
Docencia y calidad educativa
Sociedad y Estado son responsables de lograr para los docentes un modelo de enseñanza que privilegie su capacitación
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Para evaluar la calidad de la enseñanza se deben tener en cuenta las demandas manifiestas o latentes de los docentes en relación con la capacidad y el nivel que alcanzan en el ejercicio de su profesión. Esta afirmación es consecuencia lógica de que lo esencial del proceso educativo se concreta en el diálogo profundo y auténtico entre maestro y alumno. De la forma en que esa interacción se dé, dependerán los rendimientos, que podrán objetivizarse con posteriores evaluaciones.
La búsqueda de una mejor capacitación de maestros y profesores, a fin de recuperar la calidad perdida por el sistema educativo, debiera ser una constante entre nosotros. El debate sobre el camino por seguir se ha extendido y ha dado lugar a propuestas que no sólo están ligadas a la enunciación de criterios más eficaces de selección de los aspirantes, sino que incluyen la actualización de contenidos curriculares y metodologías de formación y perfeccionamiento permanente. En los Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, una evaluación positiva del desempeño del maestro modifica beneficiosamente el factor salarial, incentivo necesario pero no suficiente para el logro de las mejoras buscadas.
Sería coherente pensar que un problema tan decisivo como el promover la mejor calidad docente no ha de encontrar solución si se retrocede en logros que fueron determinantes para el avance de la enseñanza. Vale la pena recordar el valor de la formación del magisterio argentino que se cimentó a partir de la Escuela Normal de Paraná, en 1870. Pero algunas recientes experiencias hechas en el país arrojan hoy datos bastante alarmantes en cuanto a la actual capacitación docente. Por ejemplo, la evaluación, voluntaria, que hizo el Ministerio de Educación porteño a fines del año pasado, que mostró, entre otros resultados, que el 27,9 por ciento de los maestros evaluados no puede transmitir conocimientos de matemática.
En síntesis, la calidad de la enseñanza responde a múltiples variables. Está relacionada con los lugares en los que los docentes se han formado, sus incentivos salariales y sus evaluaciones, si bien debería estar prioritariamente relacionada con el nivel de aprendizaje de los propios alumnos. Esto actualiza la necesidad de evaluar a los alumnos por escuela, por aula, para poder así concretamente comprender y mensurar, en la práctica, la calidad de cada docente más allá de cuántos doctorados y certificados de capacitaciones pueda sumar a su legajo. Si el maestro no impacta positivamente en el alumno, el aprendizaje se resiente.
Resulta vital destacar que la calidad del trabajo profesional docente está muy vinculada con el respeto y la consideración social que merezca y con la autoridad moral que se le reconozca. En este sentido, será la sociedad en su conjunto, incluidos los padres de los educandos, sumado a la participación de un Estado comprometido y a la actuación del propio docente quienes tendrán la responsabilidad de construir un modelo de enseñanza que privilegie el proceso educativo y dote al maestro del respaldo necesario para que la educación vuelva a ser la herramienta por excelencia del crecimiento de un país.



