CARI, un ejemplo
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Pocas instituciones, como la que el doctor Carlos Manuel Muñiz fundó en 1978, han brindado mayores satisfacciones al interés público. El Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) abrió sus puertas hace 35 años en circunstancias bastante parecidas, en un sentido, respecto de la ubicación actual del país en el mundo.
Aislado antes, a raíz de la creciente condena que pesaba en la política internacional por la brutalidad de la política represiva con la cual los militares respondían, diente por diente, a los crímenes numerosos de la subversión. Aislado ahora, por la difusa aproximación del Gobierno a los peores elementos del escenario mundial. Es en el transcurso de fenómenos como éstos que se aprecian en todo el valor institucional, político y estratégico los papeles de la significación ejemplar del CARI.
Es comprensible que el Ministerio de Relaciones Exteriores privara al CARI de las transferencias financieras que habían contribuido en todo tiempo a su sostenimiento. Malo para el día tras día del CARI, pero mejor acaso con vistas al porvenir.
Como institución, el CARI, que estudia en profundidad los principales problemas mundiales y, en particular el rumbo que debería la Argentina tomar para encararlos, ha sido objeto de otras distinciones relevantes. Una de ellas la ha recibido recientemente de la Universidad de Pennsylvania, que la ha ubicado, en un ranking entre los mejores 150 think tanks del mundo, y sobre un universo analizado de 6600, en la posición 39, o sea, la primera entre los de habla hispana.
La agenda que el CARI sigue con atención pormenorizada abarca los temas de actualidad en las relaciones internacionales, en los cuales es cada vez más difusa la separación entre los asuntos nacionales y los de índole global.
La sede de la calle Uruguay ha acogido a figuras de renombre internacional. Como centro de referencia de las relaciones internacionales en la Argentina, el CARI ha logrado este año sistematizar el trabajo de 500 estudiosos en los diferentes institutos y comisiones académicas. Lo ha hecho con la asistencia de sólo ocho personas, que integran su elenco permanente de trabajo.
Quienes continuaron el legado de Carlos Muñiz han honrado el mandato moral e institucional de quien siempre será recordado por lo que el CARI representa para el país. Pero también por lo que el Instituto del Servicio de la Nación, obra asimismo de su inspiración, volverá a aportar en plenitud cuando la sociedad se resuelva a que el Estado argentino recupere la prestancia con la que se lo identificó en otros tiempos entre las naciones.


