
Aunque la rapidez de su proliferación dependerá del avance tecnológico, los vehículos autónomos como Waymo y Cruise están tomando las calles de San Francisco
Esta columna no fue escrita por ChatGPT, pero sí tuvo ayuda de otra alucinante tecnología que podría cambiar nuestras vidas para siempre: fue escrita en el asiento trasero de un taxi autónomo Waymo, mientras atravesaba fantasmal y serenamente la niebla de San Francisco, y rodeaba el histórico barrio hippie de Haight-Ashbury hasta llegar al puente Golden Gate. Y esta vez no avanzó sobre el asfalto fresco, como le ocurrió recientemente a uno de sus desafortunados rivales, sino que le cedió el paso educadamente a una mezcladora de cemento que se nos cruzó en el camino. El robotaxi resultó ser una panorámica y totalmente confiable oficina sobre ruedas.

