Contener la adicción al tabaco
1 minuto de lectura'
LA industria del tabaco ha recibido un duro e inesperado golpe. Por una directiva del Consejo Europeo de Sanidad, quedará prohibida en toda la Unión Europea (UE), a partir de 2005, la publicidad sobre tabaco en la prensa escrita, en radio y en Internet, medidas que se sumarán a las restricciones que ya rigen para la televisión. También ha sido prohibido el patrocinio, por parte de las empresas tabacaleras, de los acontecimientos que se realicen en todo el espacio comunitario, tales como conciertos musicales o competencias deportivas, incluidas las de Fórmula 1.
Además, los ministros de Salud de los quince países miembros del bloque aprobaron recomendaciones para estimular la lucha contra el tabaquismo en sus respectivos territorios, donde más de 500.000 personas mueren anualmente por enfermedades relacionadas con el hábito de fumar. La nueva directiva pretende unificar la legislación en los países europeos y establecer prohibiciones precisas en los medios de comunicación.
El problema del abuso de drogas abarca no sólo las sustancias ilícitas, sino también a aquellas que, aunque socialmente aceptadas, producen adicción y pueden llegar a generar graves problemas sociales y sanitarios cuando son consumidas abusivamente. En esa categoría corresponde incluir el tabaco y el alcohol.
De acuerdo con estudios realizados en la Harvard Vanguard Medical Association de los Estados Unidos, la nicotina es una de las sustancias más adictivas que la humanidad haya conocido y, en muchas personas, puede producir una dependencia mayor que la originada por la heroína o por otras drogas. Para corroborarlo, una encuesta realizada por la Hazelden Foundation, con sede en Minneapolis, comprobó que las personas que finalmente abandonan el cigarrillo tardan, en promedio, 18,6 años para desprenderse del hábito de fumar y a lo largo de ese extenso lapso suelen protagonizar unos diez intentos fallidos previos. Tales cifras no dejan dudas sobre la naturaleza de la adicción que produce el cigarrillo.
En nuestro país, la cuestión del tabaquismo en los adolescentes no es menos preocupante. Según los datos preliminares de una encuesta hecha por Gallup para el Ministerio de Salud de la Nación, seis de cada diez adolescentes probaron alguna vez un cigarrillo y la mitad de los que lo hicieron se convirtieron en fumadores.
La investigación, que ha sido la más abarcativa que se haya realizado nunca antes, relevó un total de 11.734 alumnos de entre 12 y 18 años en escuelas públicas porteñas, en la provincia de Buenos Aires y en las ciudades de Córdoba, Mendoza y Santa Fe.
La encuesta arrojó, además, otros datos inquietantes. En cuanto a la edad de inicio, el 27 por ciento de los jóvenes que probaron un cigarrillo lo hizo antes de los 11 años; el 85 por ciento comenzó antes de los 13; el 2,2 por ciento antes de los 7 años y sólo el 7,5 por ciento, más allá de los 16 años. En cuanto a los efectos que causa el tabaco, los adolescentes manifestaron estar al tanto del daño que produce, aunque no parecería importarles demasiado: casi el total de los encuestados (93,3 por ciento) reconoció que fumar es probable o definitivamente malo para la salud. De la mayor parte de los adolescentes consultados que actualmente fuma, un 28 por ciento lo hace en lugares públicos; un 17,1 por ciento en "boliches", y un 14,4 por ciento, en la escuela.
Sorprende que el 75,9 por ciento de los chicos encuestados haya manifestado no haber recibido información en la escuela sobre el tabaquismo en el último año y que tampoco exista ninguna ley nacional que prohíba la venta de tabaco a menores de 18 años. Según la encuesta, el 64,8 por ciento de los fumadores consigue sus cigarrillos en quioscos y el 13,4 por ciento se los pide a alguien.
Es de esperar que las autoridades nacionales, provinciales y municipales adopten, en esta materia, medidas en sintonía con las regulaciones de los Estados Unidos y de la Unión Europea, que faciliten la ofensiva contra la costumbre de fumar, que ha adquirido una buena parte de nuestra juventud.
Del análisis de estos datos inferimos que hemos fracasado en los principios básicos de la lucha contra las adicciones. En efecto, no hemos logrado cumplir con los objetivos incluidos en la definición del Comité de Expertos de la Oficina Sanitaria Panamericana (OPS), en la que se explicita que "el tabaquismo es una adicción prevenible, controlable y tratable".
En otras palabras, las nuevas generaciones no recibieron enseñanzas o no aprendieron de ellas acerca del valor de la salud y el amor a la vida. Nadie condujo a estos adolescentes a una posición ideológica que los proteja de las consecuencias de las adicciones, a las que son inducidos mediante ingeniosas y costosas técnicas propagandísticas que estimulan el consumo indiscriminado de tabaco y alcohol.
Estas consecuencias tienen también efectos económicos tanto para los individuos como para las naciones, aunque la economía sea, paradójicamente, el móvil que lleva a las empresas del sector a venderles productos de tanta peligrosidad potencial.
La sociedad debe reflexionar sobre el desafío que plantean estos temas y debe tomar muy en cuenta las medidas de control adoptadas por los organismos de la Unión Europea, reveladoras de la importancia que se otorga en el mundo a la lucha contra el consumo de tabaco, en el marco de la protección a los jóvenes y de la defensa de la salud general. Es indispensable poner en marcha en la Argentina todo el arsenal de respuestas posibles para desarrollar un proceso de prevención similar, que cierre el camino a la adicción al tabaco y, sobre todo, evite su desplazamiento hacia etapas de la vida cada vez más tempranas.






