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Mientras Nicolás D’Auro y Rafael Gijón estudiaban ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro, había una idea que les quitaba el sueño: crear su propia empresa. La iniciativa surgió en el mismo campus de la universidad, entre libros de matemática, física y química. “Éramos compañeros de cuarto y hablábamos hasta cualquier hora sobre qué podíamos hacer”, cuenta D’Auro a LA NACION.




