
Casinos y ludopatía
El Gobierno debería tomar nota de la decisión de Rusia de prohibir los casinos por su efecto negativo para la sociedad
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La proliferación de casinos, bingos, salas de máquinas tragamonedas y de pasatiempos con apuestas y sorteos arroja datos alarmantes sobre el incremento de la ludopatía, enfermedad mental que provoca un desmedido e incontrolable afán por participar en esos entretenimientos. Desde una perspectiva sociológica, esa tendencia revela en el individuo un comportamiento que el Estado debe atender con políticas correctas de prevención; está plenamente comprobado por organizaciones internacionales de salud que los costos sociales ligados al abuso de esos juegos ocasiona problemas graves, como los causados por las adicciones.
La ludopatía es reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 1980, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría la incluyó en su manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. La OMS ha definido a la ludopatía o las apuestas compulsivas como un trastorno mental de impulsos, enfermedad progresiva que daña y merma la salud del jugador. Así, la práctica de esos juegos en forma compulsiva implica sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde la libertad de decisión, y provoca también grandes costos sociales; es decir, la ludopatía tiene rasgos psicológicos y neurológicos que empobrecen la conducta social.
En Gran Bretaña, la asociación de médicos (British Medical Association) calificó los juegos de azar, apuestas y sorteos compulsivos de "veneno social". La adicción es tan corrosiva como la dependencia a las drogas y el alcohol; ocasiona daños físicos y psicológicos graves, así como vicios sociales que contribuyen a la ruptura familiar y a la potencial ruina económica en edades maduras.
La ludopatía puede producir en la familia síntomas de depresión o desesperación. Quien sufre esa adicción llega a desatender el trabajo y cometer actividades ilegales con el fin de jugar o de reintegrar a amigos, parientes o entidades financieras el dinero que pierde.
Conscientes de este fenómeno que crece aún más en aquellos lugares donde el juego es promovido y estimulado desde el mismo Estado, las autoridades rusas decidieron por fin prohibir los juegos de azar: dispusieron el cierre de los casinos, entre otras salas de entretenimiento. La ley, propuesta por el primer ministro Vladimir Putin mientras aún era presidente, fue aprobada por el Parlamento en 2006 y entró en vigor este año.
La prohibición rige desde el 1º de este mes. Afecta a la mayor parte del país con excepción de cuatro zonas ubicadas lejos de las grandes ciudades. La mayoría de los dueños de casinos han optado por otros negocios o por trasladarse al exterior antes que abrir salas de juego en regiones apartadas. El juego mueve en Rusia unos 4500 millones de dólares por año.
El gobierno ruso sostuvo que esta acción radical era necesaria para proteger a la población. Aparentemente, el crecimiento exponencial de los casinos en Rusia está directamente vinculado al crecimiento de adictos al juego. El fin primordial de la prohibición es poner freno a la ludopatía, pero también, según el periódico ruso Novyye Izvestia , podría servir para arrancar de raíz el aspecto criminal que, se entiende, controla la industria del juego. Las cuestiones vinculadas a la inseguridad, la criminalidad y actos delictivos como el lavado de dinero y la aparición de mafias, como así también la adicción compulsiva al juego, la prostitución, el ocio y otros fenómenos sociales complejos, están siempre asociadas, en mayor o menor medida, a ese tipo de salas de juego.
En la Argentina, los casinos y las máquinas tragamonedas han tenido un crecimiento desmedido en los últimos años. Es de desear que las autoridades locales tomen real conciencia de las consecuencias negativas que se derivan de la excesiva oferta de juego y que no las ignoren con el pretexto de llenar las arcas estatales y, a su vez, favorecer a determinados amigos vinculados con esa industria. La decisión de las autoridades rusas en materia de juegos de azar debe ser seriamente considerada. En este negocio, como en otros, el fin tampoco justifica los medios.




