
En el centro de Manhattan, las evidencias de la crisis del sector inmobiliario comercial están por todas partes. Del lado oeste, a pasos del Carnegie Hall, en el 1740 de Broadway se yergue un edificio de 26 pisos que la inversora Blackstone compró en 2014 por 605 millones de dólares: en 2022 entró en cesación de pagos de la hipoteca del inmueble. Elevándose por detrás de Grand Central Station se encuentra el icónico edificio Helmsley, cuya hipoteca hace poco fue enviada a “pago de intereses especiales”: la deuda será reestructurada o el propietario tal vez simplemente deje de pagar. El sol se pone y el problema de fondo se hace cada vez más claro: teletrabajo es sinónimo de menos inquilinos de oficinas. Al mirar hacia los edificios después del atardecer, se ven pisos con todas las luces encendidas haciendo sándwich con pisos sumergidos en la más absoluta oscuridad.

