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OPINIÓN

La odisea de ser mejores empresarios

El desafío de los empresarios argentinos ya no pasa por buscar atajos, sino por construir compañías competitivas y sostenibles sin perder de vista a las personas

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Odiseo, interpretado por Matt Damon, protagonista de la última película de Christopher Nolan: La Odisea
Odiseo, interpretado por Matt Damon, protagonista de la última película de Christopher Nolan: La OdiseaMelinda Sue Gordon/Universal
Por Víctor Valle
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En su muy recomendable adaptación cinematográfica de la homérica deriva, el director Cristopher Nolan nos invita a revisar el clásico relato de Odiseo desde la perspectiva de un héroe contrariado por la culpa de lo que vio (y provocó) en la guerra de Troya. Desde ese punto de vista, su viaje de regreso a Ítaca, plagado de tentaciones y dolor, no es más que una metáfora de la expiación de sus crímenes para volver “renacido” y poder retomar un vínculo virtuoso con su tierra.

Como Odiseo, desde hace muchos años los empresarios argentinos transitamos un duro viaje, en el que, tentados por los cantos de sirenas de protecciones y prebendas, cedimos al margen amplio y la ganancia financiera posponiendo el fatigoso camino de hacer verdaderamente sostenibles nuestros negocios.

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Los atajos que pudieron ser útiles en algún momento, ya no son respuesta. La búsqueda de la eficiencia nos apremia; necesitamos planificación y profesionalismo, sin perder nuestra esencia. Y la esencia en una empresa es, como nos enseñó Enrique Shaw, entenderla como una comunidad de personas. Si nos olvidamos de esto, si cedemos a los nuevos cantos de sirena y olvidamos nuestro propósito principal, el bien común, seguiremos a la deriva por mucho tiempo más.

Está claro que los dirigentes de empresa debemos ver resultados, pero primero debemos mirar y cuidar a las personas que generan esos resultados. Como el buen samaritano, proponernos no dejar a nadie en el camino, ayudar a nuestros colaboradores a transitar este viaje preparándolos, capacitándolos, para que puedan seguir agregando valor.

Para nosotros, los cristianos, se trata de ser verdaderos testigos de Jesús en nuestra actividad y en la sociedad. Por eso convocamos permanentemente a los empresarios argentinos a trabajar por una economía con rostro humano que, en palabras de nuestro fundador, el próximo beato Enrique Shaw, respete la trayectoria de vida de los trabajadores, poniendo a las personas y sus familias en el centro.

De este modo, sentimos especialmente el llamado del Papa León XIV a ayudar a reconstituir los vínculos y unir a la sociedad desde una cultura del encuentro, contribuyendo a construir una sociedad más misericordiosa y a colaborar para que las políticas públicas se piensen sobre la base de la justicia social y el cuidado de la dignidad de cada persona.

Es un viaje difícil, lleno de peligros y tentaciones, pero es el único camino posible si de verdad queremos renacer como una comunidad empresaria competitiva, honesta y con el propósito claro de contribuir a una sociedad sostenible y humana.

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El autor es presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE)

Por Víctor Valle