Berlusconi, sinónimo de escándalo
A las numerosas investigaciones sobre corrupción, el premier italiano suma ahora una acusación francamente vergonzosa
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No es ciertamente normal ni mucho menos frecuente que un jefe de Estado tenga que enfrentar un proceso penal relacionado con la prostitución de menores y con el abuso de autoridad. No obstante, las acusaciones contra Silvio Berlusconi que se refieren a sus conductas personales son deplorables y ofenden a la dignidad de Italia, deteriorando su imagen. Si se comprobaran, como parece posible, sería gravísimo.
Se lo acusa de haber pagado a una menor -hoy bailarina de un club nocturno- para tener relaciones con ella, lo que en Italia conforma el delito de prostitución de menores y, como si ello fuera poco, de haber además llamado a la policía para obtener su liberación luego de que esa misma menor, que participaba frecuentemente en fiestas de dudosa moralidad, fuera detenida por hurto por la policía italiana. El premier niega lo primero y pretende justificar su conducta ante la policía, respecto de la segunda acusación al sostener que lo hizo porque le dijeron que la niña era una "sobrina de Hosni Mubarak".
No obstante, paradójicamente, los sórdidos episodios no parecen haber desequilibrado un centímetro a su gobierno, pese a que miles de mujeres -con razón- salieron a las calles de las ciudades italianas a protestar, ofendidas por la situación por la que atraviesa el primer ministro. Quizá, porque la oposición está muy debilitada y porque la complicada coalición política de gobierno que Berlusconi encabeza circunstancialmente no quiere ser desplazada tempranamente del poder. En situaciones normales, el mandato de Berlusconi se extendería hasta 2013.
Mientras todo esto sucede, el Tribunal Constitucional de Italia ha dejado parcialmente sin efecto la inmunidad de Berlusconi en otros tres juicios iniciados en su contra, incluidos entre ellos uno que se refiere a un abogado que habría aceptado una coima para hacer una declaración fraudulenta en provecho del premier, incurriendo así en falso testimonio.
Lo de Berlusconi nos obliga a recordar que todos los dirigentes políticos son responsables de sus actos. Por ello, responden por sus conductas.
Por lo demás, cuanto más alta es la función que se les encomienda, mayor es la necesidad de tener y mostrar integridad personal. Sin ello, no sólo no logran despertar la adhesión y la confianza de sus gobernados, sino que deterioran los cimientos mismos de su propia autoridad.



