
Las finanzas sostenibles, entre la pérdida de su impulso y sus barreras y oportunidades
En los últimos dos años, cayeron los créditos bancarios y la emisión de bonos de deuda sustentables, verdes y sociales, según un informe de la Universidad Austral y la Fundación Alimentaris; cuáles son las causas posibles y qué tensiones hay en el ecosistema
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Las operaciones financieras acopladas a la economía con propósito de generar efectos sociales y ambientales positivos perdieron terreno en los últimos dos años en la Argentina, al menos en las modalidades de créditos bancarios y emisión de títulos de deuda, y según las conclusiones de un mapeo realizado por el Centro de Estudios en Sustentabilidad de Innovación Social (Cesis) de la Universidad Austral, con la Fundación Alimentaris.
El informe incorpora diferentes fuentes de información, aunque no es exhaustivo (pueden existir operaciones que no fueron detectadas), e incluye consideraciones en cuanto a las tensiones que impiden un mayor desarrollo de este segmento del mundo financiero. Por caso, se advierte sobre la necesidad de que se consolide un ordenamiento macroeconómico y de que haya reglas de incentivo, y sobre las dispares interpretaciones, entre los actores sociales, de lo que significa la búsqueda de impacto en la economía.
El financiamiento bancario bajo reglas de sustentabilidad tuvo, según el documento, una caída real de 17% (corregidas las cifras por la inflación) si se compara 2025 con 2023, en tanto que la emisión de bonos sociales, verdes y sustentables disminuyó un 48% al considerarse igual período.
En total, fueron relevadas 543.735 operaciones de inversión sostenible en 2025, por US$2171 millones. Esa cifra incluye créditos bancarios por US$1521 millones -la gran mayoría de las transacciones corresponde a este ítem-, emisiones en el mercado de capitales por US$473 millones -concretadas por nueve emisores- y otros instrumentos por US$178 millones.
En el sistema bancario, el importe de los créditos caracterizados como sostenibles tuvo una disminución real de 17% en 2025 respecto de 2023. Si la comparación se hace en dólares, hubo una caída de 7% y de 12% en comparación con 2024 y 2023, respectivamente, cuando se consideran los números de las seis entidades de las cuales se pudo tomar información de sus reportes en cada uno de los últimos tres años.

Por su parte, en el mercado de capitales, la emisión de bonos SVS (sociales, verdes y sustentables) sumó US$472 millones, según datos tomados del panel específico de BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos). Es un monto inferior en un 48% al de 2023, cuando las emisiones sumaron US$910 millones, aunque a la vez superior al de 2024, cuando la cifra fue de US$222 millones. Mientras que en 2023 las obligaciones negociables de este segmento habían sido el 12% del total, en 2025 la participación resultó del 3%, luego de que en 2024 había caído al 2%, siempre según el citado informe.
También se identificaron diez fondos comunes de inversión (FCI) que operan con criterios ambientales, sociales y de gobernanza y que, al cierre de 2025, tenían un patrimonio neto de US$15 millones. Se destaca que esos fondos “muestran mayor rendimiento anual que los FCI del mercado general: 37,9% versus 34,5%”.
En cuanto a las inversiones de impacto hechas por fuera del sistema bancario y del mercado de capitales, el monto de 2025 -sin considerar operaciones extraordinarias de magnitud- se redujo en un 17% respecto del promedio anual de 2023 y 2024. Los inversores más significativos son fondos de equity (destinados a volcar recursos a empresas) y aceleradoras e incubadoras de emprendimientos.
Tensiones en el escenario
“Analizamos las tendencias y no las causas, pero sí identificamos algunas barreras o tensiones para el desarrollo de la inversión de impacto”, comentó a LA NACION Fernanda Figueroa, profesora e investigadora asociada de la Facultad de Ciencias Empresariales y del Cesis de la Universidad Austral, y co-autora del mapeo.
Una de esas tensiones, especificó, está en las expectativas por un reordenamiento macroeconómico que se sostenga y por la necesidad de condiciones e incentivos para que haya movilización de capitales de largo plazo, dado que los objetivos ambientales y sociales requieren por lo general de capitales no cortoplacistas.
Figueroa también mencionó, como factores de desincentivo, que hay puntos de desconexión entre la oferta y la demanda de fondos. Conviven, de hecho, la percepción de que no hay recursos suficientes y de que el acceso a ellos es dificultoso, con la consideración de que no se comparte una misma idea de qué es generar impacto. Esas conclusiones surgen de los resultados de 20 entrevistas a actores relevantes de este sector, que se hicieron para el trabajo.
“La existencia simultánea de capital orientado al impacto y de organizaciones que necesitan financiamiento no garantiza que ambos logren encontrarse y concretar operaciones”, señala otra de las premisas incluidas en el estudio.
Según Matías Kelly, cofundador de Sumatoria -la principal ONG emisora de bonos sustentables en el país- una cuestión a tener en cuenta es que este segmento del mundo financiero es pequeño, por lo cual impacta cualquier movimiento. En diálogo con LA NACION, dijo que hay una tendencia global que juega en contra del crecimiento de las finanzas sostenibles: “Hay una retracción de la sostenibilidad en términos generales, y eso hace que empresas grandes se corran un poco de la lógica”. A su análisis sobre las posibles causas de la caída de los números, agregó que en el país hay cuestiones micro complicadas, que hacen que “endeudarse requiera de prestar atención a más cuestiones”.
La Asociación Civil Sumatoria hizo su primera emisión de deuda en 2021 y la más reciente, la novena, fue en agosto de este año. En total, se logró un fondeo de $5766 millones, equivalentes a US$6600 millones, según una conversión hecha con la cotización del dólar al momento de cada colocación. Son recursos que se vuelcan a préstamos para proyectos de la economía que generan impacto ambiental e inclusión social y laboral de grupos vulnerables de la población.
Otras fuentes de recursos
Según consideró Julián Costábile, socio de Sustentabilidad de SMS Latinoamérica y líder de Finanzas Sostenibles de esa firma de consultoría, la caída en el segmento de bonos verdes, sociales y sostenibles tiene que ver con la coyuntura de la Argentina, “donde no están entrando aún al mercado de capitales fondos con prioridad en estos temas”. “En la región y en el mundo, ese mercado sigue bien y creciendo, quizás no tan explosivamente como al principio”, sostuvo.
Agregó que, como contracara, se están viendo más operaciones de crédito directas con criterios ASG (ambiental, social y gobernanza). “Es algo más difícil de medir por este tipo de estudios, porque son transacciones que no se publican. Pero vemos un creciente movimiento en préstamos de organismos multilaterales y, muy incipientemente, de fondos verdes que antes no estaban en la Argentina o estaban operando a menor volumen”.
Las conclusiones del informe de la Universidad Austral y Alimentaris indican que hay una diversidad de factores y condiciones que ayudan a darle dinámica a las finanzas sostenibles. Entre ellos, la construcción de redes capaces de conectar inversores, intermediarios, empresas, Estado y organizaciones que actúan en el terreno; la aprobación de reglas que reduzcan la incertidumbre y orienten capitales hacia actividades de impacto; la integración del impacto al negocio por parte de las unidades productivas, demostrando que la sostenibilidad “puede generar ingresos, ahorro, reducción de riesgos y ventajas competitivas”, y la profesionalización de todo el ecosistema.



