
Con una década instalado en CDMX, Carlos Molina invirtió US$1 millón; “Tuve la idea durante 20 años antes de poder concretarla”, dice
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Carlos Molina lleva una década instalado en Ciudad de México. Ingeniero en sistemas, antes iba y venía porque su empresa en la Argentina atendía clientes allá. La decisión de radicarse la tomó por “los problemas económicos, por las restricciones” existentes en su país natal. Estableció una compañía tecnológica y, además, abrió tres restaurantes que son un reflejo de su pasión: los trenes. En sus locales, la comida llega a las mesas en mini coches de ferrocarril de los años ‘20.
Por Gabriela Origlia
