Conductores y peatones, ¡respeto!
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Son hartamente conocidos los índices de siniestralidad que se roban cientos de vidas al año y los peatones son siempre los más vulnerables.
Unos 270.000 peatones mueren anualmente en el mundo; 1300 fallecieron en la Argentina en 2024, según contabiliza la activa ONG Luchemos por la Vida. Solo en Buenos Aires, más del 40% de las víctimas mortales de los últimos diez años fueron peatones.
En octubre pasado, por caso, el Equipo de Comunicación Unificada en Emergencias Sanitarias (Ecues) del SAME reportó 1882 solicitudes de atención vinculadas a incidentes de tránsito. El 25,77% correspondió a colisiones entre vehículos y motocicletas, 11,13% a colisiones entre automóviles y el 9,42% fue por atropellamientos. Las caídas de motociclistas estuvieron apenas por debajo, 9,33%.
Las leyes están hechas para cumplirlas, pero somos hijos del rigor y una lamentable ausencia de controles convierte nuestras calles en zonas liberadas. Son las leyes las que asignan prioridad absoluta al peatón, pero lamentablemente se observa que solo el 12% de los conductores las respetan.
Las percepciones están invertidas. Muchos peatones creen que un conductor es amable si le otorga prioridad para cruzar en una esquina. La escena puede incluir algún gesto de reconocimiento a tamaña amabilidad, como si la benevolencia del conductor mereciera ser premiada. Bien sabemos que lanzarse a cruzar una calle por una senda peatonal en ausencia de semáforos, sin aguardar que el tránsito se interrumpa, puede terminar en tragedia, ya que pocos vehículos -por no decir ninguno- bajará siquiera la velocidad. Mucho menos, cederá el paso ni circulando en línea recta ni, mucho menos, al pretender girar en una esquina.
Nuestra legislación está en línea con la de muchos otros países, pero no se cumple. Quienes viajan al exterior se sorprenden del respeto que reciben como peatones, con vehículos que se detienen al solo registro de cercanía de un transeúnte en una esquina, que tal vez no está siquiera pensando en cruzar la calle. Los peatones pueden dar por descontado que nadie osará ponerlo en peligro, lo que les brinda una enorme tranquilidad.
En noviembre pasado, Felisa Martínez, de 83 años, iba al encuentro de su nieta cuando cruzó por una senda peatonal en Forest y Corrientes. Un colectivo de la línea 76 la atropelló. Los peritajes indicaron que al colectivero le sobró tiempo para frenar, pero evidentemente su mirada estaba en otro lado. A ningún peatón se le ocurriría lanzarse a cruzar si vemos venir un colectivo. Incluso, si suele dar temor hacerlo al amparo de un semáforo en rojo, mucho más cuando solo nos protege una senda peatonal. Capacitar a los choferes profesionales para concientizarlos respecto de los efectos que una distracción puede conllevar es sumamente importante.
Aumentar la conciencia social y la responsabilidad para que conductores y peatones se respeten es una asignatura pendiente que no podemos seguir pagando con vidas. Las campañas de educación y prevención deben reforzarse, al igual que los controles y las sanciones.





