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Durante la última década, la publicidad digital se rigió por dos verdades reconocidas prácticamente por todo el mundo: primero, que ese negocio en rápido crecimiento era mayormente impermeable a los ciclos económicos, y segundo, que ese mercado estaba dominado por el duopolio conformado por Google -para los avisos de búsqueda- y Meta -redes sociales-, que un competidor celoso comparó con la hegemonía de John Rockefeller sobre el petróleo en el siglo XIX.

