Santo Tomé, la aduana del Mercosur
Allí está el Centro Unido de Frontera
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A mediados de los 80´ la Argentina y Uruguay iniciaron, por primera vez en América, la experiencia de integrar el funcionamiento de sus aduanas de frontera en centros de control unificado, mediante la concentración de sus oficinas en un espacio común con el propósito de optimizar su funcionamiento según el modelo europeo.
El proyecto tropezó con las dificultades que supone la carencia de una infraestructura adecuada para el funcionamiento de los centros. Curiosamente, los tres puentes internacionales que vinculan a la Argentina con Uruguay habían sido planificados y construidos como si nadie tuviera que controlar en las cabeceras la circulación de vehículos, pasajeros y cargas.
En Gualeguaychú, por ejemplo, los funcionarios aduaneros tuvieron que acomodarse penosamente en el galpón que oficiaba de obrador durante la construcción del puente internacional, y aún siguen hoy controlando desde allí el movimiento de las cargas internacionales. El Estado no invirtió los recursos necesarios para mejorar la infraestructura, el proceso de integración de las aduanas no pudo rendir allí todavía todos los frutos esperados.
Pero afortunadamente la mala experiencia no fue desaprovechada. Desde el 11 de diciembre de 1997 funciona en Santo Tomé, Corrientes, el primer Centro Unido de Frontera del Mercosur. Está emplazado 850 km al norte de la ciudad de Buenos Aires, sobre la cabecera argentina del Puente Internacional de la Integración que vincula Santo Tomé con la localidad brasileña de S‹o Borja, a 600 km de Porto Alegre y Río Grande, y a 1400 kilómetros de San Pablo.
El puente no se planificó como un fin en sí mismo, como había ocurrido con los pasos entrerrianos sobre el río Uruguay, sino como parte de un complejo integral que debía incluir, además, instalaciones adecuadas para albergar el funcionamiento conjunto de las Aduanas de Santo Tomé y S‹o Borja y de otros organismos nacionales y brasileños.
La obra está dividida en dos sectores perfectamente diferenciados: uno para las cargas y otro para el transporte liviano y de pasajeros. En las garitas de acceso al centro se procede al registro de los camiones en el sistema informático y se les asigna automáticamente el box donde deben estacionar según el tipo de carga, por ejemplo: MIC/DTA, refrigerada, carga general o peligrosa.
De allí pasan a una enorme playa de 10.000 m2 de concreto de hormigón, completamente cerrada e iluminada, con capacidad para 350 camiones, con boxes especiales para cargas peligrosas y perecederas.
Area de control
En otro sector trabajan los organismos de control zoofitosanitarios de la Argentina y Brasil examinando en forma conjunta muestras de los productos antes de otorgar los correspondientes certificados de inspección. El sector se complementa con el funcionamiento de un laboratorio privado para análisis bioquímicos.
Para la inspección de las cargas el centro cuenta con un área de 2400 m2 cubiertos, con capacidad para revisar simultáneamente ocho camiones. A su lado, se levantan dos depósitos de 800 m2 cada uno para el almacenamiento temporario de las mercaderías que lo requieran.
El llamado Patio Aduanero Unificado es una superficie edificada de 1200 m2 donde están instaladas las aduanas y demás organismos argentinos y brasileños que intervienen en los trámites de liberación de vehículos y cargas.
Desde su propio escritorio, cada funcionario cumple los trámites correspondientes y puede seguir paso a paso todas las etapas del circuito de trámite de las cargas a través de un sistema informático de última generación.
El Centro Unico de Frontera Santo Tomé es una obra de referencia para el futuro diseño de otras aduanas de frontera binacionales integradas en ciertos puntos estratégicos de nuestra extensa frontera.
Según José Luis García, administrador de la Aduana de Santo Tomé, la obra impactó en un aumento notable de la recaudación, que de $ 290.000 percibidos en 1998 saltó a $ 9 millones en 1999 y a $ 17 millones en 2000.
Sin embargo, en opinión de Mario Romero, ex presidente de la Asociación de Transportistas Argentinos de Carga Internacional (Ataci), esos resultados podrían ser considerablemente mayores si la aduana se decidiera a simplificar los trámites administrativos que deben abordar los operadores, y que muchas veces terminan frustrando el aumento del intercambio comercial. Esto pone de manifiesto que, además, de las obras de infraestructura, todavía hace falta una verdadera revolución en los procedimientos administrativos de ambos países.
El autor es abogado y especialista en derecho aduanero. E-mail: jcl@carena.com.ar .




