Docentes que inspiran
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El Global Teacher Prize se alza prestigioso en el escenario global para premiar a los mejores docentes por décima vez. Organizado por la Fundacíon Varkey en alianza con la Unesco, este año convocó a más de 5000 postulantes de 139 países detrás de un premio de un millón de dólares. Dos maestros argentinos estuvieron entre los 50 elegidos.

Miguel Rodríguez enseña ciencia y tecnología desde hace 27 años en escuelas públicas de la Capital Federal. De origen humilde, ver el esfuerzo de su padre estudiando de noche para progresar constituyó un modelo importante para su propio desarrollo. Atento a la desmotivación que encontraba en las aulas, reemplazó los tradicionales exámenes por resolución de problemas reales a partir de una pedagogía que promovía la empatía. El Club Ciencias del Cóndor nació en 2012 de su mano, usando fondos propios. Allí se capacitó casi un centenar de jóvenes de bajos recursos, en un espacio que promueve soluciones con alto impacto social.
Innovar, Fundación YPF y Fundación Banco Petersen reconocieron su labor, sumando también el Energy Globe Award 2024 de Argentina, el Premio Mercosur de Ciencia y Tecnología, el Premio Zayed a la Sostenibilidad y el Dubai International Award. También se hizo acreedor al Premio Docentes de la Ciudad por su proyecto “Más agua, más vida” en la escuela Técnica No. 3, a partir de un kit económico para analizar muestras de agua. Sumado a un software con IA, pudieron detectar la potabilidad del agua. Tan exitoso resultó que los propios alumnos viajaron al encuentro de comunidades vulnerables salteñas para enseñarles a otros estudiantes a utilizarlos.
En estos días, Gloria Cisneros, maestra rural del Chaco, se convirtió además en una de las 10 finalistas del premio a la mejor docente del mundo. Gloria recorre diariamente en moto los 90 km que separan Taco Pozo, donde vive, del Paraje la Sara, en el Impenetrable chaqueño, para desempeñarse como única maestra de una escuela rural albergue. Con 39 años, lleva 9 viajando dos horas diarias, de lunes a viernes, para desempeñarse como docente, cuidadora, administradora y líder comunitaria. Una auténtica mujer maravilla, en un entorno sin agua potable ni servicios básicos ni médicos en proximidades al que ella sumó paneles solares, tecnología e internet. Uno por uno visitó los parajes cercanos para acercar a los chicos a la escuela. Para lograrlo debió también gestionar acuerdos con ONG y donantes, además de impulsar mejoras para la escuela e implementar proyectos creativos que estimulan a los chicos. Capacita también a colegas mientras sueña con construir una residencia estudiantil que les permita a los jóvenes rurales seguir estudiando sin abandonar sus propias comunidades.
La competitividad y alcance internacional del premio estimula a los docentes reconociéndolos como motores de transformación. En febrero se conocerá al ganador. Ser finalistas es ya de por sí un enorme galardón que da visibilidad a tan valiosa labor. Hay cientos de docentes transformando realidades silenciosamente. Todo nuestro apoyo para ellos. Son nuestro orgullo.




