Si estás dentro de un pozo, lo más importante es dejar de cavar

(0)
28 de junio de 2020  • 00:00

on esta cita de Warren Buffet quiero recibirlos de nuevo en este espacio. Porque creo que es muy relevante aceptar el desafío de saber que si las cosas no están funcionando bien sería prudente, al menos, no acelerar el ritmo y ser más pragmático en función de los resultados. Solo la humildad de entender otros argumentos nos permitirá tener una mayor eficacia en la resolución de los problemas económicos. Por ahora, parece que seguimos cavando dentro el mismo pozo en el que caímos, pero uno nunca pierde la esperanza.

Queda claro que todos tenemos de socio al Estado. Esta particularidad está bien representada por un viejo chiste en el que un socio A le dice a otro B: "Querido socio B, lamento decirte que se quemó la mitad de la fábrica. El socio B, amargado, con un nudo en la garganta, exclama: "¡Nuestro esfuerzo de toda la vida! ¡Que desgracia! ¿Me estás diciendo que perdimos la mitad de nuestro capital?" Y responde el Socio A: "No amigo B, solo se quemó tu parte, vos perdiste el 100%. Yo por suerte zafé".

Cuando la cosa va bien, el Estado se lleva el 50%. Pero si la cosa sale mal, el socio trabajador es el que pierde el 100%. Cuando las reglas del juego no son transparentes y claras, la especulación es el efecto y no la causa de la coyuntura. Especulador es aquel que toma decisiones en el presente por lo que cree que va a pasar en el futuro muy cercano. Inversor es aquel que cuyo horizonte es el largo plazo.

Son las circunstancias las que transforman a los inversores en especuladores de corto plazo. Sobre todo, las pymes que están sujetas a cambios de reglas de juego todo el tiempo. Eso es algo que no les permite pensar en el largo plazo. Hablando de especulación, ¿acaso un dirigente político no especula con sus decisiones de corto plazo, conforme a la evolución de su imagen pública?

Lamentablemente, les hicieron creer a los argentinos que el Estado somos todos y que el mercado son cinco tipos de traje que controlan todo. Yo pienso que es lo contrario. Sencillamente, porque el mercado es la sumatoria de todos nuestros miedos y nuestras avaricias, y porque de las interacciones surgen los precios.

El miedo a estar cerca del fin del mundo hizo, por ejemplo, que hace un mes el petróleo valiera menos de 10 dólares por barril y que, ante la expectativa de ver una luz al final del túnel en las últimas semanas, el petróleo volviera a subir a más de 40 dólares por barril. No fue el fin del mundo, pero tampoco vendrá un mundo ideal para todos. El mundo solo será más desigual.

Por eso, voy a utilizar el idioma de los mercados, el de los precios, como una señal anticipatoria de lo que puede suceder en la economía real, y para mostrarles por qué adaptarse al cambio es clave, en lugar de cerrarse en la soberbia de una idea original. Negociar y no imponer.

En 1997 debutaba en el mercado bursátil una empresa que tenía la intención de vender libros por internet, bajo el nombre de Amazon. Si hubieras invertido US$1000, es decir $1000 de ese momento (no llore), hoy tendría US$1,7 millones, o sea, $182 millones (ahora sí, llore).

¿Terminó de llorar? ¿Sí? Bueno, entonces seguimos. La verdad es que la clave fue invertir en su management y en su capacidad de adaptarse a los cambios en la sociedad. La empresa ya no vende libros, porque su CEO, Jeff Bezos, supo cambiar a tiempo y la transformó en una empresa de logística, en un sistema de pagos que próximamente tendrá con criptomoneda propia. Hoy la empresa vale más que General Electric, Alcoa, Citibank y McDonald's juntas. Sí, todas juntas. Esas empresas eran la insignia americana hace no muchos años. Hoy gana más el que distribuye y se encarga de la logística del envío del producto que el que lo fabrica.

General Electric era la compañía más grande del mundo hasta el año 2000. Si invertías US$1000 en 1997, el mismo día que debutó Amazon, hoy tendrías tan solo US$260. Las cosas cambian, pierde el que no se adapta.

Zoom debutó en bolsa hace justo un año, a US$60 por acción; hoy vale cuatro veces más. Sí, en un mundo en crisis, hoy multiplicaría por cuatro su inversión. La compañía vale más que todas las empresas argentinas juntas; incluso, vale lo mismo que Ford y General Motors juntas. Solo tiene un año, pero eso no nos habla del presente, sino de la expectativa de cambio en el futuro. ¿Alguien duda que el home office vino para quedarse, o de que Zoom u otra aplicación reemplazará muchos viajes por trabajo?

Byond Meet es una empresa que comercializa hamburguesas veganas; debutó en bolsa en marzo de 2019 y hoy vale exactamente el triple que en aquel momento. ¿Cree que es una moda o un aviso de cambio en nuestra alimentación? JBS, el frigorífico más grande del mundo (compró Swift hace unos años) vale casi la mitad de lo que valía hace un año.

Los precios son señales de las expectativas que tiene el mercado en cuanto a la evolución de la economía, del consumo y de la capacidad de gestión del management de una firma.

Si utilizo el mismo idioma de los mercados para nuestro país, creo que nuestro mayor problema es que destruimos valor cuando elegimos el conflicto a la hora de negociar. Optamos por imponer y no por acordar.

Muchas veces se negocia con el poder de construcción y otras veces, con el poder de daño. Lo primero sucede cuando uno apuesta a crecer, lo segundo significa: "Hacerme caso, que si no será peor". Nosotros tenemos vocación de elegir el conflicto.

Hay un juego que representa este escenario y que suelo utilizar con mis alumnos. Es el juego de ultimátum. Intervienen normalmente dos jugadores, uno de los cuales recibe cierta cantidad de dinero (US$100, por ejemplo) de una tercera persona, mientras que el otro recibe una especie de derecho a veto. El primer jugador le ofrece al segundo una fracción de los US$100, que el segundo jugador puede aceptar o rechazar. Si la acepta, recibe la cantidad ofrecida y el primer jugador conserva el resto. Si la rechaza, ninguno de los dos cobra nada.

Desde el punto de vista racional de la teoría de los juegos se puede pensar que el segundo jugador siempre tiene interés en aceptar lo que se le ofrezca, por poco que esto sea, pues es mejor poco que nada. Se puede también pensar que el primer jugador, consciente de este hecho, le haga ofertas muy bajas al segundo jugador. Ambos supuestos son falsos. Cuando se considera que las ofertas son demasiado bajas y, por tanto, humillantes, son rechazadas. Las ideas de justicia e igualdad, así como el enfado o la venganza, parecen desempeñar un papel en ese tipo de juegos. Moraleja: Ojo con el abuso del poder, porque siempre surge el valor de la dignidad.

Tenemos un ejemplo en la negociación con Repsol. Cuando la firma española terminó de controlar con más del 50% de las acciones a nuestra YPF, en 1999, ambas valían los mismo, cerca de US$18.000 millones. La Argentina expropió la parte de Repsol en 2012. Hoy Repsol vale US$13.500 millones. YPF, solo US$2300 millones. En el medio, le pagamos a Repsol US$5000 millones más intereses (otros US$4000 millones) por ese 50%. Hoy nuestra empresa insignia vale el 12% de lo que supo valer. Además, se perdieron muchos juicios millonarios por nuestra forma de negociar. Moraleja: ganó el expropiado, como cada vez que hicimos algo parecido, contabilizando por ejemplo los juicios en Aguas y Correo Argentino. A tenerlo en cuenta como señal. Negociamos a los gritos y luego terminamos pagando punitorios, como con el Club de París o como con los fondos buitres.

Si repasamos el valor de las empresas argentinas, que apostaron e invirtieron en nuestro país, la mayoría vale menos de la mitad de lo que valían hace dos décadas. Claramente, destruimos valor a largo plazo.

Está claro que una de las principales angustias del sector privado es la falta de negocios, de proyectos y de visión de futuro. Tenemos recursos naturales y humanos, pero no tenemos el dinero ni el financiamiento para potenciarlos.

Y es angustiante también la falta de transparencia. Nos justificamos diciendo: "El otro fue peor o robó más". Sin transparencia no hay confianza, sin confianza no hay inversión y sin inversión no hay progreso.

Lo esperanzador es que tenemos ejemplos muy buenos a seguir en nuestro país. Vienen de la industria del conocimiento: Mercado Libre y Globant. Lo paradójico es que sus nombres representan lo que generalmente negamos como concepto de desarrollo, un mercado más libre y global. La primera vale 20 veces más que cuando debutó en la bolsa; la segunda, 10 veces más que cuando dio ese paso, a tan solo 6 años.

La Argentina es como un barco que, en lugar de navegar en forma horizontal, lo hace en forma vertical, mitad abajo del agua y mitad arriba. En cada cambio de gobierno se da vuelta el barco y los que estaban abajo del agua pasan a estar arriba y viceversa. Nunca navegamos normalmente y todos en cubierta. ¿No será esa la clave? Poner el barco en equilibrio y dejarlo navegar en paz.

Para cerrar con más ganas de vivir el futuro, les propongo aprender a crecer negociando y no imponiendo, integrándonos al mundo y respetando el esfuerzo y la libertad de decisión. Buscando siempre negociaciones constructivas y no imposiciones ideológicas.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.