Proviene del contrabando el 20% de los cigarrillos

Las tabacaleras dicen que los comercios que los venden subieron del 22 al 55% en tres años
Alfredo Sainz
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21 de noviembre de 2005  

CIUDAD DEL ESTE, Paraguay.- Después de tomarse un respiro con la devaluación del peso, el contrabando de cigarrillos está volviendo a ganar terreno en el mercado argentino. La venta ilegal de estos productos había caído a su piso histórico en 2002, cuando representaba el 12% del mercado total, pero en los últimos tres años la oferta se fue recuperando y hoy esta industria, que es alimentada casi exclusivamente desde Paraguay, ya controla casi el 20% del negocio y mueve cerca de $ 900 millones al año.

Los datos sobre el crecimiento del mercado ilegal se desprenden de un estudio de Nobleza Piccardo, filial argentina de la multinacional British American Tobacco (BAT), que fue elaborado a partir del cruce de informaciones como las ventas declaradas de las empresas del sector, encuestas de consumo, la comercialización de insumos para la producción de cigarrillos y el decomiso de productos ilegales, ya sea falsificados o ingresados al país de contrabando. Ciudad del Este está en el centro de las sospechas como uno de los principales pasos de venta ilegal.

De acuerdo con el mismo estudio, en los últimos tres años también viene creciendo la cobertura comercial que tienen las marcas ilegales. Hace tres años, sólo un 22% de los puntos de venta relevados a nivel nacional vendía cigarrillos falsificados o de contrabando, mientras que hoy ese porcentaje trepa al 55 por ciento.

En Massalin Particulares, la otra multinacional presente en la Argentina, sostienen que la venta ilegal tiene una participación menor en el mercado local, aunque reconocen que se registró un importante incremento a fines del año pasado.

Para explicar la evolución que tuvo el mercado ilegal desde la salida de la convertibilidad, hay que tener en cuenta que con la devaluación del peso la Argentina dejó de ser un país interesante para las grandes organizaciones que están detrás del contrabando, ya que en dólares los cigarrillos locales tienen un precio muy competitivo. Pero a medida que las dos tabacaleras líderes fueron aumentando sus precios -un paquete de Marlboro o Camel costaba $ 1,5 a fines de 2001 y hoy subió a $ 3,50- los productos ilegales empezaron a recuperar clientes argentinos.

En el medio, se produjo la irrupción en el mercado local de nuevas tabacaleras nacionales que compiten por precio y hoy controlan el 10% de las ventas. Su aparición, según coinciden en el sector, sirvió para frenar un poco al contrabando, pero está lejos de constituirse en una solución definitiva. "Lo que vemos en el mercado argentino es no sólo el crecimiento del contrabando proveniente de Paraguay, sino también de la evasión fiscal de algunas marcas que son elaboradas en la Argentina", explica Alberto Raguzzi, gerente de Relaciones Corporativas de Nobleza.

Adictos al contrabando

A la hora de hablar de contrabando de cigarrillos y también de otros productos, todas las miradas en la Argentina apuntan hacia Paraguay. Según los datos oficiales del Ministerio de Industrias, en la actualidad en este país existen 37 fábricas de cigarrillos. La capacidad instalada de estas plantas alcanza a los 100.000 millones de cigarrillos, aunque el consumo local es de apenas 3000 millones.

La producción anual, por su parte, ronda los 40.000 millones, aunque de acuerdo con las estimaciones oficiales, sólo se exportan al año 2000 millones, lo que implica que se desconoce el destino de aproximadamente 35.000 millones de cigarrillos fabricados en Paraguay.

"Está claro que esta producción ingresa de contrabando a otros países como Brasil, Uruguay y la Argentina. De hecho, en el mercado argentino encontramos en los últimos años más de 186 marcas fabricadas en Paraguay", señala Raguzzi.

Los principales fabricantes de cigarrillos en Paraguay son Tabacalera del Este (Tabesa) y Boquerón. Las dos empresas comparten una dirección poderosa con vínculos que van más allá del mundo de los negocios y se extienden a la política y el deporte.

El dueño de Boquerón es Osvaldo Domínguez Dibb, que, entre otras cosas, es candidato a presidir el oficialista Partido Colorado y fue presidente del popular club paraguayo Olimpia, mientras que el director de Tabesa es Horacio Cartes, que preside el club Libertad. A Tabesa, a su vez, pertenece la marca que más se comercializa en forma ilegal en la Argentina: Rodeo, que explica más del 60% de los cigarrillos de los que se incautan en el territorio nacional.

El viceministro de Industria de Paraguay, Raúl Cano Ricciardi, reconoce que la batalla contra el contrabando de cigarrillos no se está ganando. "Tenemos algunos puntos bajos y, en el caso de los cigarrillos, este año hicimos dos procedimientos en un par de tabacaleras, en las que no encontramos absolutamente nada", explica.

Los empresarios paraguayos también son conscientes del problema, pero tampoco parecen haber encontrado una solución. "El empresariado paraguayo está apostando a un nivel mayor de formalización, pero no es una tarea fácil. Hace poco hicimos un encuentro anticontrabando y tuvimos que parar la reunión porque la mitad de los que estaban eran contrabandistas y amigos nuestros", admite Carlos Biederman, presidente de la Cámara de Anunciantes Paraguayos.

En círculos empresariales y oficiales señalan que las acciones más efectivas para frenar el contrabando son lideradas por María Díaz de Vivar, la directora nacional de Aduanas. La funcionaria fue nombrada por el presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos hace poco más de un año, a pesar de que no pertenece al Partido Colorado, y es una de las pocas voces que reconocen las implicancias políticas que tiene el contrabando. "El problema es que somos adictos al contrabando, aunque nadie pone una tabacalera si no tiene los contactos políticos", explica Díaz de Vivar.

Por su parte, el vicepresidente de la Corte Suprema paraguaya, Miguel Oscar Bajac, afirma que el problema del comercio ilegal excede el terreno económico o político.

"Tenemos buenas leyes, pero lo que falla es el factor humano. Los valores morales están muy disminuidos no sólo en la Paraguay sino en toda la región", explica el ministro, deslizando un hecho que es indiscutible: no se puede echar toda la culpa a los paraguayos. El contrabando necesita de la complicidad de muchos argentinos, empezando por los miembros de las fuerzas de seguridad en las fronteras y terminando por los clientes que compran los cigarrillos en un quiosco.

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