Japón pone sus fichas en los alimentos
El gobierno lo considera estratégico para su economía y proyección en el mercado internacional
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A comienzos del año 2000 el gobierno de Japón decidió aumentar la ratio de autosuficiencia alimentaria del país (diferencia entre oferta y demanda doméstica de alimentos expresada en calorías diarias per cápita) de un 40 a un 45% para el año 2010. Tal decisión se apoya en el plan básico para alimentos, agricultura y áreas rurales adoptado por el gabinete en marzo del año último.
A pesar de las dudas, la decisión es, no obstante, indicadora de varios factores subyacentes que permanecen inalterados en la ecuación económica de Japón desde su transformación en una moderna economía, y se presume se mantendrán en el largo plazo.
Desde su máximo nivel, un 73% alcanzado en 1965, la ratio señala una persistente tendencia decreciente y se estima que, de continuar las actuales señales emitidas por la fluctuante economía del país, si no se asumen medidas efectivas, alcanzaría el 38% en 2010.
Esta coyuntura no es menor ya que se relaciona el indicador con distintos enfoques aplicables a la estrategia económica internacional que Japón desarrolla (y seguirá aplicando) globalmente.
En primer lugar, su impacto se expresa en la persistencia japonesa en sostener dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) su creciente preocupación por la cuestión de la seguridad alimentaria, definida desde su perspectiva como el grado de suficiencia en materia de alimentos, considerado un reaseguro ante una hipotética y repentina interrupción del abastecimiento en el mercado externo.
Históricamente dependiente de la importación de materias primas y alimentos procesados, Japón justifica sus temores ante un posible ciclo de deterioro del orden político-estratégico en Asia en el largo plazo cuya resultante sea, entre otras, el bloqueo de rutas comerciales y del transporte de insumos vitales para su supervivencia en el caso de que se presente un conflicto militar en los estrechos que comunican el Pacífico con el Indico.
Claro que, coyunturalmente, también las inquietudes de sus autoridades sirven para reafirmar el sesgo proteccionista de su política agrícola tendiente a amparar al campesinado nacional, cuyo poder relativo define la ecuación política interna en favor del partido político dominante, el Partido Liberal Demócrata (PLD).
Los aspectos relevantes del plan de elevación de la ratio corroboran el compromiso del poder político en la promoción del desarrollo rural, sostener el principio de seguridad alimentaria y la multifuncionalidad de la agricultura, sosteniendo así la posición compartida de Japón y la Unión Europea (UE) en la materia. En segundo lugar, el plan prevé mejorar la productividad agrícola y ajustar los hábitos de consumo. El gobierno aspira a generar un mayor consumo de arroz, granos y vegetales mediante la aplicación de un programa de educación dirigido a los jóvenes.
Sobre el primer punto en especial se destacan las metas deseables de producción, a ser alcanzadas en 2010. Para el trigo, se espera pasar de las actuales 600.000 toneladas a un volumen de 800.000; 250.000 t para la soja y superar las 600.000 t de carne vacuna.
El desafío
Aun cuando estas metas puedan ser de difícil logro, señalan también la firme decisión gubernamental de sostener estándares de producción, calidad y provisión que, en muchos casos, no pueden ser alcanzados por economías en desarrollo, como la argentina.
Sin embargo, las perspectivas de alcanzar una mayor participación de mercado sobre la base de los determinantes del aumento de la demanda no elimina la necesidad de incrementar los esfuerzos por ganar espacios de inserción en el seductor mercado japonés mediante la creación de parámetros de predecibilidad, constancia y confiabilidad frente a los empresarios y consumidores japoneses.
El autor es especialista en temas de Asia. E-mail: sergiomesse@sinectis.com.ar




