
Degradación de las sierras de Tandil
1 minuto de lectura'
Las sierras de Tandil sufren el avance vertiginoso de actividades que las destruyen y las degradan. ¿Es racional convertir en piedra molida las sierras más antiguas de la Argentina? Las de Tandil, pequeños retazos del enorme escudo Precámbrico que formaba Gondwana, el gran continente que unía Africa con América, son las elevaciones más viejas de nuestro territorio, con unos 2000 millones de años.
La actividad minera y la construcción están transformando sus perfiles, sus ecosistemas y el drenaje de las aguas. El daño más grande, dado su carácter irreversible, es la extracción de piedra. Las explosiones estremecen la ciudad y su onda expansiva genera perjuicio en las zonas aledañas. Agujeros gigantescos empañan la belleza de los paisajes serranos. Las canteras han borrado cerros, en forma total o parcial, y en su lugar han quedado cavas llenas de agua estancada.
Las sierras emergen en la inmensidad de la llanura y nos están contando una historia que merecería asombro, respeto y estudio. Hito en el horizonte lineal de la pampa, son la piedra fundamental de una ciudad que nació al abrigo de los cerros. En los últimos años un conocimiento más amplio sobre ellas, así como la mayor conciencia ambiental de la población, contribuyeron a su revalorización como patrimonio natural de la Argentina. Sin embargo, ese tesoro ambiental está amenazado.
Es contradictorio observar esta actividad destructiva en un ambiente que se siente casi como un santuario de la naturaleza. Esto se acentúa al observar las montañas de piedra molida o la salida incesante de camiones cargados de grandes bloques, pedazos de un paisaje en vías de extinción.
Se hace difícil encontrar alguna razón que justifique la destrucción o la transformación de estos cerros de rocas antiquísimas; más aún, cuando se hace para obtener piedra, elemento común que existe en abundancia en muchos puntos del país. Existen muchos lugares en la Argentina donde la extracción de piedra no se haría a costa de la pérdida de un patrimonio natural tan valioso y donde los beneficios de la actividad podrían ser mayores que los perjuicios.
Una de las razones para localizar la actividad en Tandil ha sido la cercanía de los mercados demandantes, sobre todo porque el transporte se realiza en camiones, modalidad de dudosa eficiencia para un producto tan pesado y de precio bajo. Otras localizaciones podrían ser igualmente rentables si se utilizara otra modalidad de transporte. Por el contrario, continuar extrayendo piedra en esa ciudad bonaerense porque está cerca es una especie de subsidio pagado con la calidad de nuestro ambiente.
Aunque están en juego un patrimonio natural, un recurso turístico de importancia, los valores urbanísticos y la identidad de una ciudad, las autoridades parecen persistir en una visión que reduce las sierras a un reservorio de piedra para moler. Una evidencia de ello es que los reclamos conservacionistas se canalizan hacia la Dirección de Minería, dependencia oficial que concentra la promoción de la industria minera y, al mismo tiempo, la competencia para aprobar los estudios de impacto ambiental y el poder de contralor de la actividad. Tal vez esto explique la indiferencia oficial ante el proyecto de áreas protegidas presentado por la ONG Multisectorial por la Preservación de las Sierras de Tandil con el apoyo de numerosas instituciones de la ciudad.
La conservación de esas sierras merece un lugar destacado, hasta hoy inexistente, en las políticas ambientales, turísticas y de desarrollo sostenible de la provincia de Buenos Aires y del país. Sería una muestra de sensatez y una visión acorde con el valor de este patrimonio natural fomentar la explotación de piedra en sitios más apropiados de nuestro territorio y constituir en Tandil áreas protegidas que preserven el sistema serrano.


