Una generación fiel a sí misma

Elena Ibañez
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8 de abril de 2012  

¿Son los jóvenes los que deben adaptarse a la situación laboral que proponen las empresas o son éstas las que necesitan adecuar sus políticas a los requerimientos de los jóvenes? Las conclusiones a las que arriba el estudio publicado días atrás por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revelan un interrogante que hace años preocupa a los empresarios.

Las nuevas fuerzas de trabajo manifiestan grandes dificultades para adaptarse a las normas que exigen las organizaciones. Dificultades reconocidas por los empresarios, pero no por los jóvenes. Dos quejas recurrentes son el alto nivel de rotación y el frágil lazo que generan con sus lugares de trabajo. Falta de compromiso, poca responsabilidad, indiferencia, impuntualidad son algunas de las características que se les atribuyen a los jóvenes de la Generación Y (1980-2000).

Datos relevados de estudios en EE.UU. sobre esta generación muestran que son jóvenes provenientes de una niñez sobre saturada de actividades y horarios, que se educaron en una cultura cliente-servicio que marcó sus vidas y sus estilos de consumo. Nacidos en un contexto social fuertemente "tecnologizado", utilizan estos artefactos productivamente y consideran, por ejemplo, que las computadoras no son un producto tecnológico, sino parte de la vida cotidiana. Se destacan por su capacidad multitarea y su marcada confianza en sí mismos, lo que hace que, en muchas oportunidades, exageren el impacto de sus creativas contribuciones. Manifiestan una fuerte orientación a objetivos que suelen vincularse de manera estrecha con su desarrollo personal. Persiguen el camino rápido al éxito y la gratificación inmediata. Comparados con generaciones anteriores, temen menos a la autoridad.

Los jóvenes de esta generación, a pesar de sus diferencias individuales, comparten rasgos, estilos de vida y valores acuñados a partir de las experiencias de su vida histórico-social que ponen en tensión las estrategias de enseñanza y gestión de recursos humanos actuales. Una investigación llevada a cabo en la UADE muestra que estos jóvenes, a la hora de evaluar un empleo, privilegian los horarios flexibles que les dejen más tiempo libre para dedicar a la vida personal.

Las tareas que realicen tienen que ser interesantes y creativas. Estos factores justificarían por qué van de un empleo a otro sin dar demasiadas explicaciones si se les ofrece mayor salario, más tiempo libre o actividades más interesantes. Además consideran el trabajo, sobre todo en relación de dependencia, como un medio para su propio desarrollo, por lo que, a la hora de ser fieles, lo serán consigo mismos y no con la empresa.

Estos jóvenes no eligen la estabilidad en el empleo, sino la estabilidad en la empleabilidad. El ejemplo de las generaciones anteriores de "hacer carrera" en la empresa y ascender paulatinamente no es válido principalmente porque los modelos de organización del trabajo cambiaron y ya no es la empresa la que garantiza la estabilidad. Estos jóvenes buscan una formación que los convierta en trabajadores capacitados para adaptarse a los puestos de trabajo que les resulten atractivos. El futuro para ellos tiende a ser un proyecto personal no asociado con el futuro de la organización. Sin dudas, estamos frente a un nuevo desafío para las instituciones de formación profesional.

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