El tsunami que puso en jaque a los mercados

Por Luis Palma Cané Especial para lanacion.com
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27 de noviembre de 2009  • 08:22

Ayer se conoció la noticia de que las autoridades de Dubai, uno de los siete países que integran desde 1971 los Emiratos Arabes Unidos, habían solicitado a los acreedores de su holding Dubai World una espera máxima de seis meses ante un próximo vencimiento del orden de los US$ 4000 millones.

A partir de allí, el temor se expandió como un tsunami a todos los mercados financieros, que reaccionaron con fuertes bajas. La ola de pánico se agravó cuando el ministro de Economía ruso, Alexei Kudrin, declaró oficialmente que, ante la fuerte entrada de capitales financieros especulativos, su gobierno estaba pensando seriamente en poner restricciones a dichos flujos. La respuesta no se hizo esperar: el rublo bajó a su mínimo de las últimas cinco semanas.

Estos dos acontecimientos llevaron a muchos analistas a sostener que la evolución positiva de la economía global, producida a partir del segundo trimestre de este año, y la correspondiente mejora de los mercados financieros era solo coyuntural: Dubai y Rusia no eran más que la punta de un iceberg.

En nuestra opinión, para evaluar esta posición, se hace necesario ponderar adecuadamente los fenómenos bajo análisis. En lo que hace al holding de Dubai, cuyos principales activos son los fantásticos proyectos inmobiliarios llevados a cabo por el emirato, entre los que se destaca el hotel más alto del mundo, no cabe duda que la crisis y la consecuente caída del turismo lo ha afectado.

Esto era esperable y, antes de prender las luces rojas, habrá que evaluar con el tiempo necesario la verdadera situación económica del grupo y cuál ha sido realmente el impacto de la restricción crediticia mundial en su actual ahogo financiero. Sólo podría pensarse en un impacto grave a nivel mundial si un eventual default del holding tuviera la posibilidad de arrastrar la deuda soberana de Dubai.

En lo que hace a Rusia, la reacción es aún menos comprensible. Es absolutamente ortodoxo que, ante flujos de capitales golondrinas, se proteja el valor de la moneda mediante restricciones a la entrada de los mismos. Brasil y Chile dan buena muestra de ello.

En síntesis, parece claro que la reacción frente a lo sucedido peca de excesiva. En el caso de Dubai se trata, al menos por ahora, de un pedido de espera para un vencimiento de capital de un holding y, por lo tanto, no se trata de una deuda soberana y mucho menos de un default. En el caso de Rusia, la reacción sólo puede entenderse como una suerte de resonancia respecto de la mora del emirato.

En síntesis: los fundamentos hoy alentadores de la macroeconomía mundial no pueden ser afectados de un día para otro y menos por acontecimientos como los analizados. La reacción ha sido desmedida y, sin duda, es fruto de los altos grados de incertidumbre aún existentes en los mercados.

Lo anterior no quiere decir que no puedan continuar en el corto plazo volatilidades negativas y que, en el caso de que una evolución negativa de la situación provocara el default de la deuda soberana de Dubai, la situación macro mundial pudiera complicarse. Pero, al menos por ahora, no parece que ello pudiera suceder.

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