
Las tarjetas, un enorme negocio para los bancos
En la Argentina ganan por cuenta cuatro veces más que los chilenos; las tasas son cercanas al 50 por cientoanual.
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"Los bancos argentinos ganan muy bien con el negocio de las tarjetas, están sentados sobre un colchón rentable y por eso no están pensando en las necesidades del consumidor ni se muestran apresurados en presentar nuevos productos. Pero no pasará mucho tiempo antes de que esto inevitablemente ocurra."
El pronóstico corresponde a Gail Banchik, una ex ejecutiva del Citibank devenida consultora especializada en este negocio.
La ejecutiva, titular de International Cards Management, reveló a La Nación que los bancos locales ganan en promedio cuatro veces más que sus pares chilenos y un 46% más que los brasileños (ver infografía) por sus operaciones con tarjetas.
La unidad de medida que toma la especialista es la rentabilidad anual por cuenta que obtiene cada entidad. La fuerte diferencia entre unos y otros radica en los costos que las entidades locales agregan por distintos conceptos (renovación, emisión de los plásticos, envío de los resúmenes, etc.) y el impacto que en sus números tiene el gran negocio que montaron en torno de la financiación de saldos, que es "una de las claves del negocio", admite Banchik.
Las tasas, consideradas abusivas por analistas de mercado, que aplican por este crédito promedian el 47% anual en pesos (en algunos bancos financian al 56%) y suponen fuertes ganancias ante niveles de incobrabilidad y fraude, que en los últimos tiempos han ido en notorio descenso.
El debate generado en torno de estos márgenes provocó la intervención del Gobierno, que se comprometió a publicitar estas tasas "para transparentar el mercado", y motivó la reacción de los legisladores, que por estos días discuten una probable regulación para el negocio (resistida por los bancos y las compañías emisoras) que incluya una limitación a estos intereses.
Contra una regulación
Banchik califica a esta última iniciativa como una "mala idea" y advierte que la instrumentación de limitaciones puede ensuciar un mercado que "por su propia dinámica de competencia obligará a los operadores a reducir sus márgenes si quieren seguir en el negocio", como ya ocurrió en plazas similares.
En este sentido recurre al ejemplo de Brasil para graficar los inconvenientes que la regulación podría causar. "Allí los bancos no pueden financiar los consumos con tarjeta realizados en el exterior, por la normativa vigente", señaló.
En cambio, su visión positivista sobre las fuerzas correctivas del mercado se basa en el papel que desarrollarán en algún momento los grandes bancos que llegaron a la Argentina, los que se destacan en sus mercados de origen por el desarrollo de novedosos programas de tarjetas.
"El Santander (dueño en la Argentina del Río) compró en Chile a Fincard, una tarjeta de crédito no bancaria a la que transformó en pocos meses en el negocio financiero más rentable de ese mercado. Y el HSBC, (que aquí como el Roberts) ya lanzó en Brasil un programa de transferencia de saldos de cualquier tarjeta de otro banco hacia una de ellos, ofreciendo descuento en la deuda y tasa preferencial. No deberían tardar mucho en traerlo a la Argentina", comentó.
Desde su punto de vista, todo pasa por esperar que alguno de ellos se decida a dar el puntapié inicial para que la transformación al fin llegue. De allí que pronostique convencida que una vez que se inicie, "será fuerte".
En cuanto a las tasas, Banchik advierte que no todo es responsabilidad de los bancos, aunque reconoce que aquí descansan sobre un negocio rentable y seguro. "Pero también es cierto que las altas tasas son el reflejo de un problema en la calidad de la información crediticia, que no les permite por ahora reducir los riesgos", se preocupa por aclarar.
La especialista, que acredita gran experiencia internacional en el negocio de las tarjetas y pasó recientemente por Buenos Aires para promocionar una revista con la que aspira a potenciar el intercambio de información sobre la actividad (y ganar nuevos clientes), sostiene que la clave radica en madurar una cultura del buen pago en la que pierdan preeminencia los pagos en efectivo.
Consejos
Paralelamente, recomienda sostener "un esfuerzo sistémico para tener mejores datos sobre la conducta de los tomadores de crédito, como el que ya están realizando los bancos y el BCRA". De esta forma se facilitará el camino "hacia una baja de tasas y costos en beneficio de los consumidores, que podría producirse en menos de un año", aventura.
Lo demás vuelve a ser responsabilidad de los bancos y compañías emisoras. A ellos les corresponderá enfrentar las inversiones necesarias en sistemas para instrumentar programas más detallados de calificación crediticia que permitan premiar con una menor tasa al buen pagador, evitando castigar a todos con altos intereses "por las dudas" como ocurre ahora.
Por ahora esa posibilidad sólo está en manos de unos pocos bancos "como el Galicia, pero deberán comenzar a hacerlo muchos más porque se lo demandarán los clientes", dice Banchik.
Legisladores insistirán en limitar tasas
Puja: el PJ intentará en abril fijar por ley un tope a los intereses que se aplican por financiar consumos con tarjeta; el Ejecutivo vetaría la norma.
El oficialismo parlamentario aspira a lograr que el proyecto de ley que fija un tope máximo a las tasas que los bancos aplican a las financiaciones de consumos con tarjeta sea tratado antes de finalizar abril, "porque es una iniciativa que le interesa a la gente".
El tema se ha convertido en una especie de obsesión para varios legisladores del PJ.
No en vano llevan más de dos años tratando de limitar por ley las fuertes utilidades que los bancos obtienen por medio de este negocio "montado sobre tasas de usura para un mercado con precios estables".
De los 14 proyectos sobre este tema que en algún momento alcanzaron estado parlamentario, diez fueron presentados por diputados o senadores del PJ, aunque trece naufragaron por el escaso acompañamiento logrado.
La mayor resistencia nace en la posibilidad de fijar límites por ley a los intereses en una economía que se precia por sus avances desregulatorios. "Además, es un tema sobre el que deberían actuar las autoridades monetarias, sin llegar a una regulación casi dirigista", comentó hace unos días el diputado demócrata mendocino Gustavo Gutiérrez, al ser consultado sobre la iniciativa.
Marco propicio
Sin embargo, ahora las cosas podrían cambiar. El nuevo proyecto está refrendado, entre otros, por los diputados Mario Das Neves, Rodolfo Gabrielli y Emilio Martínez Garbino, que son titulares de las comisiones de Defensa del Consumidor, Comercio e Industria de la Cámara baja, respectivamente, lo que potencia sus posibilidades para superar esta instancia y llegar al recinto.
De hecho, como instancia previa, la iniciativa debe ser examinada por cuatro comisiones (pasará también por Legislación General), tres de las cuales cuentan con autoridades directamente relacionadas con el proyecto. Y Das Neves quiere que su proyecto sea el primero que trate la comisión que encabezará, como una señal de que desde allí se impulsarán "proyectos que atiendan las necesidades de los consumidores", según se comprometió.
El proyecto dispone que la tasa que apliquen los bancos o compañías emisoras de tarjetas por financiación "no podrá exceder la tasa activa implícita publicada por el Banco Central", que actualmente se sitúa en el 17 y 11% anual, según se trate de pesos o de dólares.
Pero también podría avanzar en otro tipo de regulaciones sobre promociones y la asignación compulsiva de plásticos.
También es visto con buenos ojos desde el Senado, lo que amplía sus chances de transformarse en ley. Pero en ese caso podría enfrentar el veto del Ejecutivo.
"Al menos, será lo que desde Economía se le recomendará al Presidente, porque este tipo de fijación de tasas sentaría un mal antecedente", advirtió un funcionario del Palacio de Hacienda.
Qué usan afuera y no traen aquí
La pereza que exhiben los bancos locales para lanzar nuevos productos en el negocio de las tarjetas de crédito tiene sus motivos. Descansan sobre una lucrativa actividad que les asegura ingresos fáciles. Entonces, ¿para qué cambiar?
Pero el debate sobre los costos ganó ahora un importante espacio en la opinión pública y parece anunciarse como la antesala de algunas modificaciones. La duda es cuándo llegarán.
Algunos de los bancos que desembarcaron el año último en la Argentina ya usan en otros mercados programas que podrían revolucionar la plaza local. Por ejemplo, el Hong Kong Shanghai Banking Corporation (HSBC), dueño del ciento por ciento del Roberts en la Argentina, lanzó recientemente en Brasil un novedoso programa de transferencia de saldos de cualquier otro banco a una tarjeta de su entidad controlada, el HSBC Bamerindus.
El banco ofrece a los clientes que se animen un descuento del 10% en el total de la deuda que mantienen con otra entidad, la que a su vez se compromete a financiar a menor tasa. Como contrapartida, el nuevo cliente está obligado a abrir una cuenta corriente en el Bamerindus.
"Te dan el dinero para que pagues la deuda al otro banco y, con el descuento, te cargan ese monto en la nueva tarjeta. Así le debés al HSBC Bamerindus, que te financia más barato. Es una manera agresiva de captar clientes que se usa en Europa y EE. UU.", explicó Banchik.
Banamex, el banco mexicano que controla aquí el Bansud, lleva siete meses aplicando una tasa preferencial (30% menor a la del promedio del mercado) para premiar a sus clientes que estén al corriente en sus pagos. Al momento que entran en mora son regresados a la tasa anterior, hasta que paguen el saldo atrasado.




