
Ganador del oro olímpico en Helsinki 1952, fue el campeón más joven de los pesos pesados, pero sus dos combates con un rival que no quería enfrentar lo sumieron en la humillación
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En la misma calle en la que se convirtió en ladrón antes de cumplir los diez años, el flacucho chico de Brooklyn encontró la llave para abrir la puerta que lo conduciría a la gloria primero y a la depresión después. Floyd Patterson descubrió en el boxeo la pasión que lo llevaría a reinar en la categoría más espectacular de todos los tiempos, pero también la que lo dejaría nocaut para el resto de su vida.
Por Carlos Manzoni

