Celulares y acuerdos parentales
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Vivimos en un mundo de contradicciones. El neurólogo infantil Mauricio Pedersoli planteó en una entrevista los graves efectos del uso precoz y excesivo de pantallas en bebés, niños y adolescentes. Su reflexión marcó un punto interesante respecto del afán de los mayores por proteger a los chicos en el mundo real. Los padres buscarán evitar que se raspe una rodilla en una plaza, trabándoles aquellos aprendizajes que surgen de la interacción con los otros y con el ambiente y utilizando una pantalla al primer berrinche para calmarlos o neutralizarlos de forma externa, sin ayudarlos a desarrollar sus mecanismos internos. Les impedimos así a los chicos que aprendan estrategias valiosas para, por ejemplo, sobreponerse en la vida. Como contrapartida, la desprotección en el mundo virtual asusta: están expuestos a secuestradores, degenerados y abusadores, con adultos que se han desentendido de esos y otros peligros.
Veinte padres del colegio San Nicolás de Mendoza , entendieron que no es posible dejar sin celular a sus hijos cuando su círculo social los usa. Por eso acordaron impulsar juntos la prohibición del uso del celular hasta que los chicos cumplan 13 años. Sentaron la base del acuerdo colaborativo de crianza en la web. El Pacto Parental logró 200 adhesiones solo en la primera semana. Familias de Córdoba y de la provincia de Buenos Aires se sumaron a la iniciativa mendocina. Ignacio Castro, padre de dos adolescentes e impulsor de la movida, vio que habían dado con una fibra sensible que tiene al mundo en alerta. Reconocen que habían entregado a sus hijos una herramienta que, a su corta edad, no estaban en condiciones de usar. “No estoy para esperar que el Estado haga algo, de mis hijos me ocupo yo”, afirmó.
El límite etario surge de investigaciones científicas sobre el desarrollo de la corteza cerebral que difundió el psicólogo social Jonathan Haidt en su libro La Generación Ansiosa, alertando sobre las inyecciones permanentes de dopamina vía las pantallas, que van mellando su desarrollo. Según su diagnóstico, hasta los 13 años no deberían tener celular y hasta los 16 no deberían acceder a redes sociales.
El colegio mendocino celebró el acuerdo y expandió la convocatoria, buscando la adhesión de un mínimo de 10 padres por clase, testigos principales de cómo los chicos cada vez socializaban menos, tentados por el juego online y los efectos perniciosos de las redes. Las reacciones y enojos infantiles no tardaron en llegar, como era de prever, pero al rato se los podía ver jugando a la pelota. Algunos han aceptado cambiar los smartphones por celulares analógicos.
En un encuentro organizado por LA NACION con 10 adolescentes, la riqueza de la charla repasó temas de suma vigencia en este terreno. “Mi papá come con el teléfono”, denunció alguno, haciendo foco en la falta de ejemplo de los adultos cuando se les pide a los menores mesura en el uso de tecnología.
La innovadora prohibición dictada por el gobierno australiano obligó a las plataformas a restringir el acceso adolescente y encendió las polémicas. En la Argentina hay buenas experiencias en jurisdicciones como Buenos Aires donde se reguló la presencia de celulares en clase, aumentando la atención y la interacción social en recreos, además de la baja de conflictos. Promover el tiempo libre en favor del juego, la creatividad y los vínculos saludables es contribuir a la atención, el sueño, la autoestima y la salud mental de chicos y adolescentes. Priorizar su bienestar integral es responsabilidad de los adultos.








