El culto al cuerpo
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Acostumbrados a la constante exhibición de cuerpos todo el año, muchos no se percatan de cuánto aumenta la difusión de imágenes de personas escasas de ropas en la temporada estival. Es un hecho tan previsible que ya no sorprende.
Podrá decirse que quienes se fotografían así es porque están orgullosos de sus cuerpos. Seguramente, antes de hacerlo, tanto hombres como mujeres habrán soportado con voluntad y disciplina largas sesiones en un gimnasio, o innovadores tratamientos de avanzada tecnología o costosas intervenciones en un quirófano. El culto al cuerpo pareciera definitivamente instalado en nuestra época, y todo vale a la hora de verse mejor, lo que implica superar algún grado de no aceptación del propio cuerpo para internarse en el camino de buscar mejorarlo.
En el campo publicitario, un buen cuerpo funciona como gancho para vender cualquier producto, desde una bebida hasta un auto, y genera un buen ingreso para muchas jóvenes sin necesidad de estudios o experiencia, salvo sortear la feroz competencia. Por ejemplo, en medio del intenso movimiento de millones de personas que se trasladaron hacia la costa atlántica bonaerense, Mar del Plata recibió, del 20 al 25 de enero pasado, a las jóvenes participantes del "Miss Reef Beauty Contest", tradicional certamen conocido como "Cola Reef". En torno a un deporte como el surf, una acalorada multitud aclamó, como todos los años, a la portadora de los mejores atributos.
Desde estas columnas, volvemos a preguntarnos qué modelos buscamos instalar entre los jóvenes. Cuántos adultos mirarán absortos este y otros espectáculos parecidos sin tomar conciencia de que la cosificación del cuerpo femenino abarca también a sus hijas y nietas. Lo que la realidad está mostrando es que el tema de la violencia de género, lamentablemente instalado en nuestra sociedad, no puede ser soslayado, y no es ajeno a este tipo de conductas manifiestamente sexistas.
Como contrapartida, señalemos una particularidad que este año tuvo el principal y más antiguo certamen de belleza, el de Miss Mundo, realizado en Bali, Indonesia. Como el 85 por ciento de la población del país anfitrión es musulmán, ante las presiones, los organizadores debieron eliminar el tradicional desfile en bikini para reemplazarlo por uno con vestidos típicos de cada país. Con la participación de 127 jóvenes concursantes, esta fue la primera edición del certamen sin trajes de baño, en señal de respeto por los valores culturales y religiosos del país. De eso se trata: de no pisotear los valores que cada país considera fundamentales para la construcción de una mejor sociedad.
Una vez más nos permitimos insistir en la necesidad de reflexionar y debatir cuál debería ser el rol de la familia, de las instituciones educativas, de los medios de comunicación y del Estado para no caer en denigrantes y peligrosas formas de entretenimiento.
Son muchas las incoherencias que deberemos desterrar para construir juntos un país mejor. Defender aquellos valores que reconocen en el cuerpo de la mujer una fuente de vida y primer hogar es condición sine qua non para ayudar a crecer a nuestros hijos en una sociedad que combata la violencia de género de verdad y no sólo de palabra.


