Analistas atípicos de la Fed y asesores del sueño de los bebés, entre los trabajos emergentes

Sebastián Campanario
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12 de julio de 2020  • 00:00

Sin título universitario, libros escritos ni padrinos académicos, Nathan Tankus se las arregló a los 28 años para ganar más de 60.000 dólares al año produciendo contenidos, lo cual le permitió mudarse del departamento de sus padres en Manhattan e irse a vivir solo. Su éxito hubiera sido imposible hasta hace poco tiempo. Tankus analiza la política de la Reserva Federal de Estados Unidos con una mirada fresca y distinta: no solo incluye el enfoque de la economía (leyó a John Maynard Keynes y a Milton Friedman como autodidacta), sino que se nutre de la historia y conoce al detalle los infinitos vericuetos legales que rigen el organismo.

Tankus viene proveyendo al mercado de ideas y predicciones particularmente acertadas y distintas a las del resto de los analistas. Un reciente perfil en Bloomberg remarca que el joven neoyorquino conoce como nadie "las tuberías" de la Fed y, por eso, ya vendió 450 suscripciones de su newsletter, a razón de 100 dólares anuales, a fondos de inversión, periodistas de finanzas y operadores del mercado (el resto de sus ingresos es por algunas columnas en medios y por charlas). Es el emergente de nuevas plataformas tecnológicas que permiten que personas sin credenciales académicas ni "grandes marcas" por detrás que los respalden (medios, universidades, bancos de inversión), puedan vivir de sus ideas directamente entregadas a los consumidores, sin intermediarios.

La historia de Tankus tiene el atractivo adicional del antihéroe: mezcla de Hugo Reyes (de Lost) e Ignatius Reilly (el protagonista de la novela La conjura de los necios, de John Kennedy Toole), el especialista en política de la Fed resalta con mayor contraste con la petulancia de los "grandes nombres" de economistas de la academia y del sistema financiero.

Cuando se le pregunta por nuevos trabajos que estén surgiendo en la pandemia y que le llamen la atención, a la emprendedora mexicana Leticia Gasca lo primero que se le viene a la mente son las y los "coaches de sueño de bebés". "Antes este era un mercado más informal, de consejos en Instagram, pero con la pandemia la alteración de sueño de los chicos se volvió un factor crítico para muchas familias, que están dispuestas a pagar un asesoramiento personalizado; y del otro lado hay un expertise que bien empaquetado puede empezar a ser monetizado en distintas plataformas", cuenta Gasca a LA NACION.

Desde Nueva York, donde investiga sobre el futuro del trabajo, Gasca tuvo que readaptar su nuevo libro Cambiá todo porque todo cambia al contexto de la pandemia. Lo iba a sacar con una editorial grande y finalmente lo hizo directamente con Amazon, que incluso lo imprime y lo distribuye en varios países. En el primer capítulo cuenta una conversación con Jack Ma (el dueño del gigante chino Ali Baba) en el Foro de Davos, a quien le preguntó cuál era la habilidad más relevante para el futuro de la humanidad. Ma le respondió en inglés: "Embrace change": abrazar y aceptar el cambio.

Gasca sigue, ella misma, caminos como el que describen en el best seller de negocios de 2005 La estrategia del océano azul los autores Renée Mauborgne y W. Chan Kim. El océano azul representa las ideas de mercados que no existen en la actualidad. Gasca inició años atrás en México D.F. y con algunos amigos la movida de "Fuck Up Nights", donde se cuentan fracasos en charlas cortas, tipo TED. El formato escaló pronto y se replicó en más de 200 ciudades de todo el mundo.

La historia de Tankus y la de Gasca y su "océano azul" tiene que ver con un punto central de la teoría moderna de la disrupción, planteado en la década del 90 por el profesor de Harvard Clayton Christensen (fallecido recientemente), y que está adquiriendo una mayor relevancia con la pandemia y la aparición de nuevas plataformas.

Contrariamente a lo que muchos piensan, una innovación disruptiva no es una mejora significativa de un producto que ya existía. La disrupción aparece por lo general en el fondo de un mercado, para capturar clientes que dan baja rentabilidad (y a los que, por lo tanto, los incumbentes subestiman), que antes no podían acceder a ese producto o servicio y que con un avance tecnológico o un cambio en un modelo de negocio se les vuelve atractivo. El caso de Airbnb es un ejemplo canónico de disrupción "a la Christensen": una oferta que no existía (departamento vacíos o en el mercado de alquiler por años) de golpe se encuentra con consumidores que no existían (que no pueden pagar hoteles caros, o que viajan solo si pueden degustar el "sabor local" de una ciudad).

"Los cambios más poderosos o radicales en una industria ocurren cuando hay una coincidencia entre los 'no productores' y los 'no consumidores'", dice ahora Ji Lin, que analiza mercados creativos para Andreessen-Horowitz y es la principal impulsora del concepto de "economía de la pasión", comentado en esta columna un mes atrás. Para Lin, "las nuevas plataformas digitales les dan a muchos creadores de contenidos la posibilidad de vivir de eso de una manera que resalta su individualidad. Estas plataformas les permiten a los proveedores generar mejores relaciones con sus consumidores de manera directa (no mediada por publicidad como en el modelo tradicional), escalar y diferenciarse de la competencia".

Momentos mágicos

El caso de Tankus es muy ilustrativo de estos momentos mágicos donde los "no productores" se encuentran con los "no consumidores" que describe Ji Lin. Hasta hace poco tiempo, el joven de 28 años hubiera sido tal vez una estrella de nicho en redes sociales, distribuyendo su análisis gratis a cambio de algún tuit patrocinado o de la posibilidad de que algún medio conocido lo contratara de columnista (en ambos casos, por sumas que seguramente no le hubieran permitido irse a vivir solo, y relegando algo de individualidad en el camino). Del lado de la demanda, muchos de los suscriptores del newsletter por 100 dólares anuales no hubieran podido hasta no hace mucho pagar suscripciones anuales (mucho más caras) para obtener análisis de bancos de inversión o de consultoras reconocidas de economía.

Además de la frescura y de la individualidad (que hacen que la economía de la pasión subraye la personalidad de los creativos y no la diluya en la marca de las organizaciones), hay un tema central de velocidad: la información relevante hoy es la que aparece al minuto, algo que, por ejemplo, una publicación académica con revisión de pares no puede lograr. En los días febriles de salvataje de la Fed a una economía en una caída sin precedente por la crisis del Covid, Tankus escribió 22 análisis en 30 días, a menudo quedándose despierto hasta las cinco de la madrugada. "Las credenciales del establishment importan menos que nunca", escribió Peter Coy, de Bloomberg, en su perfil sobre Tankus.

Según Ji Lin, la "economía de la pasión" es difícil de medir, porque abarca muchos "mercados que aún no existen" (océanos azules), pero que por definición tienen altas chances de ser mayores a los ya existentes.

Lo que sí es seguro es que está llamada a disrumpir de manera drástica cualquier industria que esté basada en el talento humano: medios, entretenimiento, educación y, por qué no, la asesoría sobre sueño de bebés.

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