¿V, L, W, Z o Ypsilon? Los economistas discuten el abecedario de la Covid-nomics

Fuente: AFP
Sebastián Campanario
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12 de abril de 2020  

Algo inusual: los economistas por un rato dejan de discutir de números y se concentran, en cambio, en letras. Para algunos expertos, como el exsecretario del Tesoro de Estados Unidos Lawrence Summers, la recesión impulsada por la pandemia tendrá forma de "V": caída abrupta al principio y luego recuperación, una vez que se termine la cuarentena, ya que no se trata de una depresión tradicional, sino más bien de lo que Paul Krugman denominó un "coma inducido". Para otros, como el propio Krugman o los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, se tratará de una depresión prolongada, sin rebote en el corto plazo, más parecida a una letra "L".

Hay quienes sospechan que la dinámica de "serrucho" entre restricciones y casos de Covid-19 en los próximos meses (se relaja la cuarentena, aumentan los contagios, se vuelve a restringir, y así) llevará a una eventual recuperación en "W", a la par de estas idas y vueltas (ese es uno de los escenarios que dibuja la consultora McKinsey). Azeem Azhar, de Exponential View, propone una "Z tridimensional", con una recuperación que no llevará al punto de retorno, sino que irá por otra avenida por el cambio estructural que se producirá en el medio.

"Yo creo que vamos a ver una letra intermedia entre la 'V' y la 'L', una suerte de letra griega 'Ypsilon' ()", opina el economista argentino y director de la Escuela de Gobierno de la UTDT, Eduardo Levy Yeyati. "Es cierto que en principio se suspende la actividad. Y cuando todo se reanude, no tendría por qué ser distinto el panorama. El problema es que en el medio se 'rompen' cosas: se pierden empleos (que no se recuperan, por lo cual no se vuelve al nivel en el que se estaba), hay empresas que quiebran, se rompen contratos y empeoran las expectativas", agrega.

La dificultad de las expectativas deterioradas le pega a la Argentina y a su posibilidad de conseguir inversión o financiamiento, pero también le pega a sectores a nivel global, como el caso de las aerolíneas o las cadenas de hoteles, en tanto esta "danza" (como la calificó una nota en Medium) de apertura de restricciones-rebrote pandémico-vuelta a cerrar (como sucedió la semana pasada con Singapur) se prolongue por varios meses. "Vamos a ver, por ejemplo, muchas nacionalizaciones de líneas aéreas; el Estado va a tener que inyectar dinero a cambio de acciones y luego revenderlas cuando todo pase", especula Levy Yeyati.

Este "abecedario" de la trayectoria de la crisis que se discute tiene que ver con una recesión o depresión que no tiene referencias históricas similares. Reinhart, en una entrevista que le dio la semana pasada al periodista de Clarín Ezequiel Burgo, sostuvo que lo más parecido para tomar como base es la Gran Depresión del año 30: "Encontramos que los niveles de volatilidad [en Wall Street] de hoy no se ven desde 1929; superaron ya los que se registraron en las crisis de emergentes de los 90, tras la caída de las Torres Gemelas en 2001, y en la recesión global de 2009", sostuvo la académica, que trabaja en tándem con el ex funcionario del FMI Rogoff, el economista con ELO (puntaje de ajedrez) más alto del mundo.

Levy Yeyati va más lejos y piensa que no hay punto de comparación con ninguna otra crisis en la historia del capitalismo moderno. Es una "especie" de recesión nueva, desconocida, y caracterizarla bien será central para acertar con las herramientas que ayuden a superarla lo antes posible. Días atrás, el economista argentino Iván Werning, junto con sus colegas Verónica Guerrieri, Guido Lorenzoni y Ludwig Straub, publicaron una investigación de alto impacto en el ámbito académico y en el de políticas públicas (fue muy elogiada por el propio Krugman), en la cual muestran que un shock negativo de oferta como el que está ocurriendo puede llevar a una recesión por deficiencia de demanda.

Para Levy Yeyati, la cuenta del costo de la crisis económica del Covid-19 ya está en el orden del 1,5%-2% del producto global. En la Argentina, la caída este año podría llegar al 5%. La herramienta disponible sin financiamiento a nivel local pasa por la emisión monetaria. "Es muy difícil determinar cuál es el límite de dinero emitido que dispara una corrida inflacionaria mucho mayor, porque hoy no podemos medir precios, y su dispersión es enorme", dice. El profesor de la UTDT y de Harvard cree que hay que pedir el remanente de dinero del FMI; es algo que se puede lograr, pero que a nivel operativo va a demorar, con lo cual no es una alternativa ante las urgencias de las próximas semanas.

El resto de América Latina enfrenta restricciones que en algún punto son parecidas. La baja en la nota de calificación de riesgo para países como Colombia (ya a un paso de perder el grado de inversión) limitará la posibilidad de financiar el mayor desequilibrio fiscal con deuda. Y en la región hay un enorme problema de desigualdad y de informalidad, que deja a los instrumentos de protección social limitados a una parte de la población, mientras el resto queda a la intemperie.

La discusión entre "economía y salud" que se dio desde el inicio de la pandemia está llena de trampas y falacias, según opina Levy Yeyati. "En primer lugar, se puede debatir en abstracto, pero en la práctica hay lugares donde la cuarentena es muy difícil de aplicar, por hacinamiento, por violencia doméstica o porque salir a trabajar es una cuestión de supervivencia. Y hay que tener en cuenta que las recesiones también se cobran vidas: los pobres viven menos que los ricos y las crisis macro producen pobreza persistente; la menor inversión en mantenimiento de rutas hace que se muera más gente por accidentes de tránsito, y hay muchos efectos de segundo y tercer orden que se pueden producir".

De alguna firma, sigue el execonomista jefe del Banco Central, la situación se parece al dilema de las vías de tren ("trolley problem"): un tren se dirige hacia un lugar donde hay cinco personas atadas a la vía y si nadie hace nada, morirán. Si alguien gira una palanca, el tren se desvía hacia otro camino en el cual hay una persona atada: un costo menor, pero nadie quiere "decidir" ser el responsable de esa muerte.

¿Habrá sectores que podrán aprovechar esta situación? Levy Yeyati sugiere que podrían ser las empresas de delivery, o las fabricantes de insumos y equipamiento médico si las cosas se hacen bien desde el sector público (activos que deberían persistir una vez que pase la pandemia). No cree, como escribió el columnista del Financial Times Martin Wolf, que esta crisis "acelere la historia" en materia de incorporación más rápida del trabajo remoto. Pero sí considera que hay agendas que surgirán con fuerza renovada: la de establecer estatutos para trabajadores independientes, la de las reformas de los sistemas de salud y la del ingreso universal (en las economías que tengan plata para contemplarlo como una posibilidad).

Levy Yeyati termina la entrevista con LA NACION, en el marco de una clase del Instituto Baikal, y cuenta que se niega a eliminar de su Google Calendar un viaje a Turquía y Grecia que tenía agendado esta semana, para disertar. "Me gusta tener a la vista esta vida paralela alternativa", se ríe. Como en la novela El hombre en el castillo, de Philip Dick, que en 1962 inauguró un género de ficción sobre futuros alternativos (la historia imagina lo que hubiera ocurrido si Alemania y Japón ganaban la Segunda Guerra Mundial).

Levy Yeyati no lee en estos días pensadores de actualidad, ni reflexiones sobre el fin o la reinvención del capitalismo, sino que se refugia en literatura de ficción. Que, tal vez, tenga una mejor capacidad para describir lo que está ocurriendo que el más inspirado de los Hararis.

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