¿Le gustaría que su hija se casara con un homo economicus?

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10 de mayo de 2020  

Preguntas al economista Edward Cannan (1861-1955): Economista e historiador británico. Fue profesor en la London School of Economics de 1895 a 1926. Escribió el famoso tratado Una historia de las teorías de producción y distribución

Vos te ocupás de vos, y yo de mí, suena horrible. Vos te ocupás de mí y yo de vos, en cambio, suena maravilloso. Todos nos ocupamos de todos, suena más maravilloso todavía. El problema radica en que los sistemas económicos tienen que basarse en lo que funciona, dada la naturaleza humana, más allá de cómo suene. ¿Cuán lejos está el comportamiento humano concreto, del atribuido al h omo economicus?

Al respecto conversé con el inglés Edward Cannan (1861-1955), accidentalmente nacido en Madeira, España, donde su familia se había trasladado para superar los problemas de salud de su madre, quien falleció cuando él solo contaba con 18 días de vida. Estudió en el Balliol College de Oxford, en cuya ciudad vivió durante toda su vida adulta. Como tuvo ingresos propios, derivados de una sustancial fortuna familiar, en ningún momento tuvo que preocuparse por conseguir un trabajo para mantenerse. Tuvo más suerte que Vilfredo Pareto, quien recién pudo dejar de trabajar cuando un tío le dejó una importante herencia. Lo entrevisté para que explicara el origen y la utilización que hacemos los economistas de la idea del hombre económico.

-En 1904 usted editó la edición "definitiva" de La riqueza de las naciones , que Adam Smith había publicado en 1776. ¿Cuál es su mérito?

-Que no se trató, simplemente, de reimprimir un texto, por demás voluminoso, ya que supera las 1000 páginas. Confeccioné la versión a la que usted se refiere a partir de la quinta edición, la última publicada en vida del autor (Smith falleció en 1790); lo hice luego de un cuidadoso cotejo con las ediciones anteriores, como explico en una introducción de más de 50 páginas. A partir de 1976, cuando se cumplieron 200 años de la primera edición, la obra se publica con otro prólogo, escrito por George Joseph Stigler.

-¿Qué pensaba Smith del hombre económico que, por supuesto, hoy denominaríamos "persona económica"?

Según Joseph Persky, la idea recién aparece en los escritos de John Stuart Mill, aunque la denominación fue acuñada por John Kells Ingram para referirse al concepto de manera peyorativa. Claro que la noción está implícita en la famosa afirmación de Smith, de que no conseguimos carne gracias a la benevolencia del carnicero, sino al hecho de que él vive de eso; pero en sus escritos Smith no le dio la precisión que tuvo posteriormente. De la misma manera que, como bien explica Herbert Alexander Simon, Smith tenía una idea de racionalidad, pero no la versión planteada luego por la teoría marginalista, puesta en tela de juicio por la economía del comportamiento.

-¿Qué rol juega el hombre económico en el análisis económico?

-Mill lo imaginó como un sujeto hipotético, una abstracción. Se preguntó cómo debería diseñarse un sistema económico si los seres humanos se comportaran como el hombre económico. No lo infirió de la observación y mucho menos lo planteó como un ideal. Probablemente él no estuviera más entusiasmado por el h omo economicus que Nicolás Maquiavelo por el homo politicus, o que Sigmund Freud por el h omo psicoanaliticus. Por eso, irónicamente, Kenneth Ewart Boulding preguntó a quién le gustaría que su hija se casara con un hombre económico.

-El egoísmo implícito en el hombre económico, ¿no merece ser criticado?

-Como bien explicó Gary Stanley Becker, el hombre económico no es necesariamente egoísta, también puede ser altruista. En todo caso, la reformulación moderna de la idea del hombre económico no ubica la clave en los fines de su accionar, sino en cómo adopta las decisiones. Por eso, Becker recomendó basar los análisis de muchos problemas -por ejemplo, el delito- sobre la base del "enfoque económico" del comportamiento humano. Antes de meternos en la esencia de dicho enfoque, permítame decir una palabra sobre el altruismo.

-Por favor.

-Como consecuencia del coronavirus destacamos la abnegación de los médicos, enfermeras, etcétera, así como también de todos aquellos que donan voluntariamente tiempo y dinero para aliviar a los más necesitados. Esto está muy bien, pero cabe agregar el altruismo forzado de quienes pagan sus impuestos. En la Argentina, el Estado nacional dedica alrededor de tres cuartas partes del gasto total, a transferir recursos de algunos integrantes del sector privado, a otros. Cada lector debería preguntarse a cuántos jubilados, beneficiarios de planes sociales, etcétera, mantiene con el pago de sus impuestos.

-Buen punto. Me iba a decir qué es lo que más rescata de la idea del hombre económico.

-Un principio elemental: el accionar de cada ser humano depende de los beneficios y los costos esperados de sus acciones. De cada uno según sus habilidades, a cada uno según sus necesidades, suena muy bonito pero con ese principio no se cultivan los campos ni se llenan las góndolas de los supermercados. Más allá de todo lo que se dice, finalmente el que colapsó fue el comunismo, no el capitalismo.

-¿Podría ser más preciso, por favor?

-Las madres sufren por lo que les puede ocurrir a cualquier niño, en cualquier lugar del mundo, pero le prestan particular atención al cuidado de sus hijos. Esto, que suena egoísta, seguramente les salvó la vida a muchísimos seres humanos. Lo mismo ocurre con el funcionamiento de las empresas: la atención que les ponen sus dueños no puede ser reemplazada por el accionar de robots o de funcionarios públicos.

-Su planteo me recuerda La rebelión de Atlas , escrito por Ayn Rand.

-Lisa Rosenbaum, el verdadero nombre de la novelista rusa que migró a Estados Unidos, describió una cuestión que nunca hay que perder de vista. En un país los emprendedores viven atosigados por quienes quieren compartir sus ganancias, sin aportar nada. Ellos resisten de manera resignada, hasta que se hartan y les entregan las llaves de las empresas a los atosigadores. Éstos se niegan a recibirlas, porque su negocio consiste en exprimir un limón que cultivan otros, pero es tarde porque los emprendedores no quieren saber más nada.

-¿El mundo no funcionaría mejor si los seres humanos se comportaran de otra manera?

-Probablemente, pero como dice el refrán, no pongamos el carro delante del caballo. Que primero alguien transforme la naturaleza humana, y que luego los economistas diseñemos el sistema económico que corresponde a la naturaleza humana reformada. Lo contrario genera costosísimos desastres.

-¿En qué ejemplos está pensando?

-En el "hombre nuevo", que su compatriota Ernesto "Che" Guevara pretendió que emergiera en Cuba; o en el accionar del Khmer Rouge, que en Cambodia mató a algo así como la quinta parte de la población y se terminaron matando entre ellos. Esto último no sorprende, porque cuando uno se entrena para destruir y matar, no sabe hacer otra cosa.

-Don Edward, muchas gracias.

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