Robo al BCRA: suspendieron a ocho empleados sospechosos

Trabajan en las áreas de Tesoro, Auditoría y cajas; se acotó el monto que estuvo en riesgo
Hugo Alconada Mon
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8 de junio de 2011  

De la sorpresa a la pesquisa y de ésta a la acción . El Banco Central (BCRA) dispuso la suspensión sin goce de sueldo de ocho empleados que deberán dar explicaciones internas y ante la justicia penal sobre su presunto rol en el misterioso robo al Tesoro de la entidad monetaria, según informaron ayer a La Nacion desde la entidad monetaria.

La suspensión alcanzó a varios empleados de la Gerencia Principal del Tesoro, área que a su vez depende de la Subgerencia General de Medios de Pagos, que se encuentra dentro de la órbita directa de uno de los funcionarios más poderosos del Banco Central, el gerente general, Benigno Vélez.

Según reportó ayer el Banco Central, el monto bajo sospecha que envió el Banco de Santiago del Estero asciende a $ 4,2 millones, cifra que se sumó a los billetes enviados para su destrucción por los bancos Galicia, Francés, Santander Río, Credicoop y Macro, entre otros, como consta en el informe de la gerencia general del BCRA que obtuvo La Nacion.

La suspensión alcanzó, también, a por lo menos un empleado del área de Auditoría de la entidad, quien debía supervisar la destrucción de los billetes de 20, 50 y 100 pesos durante el operativo del 25 de abril pasado y quedó bajo sospecha tras la revisión de las filmaciones internas.

A los empleados suspendidos de esas dos áreas se sumó, además, el cajero que recibió los 42 billetes de $ 100 de manos de, al parecer, un ex empleado o jubilado del propio Banco y se los canjeó por dinero en buen estado a pesar de lo que desde la entidad consideraron que fueron indicios "evidentes" de que algo "raro" ocurría.

"Cuando se llevaron los billetes y trataron de lavar el sello de destrucción que tenían, lo hicieron con lavandina, tan simple como eso", relató una fuente del BCRA al tanto de los avances de la investigación. "Fue tan burdo que hasta se huele esa lavandina, lo que a su vez despertó sospechas sobre el cajero, que igual los canjeó", añadió.

Desde la cúpula de la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont creen, además, que la cadena de complicidad que rodeó a los empleados infieles sería irrelevante. "El proceder tras el robo fue tan simple que llegaron a pagar café a la vuelta del propio Banco Central. Es una banda de perejiles", graficaron.

La Justicia, en tanto, avanza con su propia investigación sobre lo ocurrido, y el juez federal subrogante, Marcelo Martínez de Giorgi, se apresta a tomar las declaraciones testimoniales de Vélez, del subgerente general del área jurídica, Marcos Moiseeff, y de dos empleados de la Tesorería.

Martínez de Giorgi y el fiscal federal Carlos Stornelli esperan, además, un informe del BCRA que deberá reportarles si, como se sospecha, la persona que se presentó ante una de las cajas del Banco es un ex empleado o jubilado de la entidad, lo que podría arrojar nuevos indicios sobre quiénes participaron en el robo desde dentro de la entidad.

Movimientos sospechosos

Según trascendió, Martínez de Giorgi ordenó además peritajes sobre las filmaciones que muestran movimientos peculiares de cinco empleados entre las 8 y las 12.56 del 25 de abril.

Entre esos movimientos aparece cómo un empleado del Tesoro, G. A. G. "apareció desde el rincón con una bolsa de plástico negra, tipo de residuos", que colocó en un carrito, donde luego otro empleado de la misma área, J. A. M., "tapó su contenido con un cartón", según consta en el reporte interno cuya copia obtuvo La Nacion. Luego, el segundo movió "el carro hasta la otra punta del pasillo, más allá de los otros carros que contenían bolsas con papel de residuos". Y, minutos después, ambos empleados "salieron de la sala de destrucción empujando el carro que contenía la bolsa cargada", salida que ocurrió "por un pasillo que no cuenta con cámaras de filmación".

Esa misma mañana, según consta en el informe interno y los videos que obtuvo La Nacion, ambos empleados retornaron al área de destrucción, poco más de dos horas y media después de haberse marchado con una bolsa negra. Uno de ellos retornó con una "bolsa de polietileno blanca", mientras que el otro revisó el techo. Luego se marcharon "cada uno por una puerta de salida diferente".

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