Desafíos de la familia actual
Los cambios vertiginosos que sufren las sociedades afectan al núcleo familiar, que debe ser protegido desde la educación, la legislación y la acción social
1 minuto de lectura'
Es indudable que los cambios operados en la vida familiar son sorprendentes, sobre todo si se compara la actualidad con el pasado: no sólo en la generación de los padres de hoy, sino, mucho más, cuando se la coteja con el tiempo de los abuelos, tanto en su organización y funcionamiento como en los valores que se cultivan y la forma de autoridad con que se gobierna.
Basta citar algunos datos para percibir el relieve de las diferencias. Ha disminuido el número de hijos, y éstos, comparativamente, inician más temprano su escolaridad; ha variado el número de miembros de la institución doméstica que, en su mayoría, se ha convertido en familia nuclear reducida. En efecto, el modelo familiar básico constituido por padre, madre e hijos se ha reducido en esta década al 37 por ciento. En cambio, ha aumentado el número de familias monoparentales, vigente hoy en un 17% de los casos. También se dan las parejas del mismo sexo en una proporción del 0,6% de casos. La maternidad se produce en edades distintas que en el pasado, particularmente en las grandes ciudades: si se consideran los datos de nacimientos en el total del país, la maternidad se da mayoritariamente en la juventud, antes de los 30 años; el cambio se aprecia en las grandes ciudades, sobre todo en la de Buenos Aires, donde se registra un número elevado de nacimientos entre los 30 y 39 años de las madres. Esto está relacionado con la mayor cantidad de mujeres que estudian, ganan un título profesional y trabajan, razón por la cual van postergando la maternidad y reducen el número de hijos; en cuanto a la incorporación de las mujeres al trabajo, en la última década ha crecido en un 6%.
En las familias de hoy la organización formal fundada en el matrimonio civil y religioso se ha reducido, en tanto que ha crecido el número de las uniones de parejas no constituidas legalmente y las que se separan antes de los 10 años de convivencia (54%) y, aún más temprano, antes de los seis años (34%). Esto se traduce en un número de divorcios legales y separaciones de hecho, que ha crecido casi en un 50% durante la primera década de este siglo.
El cuadro que se aprecia, fruto de distintas fuentes (censales, del Ministerio de Salud, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género y de la Encuesta Nacional de Gastos en los Hogares), muestra una institución doméstica en que se ha acentuado el riesgo de la fragmentación, ya que ha perdido cohesión y estabilidad.
Se percibe entonces la necesidad de obrar en su favor en un doble sentido: a través de una educación formativa de las personas, para que sepan afrontar los desequilibrios de una época en la que se debilitan valores y creencias morales y religiosas, y mediante una continuada legislación y acción social orientadas a proteger la familia, sometida hoy a presiones que incentivan cambios vertiginosos e insensatos.
Asimismo, es indispensable reafirmar la prioridad de la formación de los hijos por encima de los conflictos adultos y ayudar a construir una sociedad que aliente las formas positivas de la convivencia para encarar con acierto la problemática familiar.

