
Fue enviado a Clipperton, ubicada a 1200 kilómetros de las costas mexicanas, donde fue olvidado por las autoridades y quedó librado a su suerte, junto con su familia y otras personas que lo acompañaron
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Ramón Arnaud jamás imaginó que antes de cumplir 30 años sería teniente en el ejército mexicano y gobernador de una isla en el Océano Pacífico. Para su infortunio, tampoco sospechó que menos de una década después de su nombramiento sería olvidado por las autoridades a 1200 kilómetros de su país y moriría en medio del delirio, al intentar alcanzar en un precario bote a un barco de rescate.
Por Carlos Manzoni

