El caso de Florencia Kirchner

Cabe esperar que los trámites judiciales diligentes y transparentes prevalezcan sobre los equívocos enredos que suelen aparecer en tiempos electorales
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12 de abril de 2019  

La voz de las ciencias médicas se introdujo en la política para explicar que "linfedema", tal el nombre de la afección diagnosticada a Florencia Kirchner , es una acumulación de líquidos en las partes blandas del cuerpo, en particular las extremidades, originada en dolencias en el sistema linfático. Debido a su estado de salud -delicado, según su madre, la expresidenta Cristina Kirchner -, se alega que no puede abandonar Cuba, donde está siendo atendida desde marzo, porque, según médicos de ese país, su cuadro le impide trasladarse hacia la Argentina en avión. Su madre ha dicho, con no poca razón, que los hijos deben permanecer fuera de cualquier maniobra persecutoria de la política. Es verdad, pues no debería haber persecución perversa para nadie, tampoco para quienes cargan con la portación del apellido de sus padres.

Más difícil de comprender es por qué el núcleo familiar de Florencia la empinó hacia posiciones de responsabilidad legal en la conducción de empresas y de bienes. En dos cajas de seguridad a su nombre aparecieron cuatro millones de dólares, que se informó que pertenecían a la sucesión de su padre y constituían una parte de cesión ganancial de su madre. ¿Qué papel rector cumplía en empresas hoteleras de los Kirchner quien hoy se encuentra en Cuba?

Nadie debe objetar la determinación de cada uno, y tampoco del núcleo que lo rodea, respecto de la mejor forma de atender su salud, con qué profesionales, en qué lugar y demás. Todo lo que puede hacerse, en asuntos de fuerte resonancia pública, es contextualizar temas como estos en relación con los aspectos de interés público en juego.

Florencia Kirchner está procesada por lavado de dinero en cuestiones vinculadas con las empresas Los Sauces SA y Hotesur que involucran el patrimonio familiar. Los tribunales orales afectados a las causas han acogido, cada uno con sus propios términos y requerimientos, los pedidos de la defensa a fin de que se extendiera el período concedido para su tratamiento médico en el exterior. Se accedió a la solicitud reclamándose que se aportaran fundamentos debidamente documentados.

Tres médicos argentinos han acreditado la constancia presentada sobre los problemas de salud que afectan a la única figura central de la familia Kirchner carente de fueros, a medida que avanzan diversas causas sobre presunta corrupción. La Cuba acuñada por el comunismo de los hermanos Castro parece destinada a invocar "cuestiones políticas", ante la peor hipótesis para Florencia, como sería un eventual pedido de extradición de la Justicia argentina, según se avance aquí en los procesos. Sería el argumento para negarse a un viaje de vuelta compulsivo igual al de Alberto Samid desde Belice. Lo imaginable es que Cuba se abstenga, llegada esa encrucijada hipotética, de aplicar las estipulaciones del Tratado de Montevideo de 1933 sobre materias diversas de derecho público y derecho privado que es ley tanto para ese país como para la Argentina.

Si la presencia física de Florencia ha sido sustraída o no para la Justicia argentina en función de un complejo andamiaje jurídico científico, es tema de inevitable especulación política. No más que eso, sin embargo, pues la encausada ha estado libre hasta aquí de notificaciones por cuyo incumplimiento pudiera haber violentado disposición legal alguna.

Se trata, sí, de un tema más abierto a las conjeturas de orden moral que a las de carácter judicial. No hay, hasta aquí, sentencia firme en ninguno de los expedientes judiciales que involucran a los Kirchner. Tampoco en los que refieren a la conducta de involucrados como Báez o a otros individuos ligados por lazos de filiación o proximidad con el exorbitante enriquecimiento del ex matrimonio presidencial. Pero las evidencias de que ha habido un tiempo de corrupción pública gigantesca son tan abrumadoras con el correr de las investigaciones, que incluyen las declaraciones de tantos arrepentidos, que el mundo se pregunta con preocupación si los argentinos se atreverían a hundirse una vez más en lodos que ya han experimentado. Ante una desmoralización ciudadana que alcanza a amplísimos sectores, con una aversión manifiesta de potenciales inversores a traer sus capitales, que se suma a la afectación negativa de la corrupción sobre el crecimiento sostenible e inclusivo del país, como acaba de ser observado por organizaciones internacionales de predicamento, ¿podremos los argentinos desentendernos?

Ya se verá qué tribunales orales intervendrán, a tenor de lo que decida la Cámara de Casación, en la elevación a juicio de las causas abiertas contra Florencia Kirchner. Lo que se espera es un trámite justo, diligente, con transparencia y sin los equívocos enredos que suelen aparecer en tiempos electorales o inmediatamente a continuación de ellos. Una Justicia que especule en términos políticos ajenos al derecho causará nuevos daños a la Argentina.

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