es la mejor estrategia de renegociación. Hay un problema obvio de estanflación, de dominancia fiscal, que hay que atacarlo de raíz. Si se toman atajos, lo único que se va a lograr es algún tipo de paliativo temporario, pero nada más. Un poco la pregunta de fondo es cuánto esfuerzo fiscal está dispuesto a hacer la Argentina y cuál es la quita consistente con ese esfuerzo fiscal. Los bonistas siempre van a querer que toda la renegociación venga por extensión de vencimientos y reducción de cupón, pero no quieren quita del principal. El Fondo Monetario Internacional (FMI) va a pedir siempre que haya una quita del principal para mostrar que la deuda es sostenible en el tiempo. En definitiva, lo que generará una capacidad de pago en el mediano y largo plazo es que la economía crezca. Para eso se necesita un plan integral. El problema en la Argentina, muchas veces, es que se le lleva un plan al presidente con 10 puntos para aplicar y solo se aprueban cinco, porque los demás tienen mucho costo político. Pero de esta forma no es que se aprobó medio plan, no se hizo nada; en realidad, hasta pudo terminar empeorando la situación. Por ejemplo, sería bueno reducir los planes sociales y que la gente consiga trabajo en el sector privado, porque es un gasto enorme que no se puede financiar en el largo plazo. Pero al mismo tiempo se estableció una doble indemnización para despidos: los empresarios no van a echar a nadie, pero tampoco van a contratar. Incluso tiene efecto sobre la productividad de los empleados que ya tienen contratados: una persona que trabaja hace 25 años tiene todos los incentivos para decir que no lo hace más y que la echen. La gente no es ni buena ni mala, solo reacciona a incentivos. El Gobierno todavía no está poniendo los incentivos correctos para que los actores económicos hagan lo que hay que hacer para crecer. Se necesita un plan integral, con reformas laboral, previsional, impositiva y ver qué nivel de gasto público se puede financiar en el largo plazo. No es una solución que le cabe solo al Gobierno, se necesita de varios actores y no se puede hacer independientemente de los sindicatos.

-¿Cree que en el Gobierno son conscientes de esto? ¿Lo conoce a Martín Guzmán, que vivió muchos años en Nueva York?

-No lo conozco y eso ya dice algo. El Gobierno está aplicando controles y aumentando las distorsiones, como los controles a la salida de capitales, la suba de impuestos al campo, la mayor presión impositiva. Hay restricciones a la compra de dólares y están estableciendo más controles a las importaciones. No hay forma de crecer si no se puede importar, porque la Argentina no produce tecnología, la tiene que traer de afuera. Es la única forma de aumentar la productividad. Se necesitan reglas de juego estables que generen credibilidad. ¿Quién invertirá en un país en el cual te da la sensación todo el tiempo de que las reglas están cambiando? Si hay malas noticias que dar, los mercados prefieren las malas noticias que la incertidumbre. El Gobierno está debatiéndose cuándo darlas. Hay mucho debate dentro del Gobierno, porque es una coalición bastante heterogénea con distintos puntos de vista. Todas las medidas que tomaron fueron heterodoxas y han hecho algo de ajuste fiscal porque no les quedaba otra. Los políticos terminan haciendo lo correcto cuando no tienen opción. Todo el ajuste fiscal viene por aumento de impuestos, que definitivamente tendrá un impacto negativo en el crecimiento, que es lo que se necesita para salir del agujero.

-¿Cómo cree que será la política monetaria?

-No sé, porque no me queda claro qué quieren hacer. Todo lo que vi hasta ahora indica que serán bastante flexibles para financiar parte del déficit fiscal a través del Banco Central. Obviamente es muy difícil generar credibilidad en un contexto en el cual se cambian las reglas contables para poder transferir más recursos al Tesoro. Hay un problema de dominancia fiscal en la Argentina y es muy difícil hace política monetaria en este contexto. Si no baja el gasto, el déficit se financia con impuesto inflacionario o con deuda.

-Hay muchos países que tienen déficit fiscal y deuda más alta que la Argentina y no tienen el problema inflacionario. ¿Esto se debe a que no tenemos un mercado de capitales o es por nuestro historial económico?

-No es lo mismo tener un déficit fiscal después de hacer las cosas muy bien durante 50 años, que tener déficit después de hacer las cosas muy mal durante 50 años. El problema de credibilidad que tiene la Argentina no es nuevo. Para ganar de nuevo la credibilidad, muchas veces hay que hacer más de lo que sería necesario, para poder convencer a la gente y a los mercados de que esta vez hay un cambio. Y como el mercado de capitales doméstico es muy chico, la Argentina, cuando tiene déficit fiscal y decide no financiarlo con impuesto inflacionario, lo tiene que financiar con deuda en el exterior. Lo que sucede es que entran capitales típicamente de corto plazo para financiar ese déficit, mientras que los argentinos ahorran en dólares porque saben que es insostenible. En Estados Unidos, por ejemplo, por haber hecho las cosas suficientemente bien durante demasiado tiempo y por ser una potencia mundial, el dólar es la moneda de reserva de valor, aun cuando sucede una crisis que es originada en Estados Unidos. Esto sucedió en la crisis de 2008, que el dólar se apreció y las tasas de interés bajaron. En la Argentina, si sucede lo mismo, lo último que vamos a pensar es que el peso se va a apreciar y que las tasas van a bajar.

-¿Cómo puede afectar al país las tensiones bélicas y comerciales que hay a nivel mundial?

-Hace poco hicimos un estudio para entender cuáles son los principales drivers [factores de tracción] de los retornos en mercados emergentes para distintos activos. Las tres dimensiones principales a seguir este año son la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que ahora parece estar clamándose porque hay una suerte de acuerdo en principio, aunque puede ser muy frágil y cambiar rápidamente; las elecciones en Estados Unidos, donde podemos observar bastante polarización, porque por un lado está Donald Trump y por el otro están Bernie Sanders y Elizabeth Warren, y el tercer factor es un escalamiento en la tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán y Estados Unidos con Corea del Norte. Una regla de oro es que los presidentes en Estados Unidos nunca se cambian en medio de una guerra. Las guerras son bastante más populares de lo que se piensa en un año electoral. Por supuesto, si por algún error estratégico o de implementación la guerra se va de control, puede tener implicancias negativas para el incumbente. Pero, en general, un conflicto armado termina favoreciendo al presidente. Irán, si bien es una potencia relevante, no parece tener intenciones de entrar en una guerra frontal con Estados Unidos. Todo esto demorará los flujos de capitales pero, salvo que tengamos una escalada relativamente pronto, creo que rápidamente los mercados volverán a concentrarse en lo que pasa con el crecimiento global, que es el principal factor que explica los retornos de los activos en los mercados emergentes.

-¿Qué análisis hace de la región?

-El modelo de exportar commodities a China cuando crecía al 10% se agotó. China está en un proceso de desaceleración estructural que va a continuar, lo cual es una mala noticia para la región. América Latina viene mostrando números de crecimiento bastante pobres en los últimos seis años. Brasil tiene mucho espacio para crecer; este año probablemente lo haga al 2,5%. Además, es el país donde los inversores ven que hay mayor alineamiento entre el gobierno y la oposición para implementar reformas pro mercado. En el resto de la región hay mucha incertidumbre. Lo que pasó en Chile era muy difícil de predecir. El argumento tradicional es que había mucha desigualdad, pero venía cayendo en el último tiempo; este argumento se podría haber dicho cinco años atrás y se podrá decir dentro de otros cinco. Por eso, el componente difícil de predecir es la propia dinámica de estas revueltas, que dependen de cómo las maneja el gobierno. Lo que ocurrió en Chile empezó con un aumento del 4% en el precio del subte y terminó con una reforma constitucional. Esto tiene que ver con que el gobierno manejó mal la situación, se mostró débil, y cuando eso sucede, la gente sale a pedir más. Volviendo a la elección en Estados Unidos, una tendencia que se ha vuelto más recurrente y que se convirtió en la regla y no en la excepción, es que cada vez hay más polarización en las elecciones. La gente ve a los políticos de centro como unos estafadores que no representan a nadie; simplemente quieren ganar una elección. Le pasó, por ejemplo, a Marine Le Pen cuando perdió con Emmanuel Macron en Francia, que perdió credibilidad por tirarse al centro para ganar al votante medio. El tema es que cada vez hay más votantes jóvenes que, en general, prefieren los extremos.

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