El esfuerzo de los murgueros porteños mantiene viva una alegre tradición

Subsidios y dinero personal permiten solventar los múltiples gastos
Subsidios y dinero personal permiten solventar los múltiples gastos
Tomás Carrió
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15 de febrero de 2015  

Colorida, alegre, festiva. Así lucirá la ciudad de Buenos Aires hoy, desde las 19 horas, cuando comience una nueva jornada del carnaval porteño. Es que, como viene sucediendo cada fin de semana desde el 31 de enero último, muchas de sus transitadas calles se convertirán, al menos por unas horas, en el escenario por el que transcurrirá una de las fiestas populares más importantes de cada año.

Surgidas hacia la década de 1920 como una expresión libre y paródica frente a la rigidez de los desfiles militares y de bandas musicales, las murgas porteñas expondrán -durante cada fin de semana hasta que termine el mes y en los días feriados de carnaval- todo el color, el baile y la música característica de su amplio y variado repertorio.

Luciana Vainer, autora del libro Mírala que linda viene la murga porteña y miembro de Los Quitapenas de Barracas desde su creación en 1990, explica que "las murgas de cada zona del Río de la Plata son diferentes", y que por eso es preciso diferenciar a las porteñas de las de Gualeguaychú o las uruguayas.

Al ahondar en los orígenes de las porteñas, Vainer toma como punto de partida las décadas de 1920 y 1930, que es cuando surgen las murgas tal como se las conoce hoy: "Nacen como expresión que tiene mucho de ritual, de doble sentido, de parodia y humor".

Fue por aquellos años que las murgas fueron adoptando los principales elementos de la actualidad, como el nombre con dos componentes (el primero, plural de un sustantivo asociado con el carnaval, y el segundo, el barrio de pertenencia), los colores, instrumentos, las canciones y los bailes.

Pero, ¿cuánto cuesta mantener vivo este ritual?

Si bien emparentadas con una expresión popular y picaresca, las más de 120 murgas que cada año desfilan por los diversos corsos de la ciudad deben hacer frente a importantes costos e invertir mucho tiempo para poder brindar un espectáculo de calidad.

El costo del color y el brillo

Una de las características más llamativas es la vestimenta. El traje de cada integrante de la murga, compuesto por la levita y el pantalón, suele costar entre 1000 y 3000 pesos. Para confeccionarlos, cada murga compra telas al por mayor y la divide entre sus integrantes, que son quienes deberán conseguir a alguien que diseñe y también pagar por el trabajo realizado. Una modista suele cobrarles entre 350 y 500 pesos por cada uniforme, mientras que la decoración y los apliques -lo más costoso- dependerán del gusto y las posibilidades de cada murguero.

Claro que esta inversión, una vez realizada, puede amortizarse durante el tiempo que cada integrante logre conservar el traje en óptimas condiciones.

Lo mismo sucede con los instrumentos de la banda. Los bombos tienen un costo de alrededor de 700 pesos cada uno. Y los platillos -más gruesos que los comunes- son mandados a hacer a cambio de unos $ 500 la unidad.

Enrique Aumasque, fundador y tesorero de una de las murgas más importantes y más antiguas de la ciudad, Los Cometas de Boedo, explica que cada día que se presenta su agrupación -integrada por 180 personas- deben costearse gastos de entre 8500 y 9000 pesos. En ese presupuesto se incluyen los gastos de traslado y la alimentación de todo el equipo.

Cada uno de los cuatro colectivos que deben alquilarse para movilizar a Los Cometas de Boedo cobra $ 1800 diarios. Y debecontemplarse también el costo de otro vehículo que transporte los 35 bombos que utiliza su murga.

Además, está el costo de los 250 sándwiches con los que se alimenta la tropa. Se deben desembolsar unos $ 400 diarios para el pan, y otros $ 700 para comprar jamón y queso. Y se debe añadir el precio de los 1300 litros diarios de agua mineral, y los $ 400 que se destinan por día a la compra de hielo.

Para hacer frente a estos gastos, tanto Los Cometas de Boedo como todo el grupo de las 120 murgas porteñas más destacadas, reciben un subsidio por parte del Ministerio de Cultura de la Ciudad. Carlos Díaz, delegado de las murgas porteñas ante la Comisión de estas agrupaciones explica que "este subsidio empezó en 1997, luego de que el Concejo Deliberante aprobara -antes de su disolución- la ordenanza que convirtió a las murgas en patrimonio cultural".

En esa ordenanza se estableció también la creación de un sistema de evaluación, por el cual se clasifican a las agrupaciones en cuatro categorías, de acuerdo a su nivel. Las mejores ranqueadas -categoría A- recibirán más dinero del subsidio, mientras que las últimas quedarán fuera del reparto hasta el próximo año, cuando tendrán la oportunidad de volver a competir a través del Pre Carnaval.

Sin embargo, según dicen Aumasque, Díaz y Vainer, estos subsidios no suelen alcanzar para costear todos los gastos que debe enfrentar anualmente una murga. Los Cometas de Boedo, por ejemplo, recibieron $ 92.000 en 2014 por pertenecer a la categoría A, pero ese ingreso no fue suficiente.

Por eso, para equilibrar sus finanzas, ofrecen sus servicios en fiestas, eventos y casamientos. Y por cada espectáculo brindado recaudan entre 6000 y 7000 pesos.

Comienza una nueva jornada del carnaval porteño. Ese que cada año reúne a más de un millón de personas que se esfuerzan por mantener viva esta célebre y festiva tradición nacional.

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