Cooperación entre la Argentina y Chile
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Es hoy una premisa de aceptación generalizada la que señala que la educación y la producción de nuevos conocimientos constituyen determinantes principales en el proceso de desarrollo de las naciones.
Esa estimación, elocuentemente demostrada en la evolución de los países más avanzados, reclama el trabajo integrado y cooperativo de quienes están consagrados al descubrimiento científico y a la invención tecnológica. En consecuencia, las sociedades que aspiran seriamente a un crecimiento sostenido deben impulsar sin desmayos una eficiente integración de esfuerzos entre investigadores, instituciones y empresas.
En consonancia con esas consideraciones, tuvo lugar recientemente en Santiago, Chile, un encuentro de Integración Argentino-Chileno en Ciencia y Tecnología, durante el cual se reunieron las autoridades del sector, 180 investigadores y numerosos hombres de empresa de ambos países. Los participantes analizaron la posibilidad de acordar fórmulas concretas de cooperación, con miras al enunciado de políticas científicas comunes. Ello redundaría no sólo en beneficio de trabajos integrados, sino que contribuiría a decantar "un frente común" -según dijo el secretario de Ciencia y Tecnología, Tulio del Bono- para elaborar proyectos de alta jerarquía en vinculación con la Unión Europea.
La trama de las tareas iniciadas en el encuentro demanda convenir un orden de prioridades, que deberá definir formalmente las nuevas formas de coordinación en el campo de las investigaciones científicas. Por supuesto, se considera conveniente que las decisiones adoptadas tengan difusión y consenso. En relación con este aspecto y, de acuerdo con lo observado en países que han acumulado experiencia en formas de cooperación, se aspira a llegar a constituir una sociedad mejor informada y más dispuesta a la labor de los investigadores y al reconocimiento de sus logros.
Se abre una instancia, pues, en la cual cabe esperar proyectos conjuntos de magnitud. Esto implicará, también, la necesidad de contar con recursos humanos idóneos en número creciente, por lo cual se puede suponer que habrá demanda continua de graduados de calidad, "masa crítica" indispensable para avanzar en la dirección propuesta. De tal modo, se brindarán oportunidades de inserción y crecimiento a los jóvenes con vocación de investigadores.
Por otra parte, es evidente que no serán suficientes las partidas presupuestarias que pueda destinar el Estado para financiar proyectos de largo aliento. Será imprescindible el aporte del sector empresarial, cuya inversión ha de promover el enfoque de problemas que requieran soluciones nuevas en el plano de la producción.
Como se advierte, todo apunta, de ese modo, a una articulación más fluida entre desarrollo científico, avances tecnológicos y aplicación consecuente en los procesos de producción.
El horizonte de realizaciones a que hacemos referencia quedó a la vista en el encuentro de Santiago. Merece firme apoyo cuanto se haga en beneficio de la investigación y de la integración de ambos países en este campo. Quedaron identificadas, así, varias vías posibles de trabajo conjunto en áreas estratégicas de suma importancia, como la biotecnología o el software.
También se aludió a la posibilidad de recibir financiación crediticia a través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en proyectos que vinculen la investigación básica, la aplicación tecnológica y el comercio exterior. Como es factible observar, la iniciativa es altamente promisoria. Debe señalarse que reclama necesariamente continuidad y responsabilidad en su ejecución. Si la labor de científicos y tecnólogos tiene el respaldo político, financiero y empresarial indispensable, habrá de cosechar los frutos deseados. Aún más, la interacción entre los especialistas de ambos países será altamente estimulante y asegurará los logros de un esfuerzo sostenido.

