Comercio justo: la empresa social de productos textiles que fabricó souvenirs para el G-20

La compañía trabaja con comunidades de artesanos y cooperativas de tejedores para generar desarrollo local
La compañía trabaja con comunidades de artesanos y cooperativas de tejedores para generar desarrollo local
Andrés Carrizosa
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23 de mayo de 2019  

SHANGHAI.- Con una historia reciente de producción textil de bajo costo, China pareciera no ser un mercado para productos artesanales argentinos. Sin embargo, con el ánimo de expandir la producción y mostrarle al mundo las habilidades de cientos de artesanos de la Argentina, la empresa Animaná se embarcó en un viaje al gigante asiático para tratar de ganarse un espacio.

Creada hace diez años por la economista Adriana Marina con un objetivo social, la empresa de productos textiles trabaja con cooperativas de artesanos y comunidades que tradicionalmente esquilan, hilan y producen prendas a partir de fibras de guanaco, alpaca, llama, vicuña y merino.

Marcia Gitman, directora comercial de Animaná, cuenta a LA NACION que la llegada a China tras ganar el premio ICBC Comercio Exterior abre una puerta para expandir el negocio y los esfuerzos que hay detrás para instalar el concepto de sustentabilidad y comercio justo en la segunda industria más contaminante del mundo. "La idea nació luego de que nuestra fundadora volvió al país tras vivir un tiempo afuera. En su infancia, su familia exportaba lana sucia desde la Patagonia y creció en ella la inquietud de poder producir localmente con valor agregado", dice.

Con la ayuda de una consultora textil europea y un viaje para hacer contacto con las comunidades andinas, desde la Argentina hasta Perú, la marca comenzó a instalarse en Europa y abrió una tienda en París. Después, siguió vendiendo en Estados Unidos, y hace un año y medio abrió una tienda en el barrio porteño de Palermo. "Animaná -que significa 'un lugar en el cielo' en lengua Kakán- nació en la Argentina, pero por la tendencia de los mercados y el costo de los productos, que apuntan a un target de lujo, nos posicionamos primero en Europa, donde tenemos clientes mayoristas en varios países", cuenta.

"Trabajamos con distintas comunidades de artesanos, cooperativas y tejedores, y buscamos recuperar técnicas ancestrales de tejido y aportar diseño contemporáneo", cuenta Gitman. "Nuestro objetivo principal como empresa social es generar un desarrollo local utilizando los recursos que tenemos en América Latina y brindar una alternativa de consumo y de producción a la industria de la moda actual", añade.

Uno de los logros más recientes de la empresa fue haber confeccionado parte de los souvenires que se entregaron a las comitivas internacionales durante el último encuentro del G-20 en Buenos Aires, pero el más importante es el de pertenecer a la ONU mediante Hecho por Nosotros, una ONG que se fundó de la mano de la empresa y que trabaja en el campo académico y de investigación. "Mediante la ONG tenemos estatus consultivo en las Naciones Unidas, lo que nos da voz para participar en distintas asambleas y encuentros que se realizan en Nueva York, siempre relacionados a las problemáticas de la industria textil", señala.

La firma tiene una facturación de exportación anual que ronda los US$120.000. Gitman explica que los artesanos fijan su precio de acuerdo con la cantidad de fibra que utilizan y el tiempo que demanda el tejido, además de la consideración real de su trabajo y su impacto. Luego, la empresa suma los costos logísticos, entre otros, para la comercialización.

En cuanto a la intención de incursionar en China, dice que existe interés, pero que las lógicas de consumo son diferentes. "Tras una primera aproximación y luego de varias reuniones, encontramos que hace falta tiempo para desarrollar, entender y encontrar el nicho para vender nuestros productos. Sabemos que el potencial está, dado el crecimiento exponencial chino, y con aquellos que tuvimos un buen diálogo apuntaremos a desarrollar la relación comercial", concluye.

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