Dictadura interminable

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21 de julio de 2020  • 00:01

Otras opiniones: El País, de España

MADRID.- El pasado viernes, el dictador sirio Bashar al-Assad cumplió 20 años en el poder. Siria se encuentra todavía sumida en la guerra civil más cruenta del siglo XXI, un conflicto en el que Al-Assad ha sido acusado por la comunidad internacional de emplear armas químicas y bombardear deliberadamente hospitales y escuelas en zonas insurgentes. En paralelo, la justicia alemana mantiene abierta una investigación por la muerte bajo tortura de más de 13.000 presos del régimen. La mitad de los 23 millones de habitantes del país se han visto obligados a abandonar sus hogares -casi 6 millones- y el 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

Se trata de un sangriento colofón para un régimen policial del que Al Asad no es sino el continuador, puesto que heredó el cargo de manos de su padre, Hafez al-Assad, quien a su vez llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1970. Así, la familia Al-Assad ha controlado con puño de hierro esta nación milenaria durante medio siglo.

Aunque en curso, Al-Assad es ya uno de los ganadores de una complicadísima guerra con multitud de actores. Lo es porque su régimen ha sobrevivido gracias al apoyo militar de Rusia e Irán y ha cruzado todos los límites. Pero esta supervivencia no lo legitima. Al contrario: ha aumentado la lista de delitos por los que debe rendir cuentas ante la justicia internacional.

Fuente: El País, de España

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