Xerox reestructura y capitaliza su filial

Inició un programa de sustitución de importaciones para remanufacturar máquinas en su planta de San Cristóbal
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22 de noviembre de 2002  

Al paso de la reestructuración que realizó la empresa en el nivel mundial (acaba de anunciar el despido de 2400 empleados, que se suman a los 1600 que se fueron a principios de este año), Xerox de Argentina empezó a visualizar nuevos horizontes. Rafael González, puertorriqueño, es el presidente de la filial local desde hace dos años. Fue el encargado de reestructurar la operación local (que pasó de 1200 a 600 empleados) y de poner en marcha desde febrero el plan de sustitución de importaciones.

Siguiendo la política de la corporación, dejó de financiar a sus clientes y se retiró del mercado de impresoras hogareñas, donde la competencia es feroz. "La empresa había perdido el foco -dijo González-. Pero desde julio ya somos rentables nuevamente."

Para darle un poco de respiro a la filial local, la casa matriz acaba de hacer un aporte de 80 millones de dólares. La deuda total ascendía a 130 millones de dólares.

Xerox compite en el mercado de alto volumen (imprime los más de 3 millones de facturas mensuales de Telefónica, por ejemplo), así como en soluciones para oficinas (copiadoras, impresoras) y también para Pyme.

- ¿La capitalización es sólo para disminuir la deuda?

-Sí. Ahora queda en 50 millones de dólares. Y también para bajar intereses. Esa era plata que se iba afuera. Y nos permite, si pagamos menos intereses, utilizar el excedente financiero en otras áreas de oportunidad en la Argentina.

-¿Hay perspectivas de fabricar desde cero en la planta de San Cristóbal?

-Económicamente, no es rentable ni necesario. Cuando nosotros remanufacturamos un producto lo hacemos de nuevo. Es una máquina que volvemos a hacer. A partir de la devaluación aumentamos la cadena de proveedores locales. Nos vimos forzados a cambiar los procesos. Compramos ciertas partes localmente, como rodillos, aceite de siliconas, piezas metálicas, engranajes. Hay piezas o componentes que son importados y no hay vuelta: estamos remanufacturando cartuchos, por ejemplo. Pero la tinta es importada; es imposible fabricarla acá por una cuestión de escala.

-¿Cuáles son las perspectivas para el próximo año? Según un viejo refrán, lo primero que recortan las empresas con la crisis son las fotocopias y el café...

-El mercado se redujo en un 30 por ciento. La facturación caerá un 15 por ciento. Pero ya superamos el punto de equilibrio; estamos volviendo a crecer. Y esperamos tener un crecimiento de facturación, como mínimo, del 10 por ciento. Siempre y cuando la Argentina siga como está ahora. No tanto el precio del dólar, sino la situación económica y social.

- ¿Prevén más despidos?

-No. Incluso estamos aumentando la fuerza directa de ventas. Estoy entrevistando vendedores porque el mercado nos está pidiendo más recursos en la calle.

-¿Cómo influyó la devaluación en los precios?

-Renegociamos los contratos con todos nuestros clientes. Cada contrato fue repactado y se llegó a un acuerdo entre ambas partes.

-¿La devaluación hace que los argentinos tengan menos acceso a la tecnología?

-No se acotó la oferta de productos; estamos trayendo menos, pero la misma oferta. Estamos dispuestos a importar, pero preferimos usar lo que tenemos aquí; de hecho, la tecnología la tenemos.

-¿Cómo impacta la incertidumbre política en los planes de la empresa?

-La Argentina tiene una infraestructura superior que el resto de América latina. También el capital intelectual es mayor. Ahora, lo que yo creo es que si como país nos podemos enfocar en un objetivo y seguirlo claramente, no hay razón para el fracaso. Se podría salir de la crisis rápidamente. Eso pasa también en la empresa. Estar cambiando de opinión continuamente trae complicaciones.

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