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¿Qué pasa con octubre? ¿Es el nuevo diciembre? ¿Todo tiene que ocurrir en estas semanas? Son semanas extremadamente intensas y me encuentro ensayando todo hack de productividad personal posible, pero no alcanza. Y, sin embargo, hay una actividad en la que sí encuentro reparo y regeneración. Después de muchos años de no hacerlo, volví a cantar en grupo hace ocho meses y es mi cita semanal que funciona como un “spa emocional”. Todo se siente más liviano y las ideas parecen acomodarse con más facilidad. Esta sensación despertó mi curiosidad sobre qué le hace realmente la conexión humana a nuestro cerebro.
La neurocientífica Anne Le Cunff explica que las interacciones sociales positivas activan sistemas neuronales vinculados con la recompensa y con la comprensión de los demás. También pueden ayudar a regular nuestra respuesta al estrés, dado que nuestro cerebro trata las relaciones de confianza como un recurso: cuando nos sentimos acompañados, las exigencias de la vida nos resultan menos costosas de gestionar. Pero estar rodeado de gente no alcanza. De hecho, me la paso rodeada de personas en grandes eventos y no se trata de eso, sino que un sentido de “nosotros” parece ser clave. La investigación sobre identidad social muestra que identificarse con un grupo, sentir que uno pertenece, se asocia con menos soledad y ansiedad. Por eso, una sala de conferencias llena de desconocidos y una noche con personas que sentís “tu gente” son experiencias psicológicamente muy distintas. Algunos de los beneficios más fuertes parecen surgir cuando hay apoyo mutuo, identidad y actividad compartida
Algunas ideas de Le Cunff para diseñar esto: prestá atención a las comunidades y personas con las que te sentís más vos mismo, pero también más vivo, curioso y comprometido. No tienen que pensar exactamente como vos, de hecho mejor si hay divergencia, pero que te genere confianza, haya inversión mutua y un sentido significativo de “nosotros”. Experimentá con distintos modos de conexión, un club de lectura o una caminata con amigos generan tipos de conexión diferentes. En lugar de tratar la “vida social” como una sola categoría, observá qué formas de comunidad te dejan con más energía o más centrado y experimentá con maneras de hacerles más lugar. Creá tus propios espacios de conexión, sin esperar a que aparezcan. Invitá a cenar a algunas personas afines, proponé una consigna en tus redes sociales, o un grupo de lectura. La comunidad puede empezar con una sola persona que decide que estaría bueno que cierta gente pase tiempo explorando junta. Pasamos tanto tiempo pensando en cómo gestionar nuestra energía de manera individual: dormir más, hacer ejercicio, comer bien, construir mejores sistemas. Pero buena parte de nuestra energía surge cuando “somos” con otras personas.




