
En abril comenzará a llenarse la represa
La última gran obra hidroeléctrica argentina de este siglo llega a su etapa final; es fruto de un proyecto junto con Brasil lanzado en 1990
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PICHI PICUN LEUFU.- Si el Mercosur naufragara algún día por problemas como los que lo aquejan estos días, al menos quedaría un testimonio bien concreto de que la idea original sirvió para mucho: una enorme represa hidroeléctrica, con el telúrico nombre de Pichi Picún Leufú, que será la última gran obra de este tipo por muchos años en la Argentina.
Nacido de un proyecto conjunto entre la Argentina y Brasil en 1990, en los orígenes del Mercosur, este dique con tres turbinas que está prácticamente terminado y entrará en servicio en 1999 será la quinta obra emplazada sobre el río Limay, entre Alicurá y Piedra del Aguila, aguas arriba, y El Chocón y Arroyito, aguas abajo.
Entre las cinco obras totalizarán una potencia instalada de casi 4000 megavatios, equivalente a un 25% de la producción energética de todo el país.
La potencia de las tres turbinas de Pichi Picún Leufú sumará 261 megavatios (MW), una cifra relativamente modesta frente a los gigantes de El Chocón (1200 MW) o Piedra del Aguila (1400) pero que completará el excepcional aprovechamiento energético del río Limay.
Casi lista
A la vista del febril trabajo que se desarrolla en el lugar cuesta imaginar que la obra estuvo paralizada entre fines de 1995 y 1997.
Según explica el director actual de la obra, ingeniero Agustín Ferreras, "el trabajo a pleno recomenzó hace justo un año, y en 12 meses se ha concluido prácticamente la obra civil. Ya hemos instalado la primera turbina y antes de abril próximo estarán colocadas las dos restantes y comenzará el llenado del embalse".
En este momento, la gigantesca obra que significa la construcción de un dique puede apreciarse nítidamente porque el río Limay sigue corriendo en el fondo del corte de la meseta patagónica como un simple curso de agua, sin haber formado todavía el futuro lago que se creará aguas arriba del paredón de cemento.
Todo cambiará en pocos meses más. Cuando concluya la instalación definitiva de las tres turbinas y se bloquee el paso del agua, en sólo dos o tres días se dará nacimiento a un nuevo lago de la serie que se encadena a partir de la confluencia del río Limay y del río Traful, arriba de Alicurá, hasta la presa de Arroyito, a lo largo de unos 320 kilómetros.
Dos etapas muy distintas
Sin embargo, la obra estuvo paralizada durante un largo tiempo por falta de financiamiento.
Los trabajos de movimiento de tierra y de construcción civil comenzaron en 1990, como primer ejemplo concreto de una obra estatal conjunta entre la Argentina y Brasil, financiada por el gobierno argentino y por Cacex, la corporación brasileña que debía aportar los fondos por cuenta del Banco de Brasil.
Tras haber completado más de la mitad del trabajo de construcción en cinco años, el proyecto se vio repentinamente paralizado, a partir de noviembre de 1995 como resultado de la crisis financiera derivada del efecto tequila.
Allí se decidió cambiar drásticamente el esquema previsto privatizando la obra, tanto en lo que faltaba de su construcción como en la gestión de la venta de energía por 30 años, a partir de la finalización de las obras.
El proceso de privatización se definió en noviembre de 1997, adjudicándose el 100% de las acciones de la nueva empresa -Hidroeléctrica Pichi Picún Leufú- al grupo Perez Companc.
Desde la adjudicación y reanudación de los trabajos, a partir del 1º de diciembre de 1997, en sólo doce meses las obras básicas se encuentran virtualmente concluidas.
Los técnicos que trabajan en el lugar estiman, hoy, que la puesta en servicio de las turbinas puede adelantarse al menos en tres meses respecto de la fecha prevista originalmente.
Energía abundante
Esta nueva represa completará un panorama energético muy favorable para el país frente al siglo próximo.
Según señala el ingeniero Miguel Beruto, director del grupo Perez Companc y supervisor general de las obras de Pichi Picún Leufú, "el avance en producción energética ha sido muy importante en los últimos años y las ventajas de la comercialización privatizada han derivado en una extraordinaria reducción de costos que hace hoy más competitiva a la industria argentina porque paga más barata la energía.
Además el país tiene hoy un gran sobrante de energía, que se vende al exterior: 2000 megavatios anuales al Brasil y mucho gas a Chile, con un gasoducto construido y dos en construcción".
Para Beruto, además, ha mejorado la ecuación de producción de energía entre las distintas fuentes de producción del país. "Hay una mejor distribución entre energía hidroeléctrica, térmica y nuclear", dice.
También señala que la de origen hidroeléctrico es la de menor contaminación para el medio ambiente aunque de importante impacto en el entorno.
"Sin embargo, como las grandes represas hidroeléctricas tienen un gran costo inicial, la sobreoferta actual no permite imaginar que haya otros grandes proyectos hidroeléctricos en el futuro cercano en la Argentina".
Esta última gran obra hidroeléctrica del siglo se concluirá con un costo final de unos 500 millones de dólares. De ese total, 360 millones fueron desembolsados por el Estado en la etapa 1990-95, hasta su paralización. Los restantes 140 millones fueron aportados por el grupo Perez Companc por la privatización de 1997.
Mapuches al día
PICHI PICUN LEUFU (De un enviado especial).- Cuando el grupo Perez Companc se hizo cargo de la obra, tras la privatización en 1997, un inesperado problema se presentó en el cercano horizonte patagónico: sobre la ribera sur del futuro embalse, en tierras que serán inundadas por el agua, habitaban cinco familias mapuches dedicadas a tradicionales tareas de pastoreo.
Para evitar cualquier disputa eventual, la empresa propuso un acuerdo a las familias y solicitó, al mismo tiempo, un estudio de impacto ambiental a una gran consultora internacional, de origen británico, a fin de aconsejar la mejor reubicación posible para los habitantes del lugar.
El análisis de los expertos indicó que, para no modificar los hábitos ancestrales de la pequeña colonia mapuche, convendría construir casas en las cuales el baño debía ser externo y separado de la construcción principal.
Cuando llegó el momento del acuerdo definitivo con la colonia, el que asumió la representación de las cinco familias planteó, sin embargo, una observación ante la vista de los planos: ¿no se podría colocar el baño en el interior de las casas, como en el pueblo?
Tradicionales, sí, pero también adaptados a los tiempos como cualquier otro ciudadano.
Conclusión obvia: se dejó de lado la opinión de la consultora y todo el mundo contento.
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