La centenaria prédica contra el proteccionismo demuestra que se viven nuevos tiempos con las mismas ideas
Hace 200 años, el francés Frédëric Bastiat esbozó con humor numerosas teorías económicas que hoy cobran nueva vigencia
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LONDRES.- Los chistes más graciosos acerca de los economistas en el mejor de los casos provocan una sonrisa. Por ejemplo: si se pusiera a todos los economistas del mundo en fila, aun así no llegarían a una conclusión.
Son raros por cierto los economistas que utilizan el humor para comunicar sus teorías. En la historia del pensamiento económico, Fréd‘ric Bastiat, nacido hace 200 años, se destaca como un faro de humor, gracias al uso brillante de la sátira. Y lo que es mejor, utilizó su ingenio en defensa de la libertad y el libre comercio, causas muy valiosas para The Economist. Poco después de que se iniciara esta publicación, en 1843, para hacer campaña contra las leyes proteccionistas del maíz en Gran Bretaña, Bastiat escribió con toda seriedad: "Ojalá que todas las naciones pronto eliminen las barreras que las separan. Uno de los medios más eficaces para alcanzar este gran resultado sería la propagación del periódico llamado "Economist"".
Competencia desigual
Se conoce a Bastiat principalmente por un ensayo en el que presenta una petición al Parlamento en representación de los fabricantes de cirios de Francia. Se queja de la "competencia ruinosa de un rival extranjero que trabaja en condiciones tan superiores a las nuestras para la producción de luz que está inundando el mercado interno a un precio increíblemente bajo". El rival es el sol. El remedio que propone es que se ordene cerrar todas las persianas. Utilizando todos los argumentos proteccionistas, sostiene que eso beneficiará no sólo a la industria de los cirios, sino también a todas las industrias proveedoras. Es difícil superar este ensayo como una declaración convincente a favor del libre comercio.
En el proceso de construcción de un ferrocarril a París se propuso que debía haber una interrupción de las vías en Bordeaux, porque promovería los negocios allí, favoreciendo a los porteros, las firmas que tuvieran depósitos y a los hoteleros. Brillante, dijo Bastiat. Pero qué mejor manera de aumentar la prosperidad de Francia que hacer similares cortes en todas las estaciones intermedias. "Por este medio terminaremos teniendo un ferrocarril compuesto de toda una serie de cortes en las vías, es decir, un ferrocarril negativo."
Respecto de la opinión popular de que las exportaciones son buenas y las importaciones malas, Bastiat se preguntaba si lo mejor no sería que los barcos que lleven bienes de un país a otro se hundieran, con lo que se crearían las exportaciones sin importaciones. Respondiendo a la "falacia del trabajo disponible" incluso antes de que se la llamara así, sugirió que para repartir el trabajo disponible, a la gente se le debía exigir que usara una sola mano o incluso que se cortara una mano. Como Francia no entendió la ironía, recientemente su gobierno impuso una semana de trabajo de 35 horas por persona, esperando así repartir el trabajo disponible.
Bastiat también tenía comentarios breves ingeniosos: el Estado, decía, "es la gran entidad ficticia por la que todos buscan vivir a expensas de todos los demás". Fue un crítico temprano del socialismo. En "La Ley", un trabajo sombrío publicado poco antes de su muerte en 1850, describió cómo el Estado, al identificarse con los intereses de los productores y no de los consumidores, llegaba muchas veces a cometer "un robo legal". El principal papel del Estado, según sostenía, debía ser proteger la propiedad y la libertad.
Se debate si Bastiat fue un gran economista o simplemente un gran comunicador de verdades económicas. Joseph Schumpeter tenía sus dudas, considerándolo simplemente "el más brillante periodista económico que haya vivido", Ludwig von Mises lo trató con más cariño, diciendo "que su crítica de toda forma de proteccionismo y tendencias relacionadas no ha sido superada hasta hoy".
Por cierto que en "Lo que se ve y lo que no se ve", Bastiat subrayaba la importancia de tomar en cuenta el "costo de oportunidad", uno de los grandes aportes de la economía, mucho antes de que nadie usara el término. Advirtiendo que mucha gente siempre le ve el lado bueno a las cosas malas, como en el caso de una ventana rota que sería algo bueno para el vidriero, demostró que el dinero que se paga para reparar la ventana no estará disponible para gastar en otros bienes, lo que afectará también a los trabajadores que fabrican ventanas. Por lo tanto la destrucción de la ventana era algo malo para toda la economía.
Un panfleto interesante
Sus trabajos siguen teniendo vigencia, especialmente ahora que están en alza las tendencias proteccionistas. Francia, por cierto, debería prestar atención a su hijo largamente olvidado. El mes último una ceremonia por el bicentenario de Bastiat en su pueblo, Mugron, de la que participaron economistas extranjeros, se vio interrumpida por manifestantes antiglobalización. Una visita planificada a los viñedos de Minervois fue cancelada debido a violentas protestas de viñateros que exigían subsidios para compensarlos por la competencia de vinos importados. Bastiat lo hubiera considerado materia prima para un panfleto interesante. Pero quizás el florecimiento de tanto analfabetismo económico más de 150 años después de su muerte no sea ningún motivo de risa.





